Bélgica combate la ola de calor con más paraguas que sombrillas | elperiodico.com

Bélgica, más acostumbrada a registrar récords por días seguidos sin ver el sol que por altas temperaturas, no está preparada para las olas de calor. La última dejó un exceso de mortalidad de casi el 48% y el país vuelve a estar en alerta amarilla.
El pasado mes de junio, en plena ola de calor, el ministro de defensa belga, Theo Franken, de ultraderecha, hizo una publicación en redes sociales. «Lleva dos días haciendo calor y ya nos vamos a morir otra vez, igual que siempre. ¡Madre mía! ¿De dónde sacan a esos periodistas?», dijo el ministro. «¡Disfruten el buen tiempo!», añadió diciendo que publicaría pronto fotos «con una Stella fría«, junto a una piscina haciendo barbacoa.
La publicación desató las críticas de la oposición contra el propio Franken, pero también contra el gobierno por la falta de preparación ante la crisis, que afecta sobre todo a los grupos de población más vulnerables. El ministro no solo no se retractó sino que aseguró que entendía que las olas de calor podían ser «desagradables», pero que sus críticas venían por las referencias al cambio climático.
La peor ola de calor
Sciensano, el instituto belga de salud pública, confirmó el pasado jueves que la ola de calor del mes de junio fue la más mortífera desde que se tienen datos. La institución registró un exceso de moralidad de casi un 48%. Es decir, durante ese repunte de las temperaturas murieron 1.747 personas en un país con 11 millones de habitantes.
Este fin de semana, el país vuelve a estar en alerta amarilla. Aunque las temperaturas no serán tan altas como durante la anterior, cuando alcanzaron los 40 grados. Las autoridades advierten a una población poco acostumbrada a cosas tan básicas como quedarse en casa en las horas de más calor, hidratarse, evitar el ejercicio físico intenso o cuidar de las personas vulnerables.
En Bélgica apenas hay establecimientos con aire acondicionado. Las casas, amenudo orientadas al sur para el invierno y preparadas para mantener el calor, se convierten en verdaderos hornos en verano. No existen las persianas y son raros los hogares que tienen algún sistema alternativo para frenar los rayos de sol. Las autoridades recomiendan cerrar las cortinas y airear por la noche.
Durante la anterior ola de calor, los habitantes del país recibieron un SMS de las autoridades alertando de las altas temperaturas. En él, pedían prudencia, evitar las actividades físicas y llevar siempre agua en los desplazamientos.
No es país para olas de calor
Todo esto, en el ámbito privado. Pero en el ámbito público, la situación no es mucho mejor. Según la prensa local, la ministra de acción pública, Vanessa Matz, habría propuesto garantizar el acceso gratuito a museos con climatización, que sirvan de refugio en las horas de más calor.
En la región de Flandes, las autoridades están estudiando la posibilidad de eliminar algunos requisitos medioambientales para construir pequeñas infraestructuras, fomentando así el acondicionamiento de espacios al aire libre como lagos o ríos. Aunque para algunos es «una gota en el océano». El diputado Mieke Schauvliege ha llamado a abrir al público algunas de las instalaciones privadas en plena ola de calor.
Un país sin piscinas
Si Francken se hizo viral porque su solución a la ola de calor era una cerveza fría junto a la piscina, la diputada de los Verdes Lotte Stoops publicó un vídeo en redes sociales, nadando bajo un chorro de agua, precisamente para denunciar la falta de zonas de baño públicas en Bruselas.
«Más de 30 °C. ¿Dónde podemos ir a nadar? A ningún sitio», se podía leer en la publicación. También en plena ola de calor, un grupo de activistas decidió bañarse en un pequeño estanque, en un parque frente al Parlamento Europeo, para criticar la falta de espacios donde bañarse al aire libre en Bruselas.
Entre 2021 y 2024, una organización logró abrir una pequeña piscina en la ciudad. Tras su cierre, ha habido varios intentos de crear otros espacios en Bruselas, aunque sin éxito. En la actualidad, hay un proyecto en desarrollo que tardará aún varios veranos en ver la luz.
Pero mientras tanto, la capital del país no cuenta con ni una sola piscina pública al aire libre, lo que obliga a sus habitantes a desplazarse a la costa o a las instalaciones de otras regiones para refrescarse cuando suben las temperaturas, saturando los trenes en plena ola de calor. Y con cada ola de calor, se reabre el debate en un país que está más acostumbrado a sacar el paraguas que la sombrilla.
Suscríbete para seguir leyendo
Fuente de TenemosNoticias.com: www.elperiodico.com
En la sección: El Periódico – internacional
También te puede interesar




