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Economía y Finanzas

Del calor extremo a la DANA: cómo el clima transforma la asegurabilidad

📅 🕐 hace un momento🔗 Fuente: eleconomista.es🕑 9 min de lectura
Del calor extremo a la DANA: cómo el clima transforma la asegurabilidad
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La DANA de 2024 costó 4.800 millones al Consorcio. No es una anomalía, sino el aviso de una realidad que ya reescribe las condiciones de las pólizas de hogar, coche y explotaciones agrícolas.

El modelo asegurador español se ha construido sobre una premisa que el cambio climático erosiona sin pausa: la excepcionalidad de los riesgos catastróficos. Durante décadas, las inundaciones extraordinarias, los incendios de gran magnitud o las olas de calor prolongadas eran eventos infrecuentes que el sistema podía absorber sin comprometer su equilibrio financiero. Esa ecuación ha cambiado, y el sector lo sabe. El Real Decreto-ley 5/2026, de 17 de febrero, aprobado tras los temporales que afectaron a Andalucía y Extremadura entre noviembre de 2025 y febrero de 2026, lo constata desde el BOE: España vive una «intensificación de los fenómenos extremos: olas de calor más largas y más intensas, episodios de lluvias y sequías más severos». La presión que eso ejerce sobre los contratos de seguro de bienes es lo que este artículo analiza.

Un riesgo que ya no es extraordinario

Los datos disponibles para el periodo 2024-2026 ilustran la magnitud del cambio con precisión científica. El mismo Real Decreto-ley 5/2026 recoge las conclusiones de World Weather Attribution: los episodios de precipitación extrema en el Mediterráneo como el que desencadenó la DANA de Valencia en 2024 son hoy el doble de probables y un 12% más intensos que en un clima no alterado por la acción humana. La Universidad de Valladolid, en colaboración con Aemet y el CSIC, ha cuantificado que el calentamiento global intensificó la tasa de precipitación de aquel evento un 20% y extendió la zona afectada un 55%.

En el frente de los incendios, el mismo organismo revela que las condiciones que favorecieron los incendios de 2025 en España –los más graves de los últimos treinta años, coincidiendo con la ola de calor más intensa desde que existen registros– son hoy cuarenta veces más probables y un 30% más intensas que en un clima sin alteración. Andalucía vivió en 2025 el verano más cálido de su serie histórica, con 33 días de temperaturas extremas y 16 consecutivos superando los 45ºC. En 2023, solo las tormentas de granizo afectaron a 600.000 hectáreas aseguradas en España, mientras que la sequía generó ese mismo año indemnizaciones históricas de 1.241 millones de euros a través de Agroseguro.

DANA: 4.800 millones y 250.000 solicitudes

La Depresión Aislada en Niveles Altos que impactó sobre la Comunidad Valenciana el 29 de octubre de 2024 es el evento que mejor ilustra la nueva escala del riesgo. Al tratarse de una inundación extraordinaria en los términos del Real Decreto 300/2004 que regula el seguro de riesgos extraordinarios, la intervención del Consorcio de Compensación de Seguros fue automática: el organismo asumió el control directo del registro, peritación y pago de todas las indemnizaciones por daños en bienes asegurados. Según la nota informativa del propio Consorcio con datos a 25 de noviembre de 2025, se registraron 250.946 solicitudes de indemnización: 82.448 por viviendas y comunidades de propietarios, 145.123 por vehículos automóviles, y el resto por comercios, industrias y obras civiles. El importe acumulado pagado en ese momento ascendía a 4.004 millones de euros, y el Consorcio estima el coste total final en torno a 4.800 millones. El Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie) cifró las pérdidas económicas totales en 17.800 millones de euros.

El episodio expuso además una brecha estructural del sistema: el Consorcio ampara exclusivamente los bienes con póliza privada activa en el momento del siniestro. De las 250.674 solicitudes presentadas por daños en bienes, 34.711 fueron denegadas por falta de cobertura o duplicidad –el 13,8% del total–. Quienes no tenían seguro activo, o tenían un seguro que no incluía determinadas garantías, quedaron fuera del sistema y dependieron exclusivamente de las ayudas públicas directas.

Los daños que la póliza no siempre cubre

Los incendios forestales y el calor extremo generan dos tipologías de daño con tratamiento asegurador diferente. El primero son los daños directos por fuego: cuando el incendio alcanza inmuebles o vehículos, las consecuencias son habitualmente totales o de reparación muy costosa. El humo y el hollín que penetran en las estructuras añaden un daño diferido –corrosivo para componentes electrónicos, permanente en textiles y paredes– que no siempre queda recogido en la reclamación inicial. El segundo plano, más silencioso y con escasa jurisprudencia en el mercado español, son los daños estructurales o funcionales derivados de temperaturas extremas prolongadas: dilatación y debilitamiento del hormigón y las estructuras metálicas, sobrecarga de instalaciones eléctricas por el uso sostenido al límite de la climatización, o degradación de fachadas y cubiertas. Estos daños, derivados de la acumulación de temperatura y tiempo sin un evento súbito que los desencadene, tienen difícil cabida en los condicionados estándar de las pólizas de multirriesgo de hogar, que suelen exigir la vinculación a un siniestro concreto e imprevisto.

Primas al alza y condiciones más restrictivas

La traslación de la siniestralidad climática a las primas es ya cuantificable. Según el Observatorio Prisma de Ebroker, la prima media del seguro de Hogar alcanzó los 319 euros en el último ejercicio, con un crecimiento del 6%. Las previsiones del sector para 2026, recogidas por la plataforma Roams, apuntan a subidas adicionales del 5,8% en el ramo de Hogar y del 6,1% en el de Comunidades. Munich Re lo expresó con claridad en enero de 2026: «A mayor probabilidad de siniestros, el precio tiene que subir. Por eso es tan importante invertir en prevención». En el ramo de Automóvil, la prima media ha subido más de un 12% en 2025 respecto al ejercicio anterior, con incrementos cercanos al 20% en las modalidades a todo riesgo, según datos de la correduría Antasur.

Estas subidas no se distribuyen uniformemente. Las aseguradoras actualizan de forma continua sus mapas de riesgo geográfico –incorporando los datos de umbrales que la Aemet publica específicamente para el cálculo de primas– y las zonas del litoral mediterráneo, las áreas ribereñas con historial de inundaciones y las regiones con alta exposición a incendios registran revisiones más agresivas. A las presiones climáticas se suma el encarecimiento de los costes de reparación: los materiales de construcción siguen por encima de los niveles prepandemia, lo que obliga a actualizar capitales asegurados y, con ellos, las tarifas. En paralelo, los condicionados incorporan progresivamente nuevas restricciones: mayor franquicia en zonas de riesgo elevado, límites específicos por garantías climáticas, exclusión explícita de daños graduales por temperatura y condicionantes de prevención que el tomador debe acreditar. Estos cambios suelen producirse en la renovación anual, sin que siempre sean comunicados con la claridad suficiente.

La respuesta del sector asegurador

El sector ha activado varias líneas de adaptación técnica. La más consolidada es la actualización continua de los modelos de tarificación geográfica a partir de datos meteorológicos históricos y proyectados. La segunda, en expansión creciente, es el seguro paramétrico: un modelo que activa la indemnización automáticamente cuando se alcanza un umbral mensurable –una temperatura sostenida durante un número determinado de días, una precipitación acumulada en una franja horaria concreta, o una racha de viento que supere el límite establecido en la póliza– sin necesidad de peritación individual. Extendido ya en el seguro agrario, comienza a ganar presencia en productos para empresas y propietarios de inmuebles en zonas de alto riesgo. Su ventaja operativa en situaciones de siniestro masivo es significativa: elimina el cuello de botella que la DANA de Valencia expuso en 2024. Algunas aseguradoras empiezan a incorporar incentivos en prima para clientes que acrediten mejoras de eficiencia energética o instalación de sistemas de protección: detectores de humo, barreras antiinundación, aislamiento térmico, etc.

Cómo puede protegerse el asegurado

La respuesta más eficaz frente a este nuevo escenario pasa por tres acciones concretas. La primera es la revisión anual de la póliza: verificar la vigencia de las garantías por fenómenos meteorológicos, los límites de capital por garantía –habituales en el ramo de hogar para inundación o incendio– y las exclusiones que pueden haberse incorporado en la renovación sin que el tomador lo haya advertido. Un inmueble asegurado con el mismo condicionado de hace cinco años puede haber quedado parcialmente desprotegido frente a riesgos que hoy son más probables. La segunda acción es la actualización del capital asegurado: el coste de reconstrucción de una vivienda en 2026 puede ser significativamente superior al que figura en la póliza contratada en otro momento, y el infraseguro tiene como consecuencia directa que la indemnización ante un siniestro total no cubra el coste real de reposición. La tercera, para titulares de patrimonios relevantes o explotaciones agrícolas, es explorar las coberturas complementarias específicas para riesgos climáticos que las pólizas convencionales no contemplan: los daños graduales por temperatura prolongada, la degradación del suelo por sequía o los ciclos de expansión-contracción térmica sobre cimentaciones quedan fuera del Consorcio y de la mayoría de multirriesgos estándar.

Un sistema que busca su nuevo equilibrio

El sector asegurador español afronta la paradoja de gestionar un riesgo que crece estructuralmente y cuya prima no puede subir al ritmo que marcaría el cálculo actuarial puro sin comprometer la accesibilidad del seguro para millones de titulares. La solución que el mercado ha encontrado hasta ahora –la mutualidad del Consorcio como amortiguador, la tarificación geográfica progresiva y el desarrollo de productos paramétricos– representa un equilibrio delicado. La DANA de 2024 fue la prueba de estrés más exigente que ha enfrentado el sistema. La cuestión que queda abierta es si las siguientes –y todo indica que habrá más– encontrarán el mismo sistema capaz de responder.

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