Desmienten brotes epidémicos por descomposición de cuerpos

Especialistas de la salud aclaran que los restos humanos no desencadenan brotes epidémicos como el cólera o el ébola. Sin embargo, advierten sobre otros riesgos prevenibles con medidas de higiene básica, saneamiento y protección en las zonas de desastre. También piden a la población no hacerse eco de falsos rumores que generan alarmismo y pánico.
Caracas. Tras la tragedia del doble terremoto un nuevo temor asalta a los sobrevivientes de La Guaira. La llegada de una epidemia causada por la gran cantidad de cuerpos en descomposición que los rescatistas encuentran bajo los escombros pasadas dos semanas y que se acumulan en las morgues improvisadas rebasadas, ante la magnitud de la emergencia.
Sin embargo, médicos especialistas consultados por Crónica Uno desmienten el riesgo de una posible transmisión infecciosa causada por los cadáveres. Los expertos aclaran que los restos humanos no desencadenan brotes epidémicos, pero alertan sobre otros peligros evitables a través de medidas básicas de higiene, saneamiento y protección en las zonas de desastre.
También hacen un llamado a la calma y a no hacerse eco de falsos rumores que generan alarmismo y pánico. Aunque el fuerte olor en el ambiente se debe a un proceso de putrefacción acelerado por el colapso de los sistemas de refrigeración, no equivale a la presencia de microbacterias peligrosas para la comunidad.
Aunque el inicio de las inhumaciones en el cementerio Jardines de la Esperanza, ubicado en la vía Carayaca, comenzó el 6 de julio para aliviar la crisis, el hedor persiste. Este panorama aumenta la angustia de los residentes, quienes piden una mayor celeridad en el traslado y resguardo de los cuerpos que las autoridades aún recuperan bajo las estructuras colapsadas a 16 días de la tragedia.
El verdadero riesgo en las zona de desastre
Patricia Valenzuela, infectóloga y expresidenta de la Sociedad Venezolana de Infectología, citó los documentos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para aclarar que el olor a putrefacción causado por los cadáveres no representa un riesgo sanitario para la comunidad.
“El olor no equivale a la transmisión de microbacterias. Para que eso ocurra debe existir transmisión de persona a persona del proceso infeccioso del microorganismo que se esté dando. De lo contrario, eso no ocurre. Es por ello que no estamos en riesgo ante la presencia de estos cadáveres”.

En una conferencia de prensa el jueves, 9 de julio, representantes de la OPS también aclararon que los riesgos sanitarios tras la tragedia están asociados con la interrupción de los servicios de salud y la falta de acceso a agua potable, saneamiento, higiene y vacunación, más que con los cuerpos de las personas fallecidas.
Por su parte, Enrique López Loyo, especialista en anatomía patológica y presidente de la Academia Nacional de Medicina, señaló que los riesgos reales corresponden a la emisión de gases emanada por los cuerpos en descomposición. Entre ellos: metano, monóxido de carbono, sulfuro de hidrógeno y amoníaco. Todos perjudiciales para la salud.
“Estos gases pueden producir una lesión en los pulmones. Por lo tanto, quienes están en riesgo son los equipos de rescate de esos cadáveres. Las personas que van a manipularlos deben tener un equipo de protección corporal de barrera, además de guantes. No solamente el tapabocas, sino una máscara de gases para evitar el contacto directo”.

Lo fundamental, insistió López Loyo, es protegerse de las salpicaduras de fluidos provenientes de los cadáveres. Para garantizar la higiene y el saneamiento en las zonas de desastre la OPS recomienda asegurar el acceso a agua potable para rescatistas, voluntarios, personal de salud en los refugios y hospitales de campaña.
En el encuentro con la prensa el organismo señaló que la permanencia de miles de personas en campamentos de transición también ha generado preocupación por la posible aparición de enfermedades. Sin embargo, descartaron la presencia de casos de cólera en el país, debido a que esta enfermedad se concentra solo en Haití.
Lo que sí advirtieron es que el hacinamiento en áreas pequeñas propicia la propagación de infecciones de transmisión respiratoria como la influenza, además de dolencias en la piel y enfermedades diarreicas por la falta de agua tratada o el manejo inseguro de alimentos.

Capacidad de respuesta rebasada
En relación al manejo de los cadáveres, Valenzuela señaló que uno de los errores más frecuentes es mantener los cuerpos expuestos en las cercanías a fuentes de agua de consumo porque puede haber contaminación.
Por otro lado, el olor de la putrefacción también suele atraer roedores y otros vectores que deterioran los restos humanos.
La solución, según la experta, es evitar las plagas con los cadáveres a resguardo bajo techo y en la sombra, si no es posible la refrigeración.
En las temporada más calurosas del año, la temperatura en La Guaira puede alcanzar los 40 grados. Estas altas temperaturas constituyeron un desafío al momento de conservar los cuerpos.
López Loyo explicó que aunque los manuales internacionales ordenan el traslado itinerante a carpas, cavas refrigeradas móviles o contenedores con refrigeración, la capacidad de respuesta fue rebasada.

En las calles y el puerto de la Guaira circularon las imágenes de cuerpos descompuestos apilados bajo el sol. Estas difíciles condiciones también obligaron a acelerar las tareas de identificación y entierros.
En declaraciones a la prensa Armando Negri, representante adjunto de la OPS/OMS confirmó el 9 de julio que de 3811 muertos a causa del doblete sísmico, 300 sin identificar recibieron sepultura debido al tiempo transcurrido sin ser reclamados.
Los representantes de los organismos internacionales destacaron que las fosas temporales mostradas en medios y redes sociales cuentan con una organización estricta y datos de respaldo para agilizar los reconocimientos futuros.

Lo que dicta el protocolo internacional
En alusión a este tema López Loyo recordó que la norma internacional exige la elaboración de un expediente individual para cada cadáver, mediante una codificación específica. Esta identificación debe detallar el punto geográfico exacto del hallazgo en La Guaira, la unidad inmobiliaria, como el edificio, residencia u hotel.
“El expediente debe incluir la descripción de las características morfológicas faciales y corporales observadas en la inspección, además de registros fotográficos vinculados a dicho código”.
Valenzuela coincidió con López Loyo y añadió que cada cuerpo debe recibir una bolsa mortuoria con un código único. En caso de que existan extremidades desprendidas deben llevar la misma identificación.
La doctora aclaró que el uso de cal sobre los cuerpos no está recomendado porque dificulta las labores de reconocimiento. A juicio de la experta tanto la falta de identificación y los entierros rápidos impiden a los sobrevivientes cerrar el ciclo de duelo de forma digna, lo que profundiza el sufrimiento.

Pese a que el protocolo internacional contempla el uso de fosas comunes, este procedimiento no consiste en abrir un espacio y arrojar los cuerpos. López Loyo enfatizó que el método exige que cada cuerpo ya identificado sea enterrado dentro de urnas de madera. Además de tener un código y un mapeo, cada cadáver debe puesto con una separación de 40 centímetros entre sí.
Este ordenamiento permite que las autoridades sanitarias y forenses localizar los restos en el futuro mediante el registro fotográfico y al examen corporal previo.
“No se puede decretar una cremación masiva sin tener identificación. La norma establece la identidad como un derecho humano desde que el individuo nace con la partida de nacimiento y cuando fallece con su acta de defunción. Estos docuemntos tienen utilidad desde el punto de vista social y socioeconómico para tomar decisiones en el ámbito de la comunidad y las familias”.
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Fuente de TenemosNoticias.com: cronica.uno
En la sección: Crónica Uno
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