Hallan en la antigua ciudad romana de Camulodunum el «maletín» de médico más antiguo y completo de Britania

Camulodunum ejerció como capital simbólica de la Britania romana durante siglos. Sus calles, sus templos y sus murallas han revelado a los arqueólogos multitud de secretos, pero pocos resultan tan reveladores como los pequeños objetos de bronce y hierro que un día sirvieron para aliviar el dolor humano. Un estudio reciente, publicado en la revista Britannia y firmado por Nina Crummy y su equipo, ha reunido por primera vez todo el instrumental médico de época romana procedente de las excavaciones de la moderna Colchester.
Bisturís, ganchos, agujas, pinzas y sellos para ungüentos dibujan el retrato de una sociedad en la que la recuperación de la salud dependía tanto de la pericia del médico como de la fortuna del paciente. A mayor riqueza del enfermo, mayores eran las posibilidades de acceder a tratamientos efectivos. ¿Quiénes curaban en la antigua Colchester? ¿Dónde ejercían? ¿Qué dolencias combatían y con qué remedios? Las respuestas que proporciona este estudio nos acercan más que nunca a una experiencia compartida por todos los humanos a lo largo de la historia: la enfermedad y el deseo de curación.

Médicos sin consulta fija
A diferencia del ejército romano, que construía hospitales permanentes para atender a sus soldados, la población civil carecía de una red sanitaria estable. Los médicos atendían a los enfermos en sus propias casas, en viviendas alquiladas o directamente en el domicilio del paciente. También los templos y las termas cumplían una función terapéutica, pues el baño se consideraba un tratamiento tanto curativo como preventivo.
Esta atención sanitaria, sin embargo, no estaba al alcance de todos los miembros de la sociedad en igual medida. Los mejores expertos en el arte de sanar se reservaban para quienes podían pagarlos, mientras que las comunidades rurales confiaban en remedios tradicionales transmitidos de generación en generación.
Localizar las consultas de estos profesionales en el registro arqueológico resulta hoy extremadamente difícil, ya que las herramientas médicas rara vez se tiraban o se abandonaban. Puesto que eran los instrumentos especializados de un oficio prestigioso, se guardaban y reutilizaban durante años.
Los médicos atendían a los enfermos en sus propias casas, en viviendas alquiladas o directamente en el domicilio del paciente.

El médico britano de Stanway
El hallazgo médico más singular de Colchester no procede de la ciudad romana, sino de un enterramiento anterior a la conquista. En Stanway, muy cerca de la antigua Camulodunum, se excavó la tumba de un hombre incinerado. Sus restos se habían inhumado con un conjunto completo de instrumental quirúrgico: bisturís, sierras, ganchos, pinzas y agujas, algunas de fabricación británica y otras de clara influencia continental.
Junto a las herramientas, también apareció un colador de bronce que aún conservaba restos orgánicos en su interior. El análisis de los pólenes reveló que aquel recipiente había contenido una infusión de artemisa endulzada con miel, que probablemente se utilizó como bebida medicinal. Se trata, hasta la fecha, del único ejemplo arqueológicamente datable de un maletín médico completo procedente de Britania, en un momento cercano a la conquista romana. Según los investigadores, el hallazgo sitúa a este misterioso sanador en los círculos de poder previos a la fundación de la colonia.
En Stanway, se excavó la tumba de un hombre enterrado con un conjunto completo de instrumental quirúrgico. Según los investigadores, el hallazgo sitúa a este misterioso sanador en los círculos de poder previos a la fundación de la colonia.

Bisturís, ganchos y agujas de la ciudad romana
Dentro de la propia ciudad de Colchester, los arqueólogos han catalogado 52 instrumentos claramente vinculados a la práctica médica. Entre ellos, destacan cuatro bisturís de mango de bronce y hoja de hierro intercambiable, diseñados también como disectores romos para separar tejidos con delicadeza.
También han aparecido ganchos afilados y romos, empleados para mantener abiertas las heridas y para extraer venas varicosas, según las técnicas descritas por autores médicos clásicos. Las pinzas, por su parte, presentan una notable variedad de formas. Algunas servían para extirpar la úvula; otras, para retirar puntas de flecha alojadas en el cuerpo. Las más comunes, sin embargo, se empleaban para sacar astillas y eliminar cuerpos extraños de la nariz y los oídos.
Completan el conjunto las llamadas dipyrenes o sondas dobles, utilizadas para explorar heridas y fracturas antes de cualquier intervención quirúrgica. El análisis metalúrgico de estas piezas, realizado mediante fluorescencia de rayos X, también ha mostrado, además, sorprendente diversidad de aleaciones, lo que sugiere una fabricación artesanal y a medida más que una producción industrial centralizada.
Bisturís, pinzas y agujas de bronce revelan que la cirugía romana podía hacer frente a una gran variedad de lesiones y dolencias.

El sello que reveló una enfermedad olvidada
Uno de los descubrimientos más notables del estudio es la reinterpretación de un pequeño sello de piedra hallado en el yacimiento de St Mary’s Hospital. Este sello se utilizó para marcar colirios usados en el tratamiento de infecciones oculares. Estos sellos de oculista o sellos de colirios presentan, por lo general, una forma cuadrangular o rectangular. En sus caras más estrechas llevan grabadas una o dos líneas de texto que indican el nombre del oculista que elaboró o prescribió el remedio, los principales ingredientes que lo componen y las afecciones oculares para las que estaba destinado. En algunos casos también se especifican las instrucciones de uso y la pauta de aplicación.
Sin embargo, la inscripción del sello de Colchester, extremadamente breve y abreviada, resultó difícil de descifrar durante años. Fue el filólogo Roger Tomlin quien logró identificar las cuatro letras grabadas en uno de sus lados como una forma abreviada del término griego chemosis, es decir, la inflamación de la córnea que hoy se conoce como queratitis. Se trata del primer registro documentado de esta dolencia ocular en toda la Britania romana y el segundo en el mundo latino, tras un ejemplo hallado en España.
En la inscripción de un sello de colirio, se identificó una forma abreviada del término griego chemosis, es decir, la inflamación de la córnea que hoy se conoce como queratitis.

Huesos, dolencias y remedios de otro tiempo: un legado que sigue hablando
Los restos óseos exhumados en los cementerios de Butt Road y Balkerne Heights, por su parte, han ofrecido pocas pistas sobre las causas concretas de muerte, aunque sí documentan patologías congénitas, traumatismos, infecciones y posibles casos de tuberculosis. Curiosamente, no se han detectado heridas de arma blanca que sugieran una causa violenta de fallecimiento.
Más allá de la cirugía, los romanos de Colchester probablemente recurrieron también a remedios vegetales, baños termales y masajes, prácticas bien documentadas en otras regiones del Imperio, aunque la ausencia de aguas termales en la zona seguramente limitó ciertos usos terapéuticos habituales en otras ciudades britanas.
Referencias
- Crummy N, Davis GJC, Tomlin RSO, et al. 2026. «Healthcare in Roman Colchester». Britannia:1-32. DOI: 10.1017/S0068113X26100713
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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