Ali Lmrabet, la última cara de la represión de Marruecos | elmundo.es

«Mientras las autoridades marroquíes arrestan periodistas independientes, protegen figuras policiales que celebraron el tiroteo y la muerte de los manifestantes del grupo GenZ. Ni una investigación se ha abierto y continúan protegidos«. El activista y comunicador marroquí Omar Radi se expuso este lunes otra vez al peligro de la cárcel en su país al publicar varios textos en su cuenta de X (antiguo Twitter) para denunciar la retención de su colega Ali Lmrabet. Este periodista, afincado en Barcelona, ex colaborador de EL MUNDO y Premio Internacional de este periódico en 2003 fue detenido el domingo por la noche tras aterrizar en Tánger. Desde allí fue trasladado a la sede de la Brigada Nacional de la Policía Judicial en Casablanca, según confirmó su esposa, Laura Feliú, a este diario.
Con la detención de Lmrabet, Marruecos engrosa la lista que confirma la falta de libertades en el país y el aumento de la represión a aquellos que se cuestionan las políticas y los cambios. Porque a Lmrabet le atribuyen cargos por «difusión de informaciones falsas y contra las instituciones del Estado». La prueba de su delito podría estar en un vídeo publicado en su canal de YouTube el pasado 9 de julio, donde cuestionaba al actual secretario general del Partido del Progreso y del Socialismo, Nabil Benabdallah, por ofrecer una versión errónea sobre su intervención sobre la prohibición de salir del país que en 2003 pesaba sobre Lmrabet.
Marruecos ocupa el puesto 37 sobre 100 en el índice de Libertad de Freedom House, que clasifica al reino alauita como «parcialmente libre». Las autoridades marroquíes intensificaron la represión contra activistas, periodistas y defensores de los derechos humanos en los últimos años. Según el informe de Expresión Global de la UNESCO, Marruecos era una país «restrictivo» con la libertad de expresión, situación que escaló hasta «altamente restrictivo» desde 2017.
Una represión que no ha hecho más que aumentar hasta septiembre de 2025, cuando se empleó una fuerza desmedida para frenar las protestas que la Generación Z realizó en el país a lo largo de esos días. La Gendarmerie marroquí acusaba a los manifestantes de difamación, publicación de noticias falsas, insultos o calumnias contra funcionarios locales, organismos estatales, jefes de Estado o de religión extranjeros, y de atentar contra la seguridad del Estado o la monarquía.
Las protestas a nivel nacional, iniciadas por el grupo juvenil GenZ212, que exigían una mejor atención médica y educación, y el fin de la corrupción, sacudieron el país. Algunas se tornaron violentas, con el uso de fuerza letal por parte de las fuerzas de seguridad y la detención de cientos de personas. Durante las manifestaciones de los jóvenes, que exigían reformas radicales y criticaban el gasto público en grandes eventos deportivos, como la Copa Africana de Naciones 2025 y la Copa Mundial de la FIFA 2030, la policía y la gendarmería dispersaron por la fuerza a los manifestantes, causando la muerte de tres personas e hiriendo a decenas. Detuvieron a unas 2.100 personas e iniciaron procedimientos judiciales contra 1.400, entre ellas 330 menores, condenando a algunos a penas de prisión, según la Asociación Marroquí de Derechos Humanos.
En 2005, las autoridades judiciales marroquíes prohibieron a Lmrabet ejercer el periodismo durante 10 años como castigo por sus artículos. Una pena que provocó que el periodista se mudara a Barcelona, donde reside desde hace una década. Lmrabet le comunicó a su esposa, con quien tiene dos hijos, que sobre él pesaban «varias órdenes de búsqueda y captura» procedentes de Casablanca, aunque aún no tienen constancia de quién las ha dictado. Feliú ha asegurado a este diario que el periodista no tenía constancia de ellas, porque «no se le han notificado ni ha recibido ninguna comunicación al respecto».
Esta es la primera vez desde que reside en nuestro país que es detenido en Marruecos, según Feliú. Las autoridades marroquíes no han confirmado oficialmente la detención del periodista ni su situación legal en el país. El periodista se encuentra a la espera de que se le designe un abogado y un procurador. El trámite se está retrasando debido a una huelga de abogados y personal jurídico que lleva en marcha desde hace tres semanas, informó su mujer.
El modo de proceder con Lmrabet es el que aplica el reino en caso de personalidades incómodas para el régimen. Así, en julio de 2023, un tribunal condenó al ex ministro de Derechos Humanos Mohammed Ziane a cinco años de prisión por cargos de corrupción. Ziane ya había sido condenado en 2022 por difamación, agresión sexual y otros cargos que grupos de derechos humanos calificaron de «políticamente motivados». Los últimos cargos en su contra surgieron tras las declaraciones a la prensa que emitió desde prisión criticando al rey Mohamed VI.
En marzo de 2025, el activista Fouad Abdelmoumni fue condenado a seis meses de prisión acusado de denunciar un delito falso y difundir noticias falsas en redes, en respuesta a una publicación en la que criticaba las relaciones marroquí-francesas y acusaba a las autoridades marroquíes de utilizar software espía contra sus homólogos franceses. Dos ejemplos que engrosan la lista de detenidos, con Lmrabet como última víctima.
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