¿Cómo se perdió la república en Venezuela?

La dimensión de la tragedia venezolana es de proporciones bíblicas, como jamás le ha ocurrido a ningún país de América Latina, al combinarse las devastadoras consecuencias del desastre natural del 24/6/2026 con el ejercicio del poder de un gobierno de facto, ilegítimo e inconstitucional. La gestión usurpadora ha desmantelado las instituciones hasta convertirnos en una nación paria.
Urgencia de un diagnóstico sin tapujos
Esta hora extrema que sufre nuestro país exige a las mentes más brillantes —de la academia universitaria, de la política, del mundo del trabajo y de otros sectores— que se esfuercen en aportar análisis que permitan describir la verdadera dimensión de la tragedia y, al mismo tiempo, presentar al debate propuestas que contribuyan, lo más pronto posible, al inicio de un proceso de reconstrucción nacional.
No es momento de morderse la lengua, ni tiempo de galimatías y embrollos teóricos que pocos puedan entender, ni de poses de tinte electorero, ante un país que se mantiene absorto, con la mirada perdida, atónito ante la debacle que le complica más la vida y pone en peligro su existencia.
Por tanto, es necesario un primer alerta: ¿estamos a punto de perder nuestra república? Algunos se han rasgado las vestiduras imprecando acciones antiimperialistas a partir del 3/1/2026; incluso facciones chavistas han convocado a una nueva cruzada contra la “presencia de la planta insolente extranjera” en nuestro territorio. Debo manifestar que los sucesos de enero son la consecuencia, no el origen, de la violación de nuestra soberanía.
Del mito castrista a los convenios leoninos con China
El proceso de erosión de nuestras instituciones republicanas se maceró, con el tiempo, a lo largo del siglo XXI. Comenzó con la postración ideológica del comandante de Sabaneta ante el mito de Fidel Castro: no vaciló en convertir a Venezuela en el sustituto de la URSS desaparecida, regalándole nuestro petróleo a Cuba y asignando al aparato de seguridad castrista el rol de gendarme del régimen.
En esa dirección, asumiendo su pose “antiimperialista yanqui”, el régimen justificó acordar convenios leoninos con la China de Xi Jinping, que condenaron al país a pagar más de 60 000 millones de dólares a cambio de petróleo a futuro durante 20 años; asimismo, otorgó licencias al Gobierno islámico de Irán para la extracción y el envío de uranio, tema de guerra hoy en el Oriente Medio.
La alianza con Rusia y Bielorrusia
La política entreguista de nuestra soberanía no se detuvo allí: tuvo su versión particular con la Rusia de Putin y la Bielorrusia de Lukashenko. El Kremlin convirtió a Venezuela en un espacio militar privilegiado en América Latina, al tiempo que millonarias compras de equipos militares servían para enfrentar las protestas populares contra el régimen.
Ahora bien, el colofón de toda esa política antinacional fue convertir a Venezuela en un puente del narcotráfico global. Esto puso al país en la mira de la vigilancia internacional como un narcoestado: se convirtió en espacio privilegiado para los carteles del comercio ilícito de drogas hacia EE. UU. y la Unión Europea.
Demolición institucional y saqueo de la economía
A toda esta barbarie, gestionada por un régimen criminal, la acompañó un proceso de demolición de los poderes públicos que convirtió la Constitución nacional en letra muerta, derivando en la liquidación del Estado de derecho y, como resultado, en una feroz dictadura que desapareció y exterminó a miles de ciudadanos, vulnerando los derechos humanos y motivando la condena de organismos internacionales, entre ellos la ONU, la OEA y la UE.
Cabe señalar también que estos atilas del siglo XXI, en su orgía de abuso de poder, afincaron sus garras en la economía nacional al extremo de reducir el PIB a un 25 % de lo que recibieron en 1999; es decir, un 75 % de nuestra riqueza nacional fue robada por una mafia que dilapidó cifras cercanas a un billón de dólares. Razón más que evidente para que más de 8 millones de venezolanos se alejaran, en estampida, de un país en ruinas, ante la persecución política y la hambruna.
Quiénes alertaron a tiempo
¿Quiénes alertaron sobre el apocalipsis venezolano? Comenzando por los trabajadores petroleros, quienes se inmolaron en el paro cívico nacional de 2002-2003, y los centenares de venezolanos que ofrecieron sus vidas en las protestas de 2002, 2014 y 2017; en fin, tantos otros que, a lo largo del siglo XXI, no vacilaron en sacrificarse por el país.
Un país bajo protectorado
Como podemos ver, las consecuencias de la razia ejecutada desde el poder durante 27 años están a la vista: un país en ruinas, débil, desangrado, frágil y vulnerable, presa de los intereses de una potencia extranjera y de una mafia gobernante que pretende utilizar la crisis actual para anular la Constitución y mantenerse en el poder.
En esa dirección, el origen del desmantelamiento de nuestra república es el cúmulo del drama venezolano del presente siglo, cuyo resultado conocemos hoy en la fase extrema de pérdida de nuestra soberanía: Venezuela convertida en un protectorado de la Administración de Estados Unidos.
La tarea pendiente: rescatar la república
Finalmente, nuestra tarea próxima es rescatar la república hoy en crisis y unir a los venezolanos contra un gobierno de facto: mientras permanezcan en el poder no habrá reconstrucción posible, pues fueron ellos mismos quienes la destruyeron. Restablecer nuestra Constitución significará, al mismo tiempo, recuperar nuestra soberanía y el Estado de derecho, y tendrá en la superación del protectorado el próximo reto de nuestra historia.
@froilanbarriosf | Movimiento Laborista.
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Fuente de TenemosNoticias.com: runrun.es
En la sección: Opinión archivos – Runrun.es: En defensa de tus derechos humanos
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