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Economía y Finanzas

Esteve Almirall: «Ser un mago del Excel o del Power Point ya no te hará valioso»

📅 🕐 hace 3 min🔗 Fuente: eleconomista.es🕑 6 min de lectura
Esteve Almirall: "Ser un mago del Excel o del Power Point ya no te hará valioso"
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Durante años, dominar Excel, preparar una presentación impecable o manejar con soltura varias aplicaciones fue una forma de distinguirse profesionalmente. Muy pronto dejará de serlo.

Estos días hemos asistido al lanzamiento de una nueva generación de modelos de inteligencia artificial: Mythos y Fable, de Anthropic; Sol, Terra y Luna, de OpenAI; Grok 4.5, de xAI; y Muse 1.1, de Meta. Más allá de que todos ellos estén cerca en los rankings y dispongan de ventanas de contexto similares -entre uno y 1,5 millones de tokens-, comparten una característica mucho más importante: están diseñados para ejecutar tareas de larga duración.

Ya no hablamos de responder una pregunta en segundos. Hablamos de sistemas capaces de trabajar durante horas o incluso días, procesar grandes cantidades de documentos e interactuar con otras aplicaciones. Pueden hacerlo mediante un navegador, reproduciendo buena parte de lo que haríamos nosotros, o conectándose directamente con las herramientas de la empresa.

Pero lo más revelador no son los benchmarks. Son las demostraciones. En ellas aparece con claridad un cambio de paradigma en la forma de trabajar. Lejos quedan los tiempos en los que utilizar inteligencia artificial consistía en aprender prompt engineering. Ya no se trata simplemente de escribir buenos prompts, sino de delegar procesos completos.

La IA puede obtener datos de distintos canales, agruparlos, analizarlos y convertirlos en una hoja de cálculo. Puede generar una presentación atractiva, crear un informe, construir un dashboard interactivo y publicarlo como una página web. Después puede enviar el enlace a un cliente o compartir una nota en Slack.

Slack es ya la mensajería estándar dentro de muchas empresas estadounidenses, una especie de WhatsApp o WeChat corporativo. Sí, el correo electrónico está completamente out. Quizá no lo sabías, pero en muchas organizaciones hace tiempo que dejó de ser el lugar en el que sucede realmente el trabajo.

La IA ya no se limita a conversar con nosotros. Empieza a asumir la ejecución de principio a fin. Esto transforma rápidamente el valor de las competencias profesionales. Ser el mago del Excel o del PowerPoint dejará de ser una ventaja diferencial. Herramientas como ChatGPT Work, Anthropic Cowork o los nuevos agentes de Grok y Meta pueden realizar buena parte de ese trabajo en minutos. Además, lo hacen bien. Pueden adaptar una presentación a la identidad visual de una empresa, replicar un ejemplo previo, modificar un diseño a partir de una imagen corporativa y rehacer el resultado mediante instrucciones en lenguaje natural.

Las habilidades centradas exclusivamente en manejar aplicaciones perderán valor. Pero eso no significa que las personas dejen de ser necesarias. Significa que tendrán que aportar algo distinto. No es la primera vez que ocurre. Un ejemplo que suelo utilizar es el de los contables. Durante mucho tiempo, ser un buen contable no solo implicaba registrar correctamente las operaciones. También exigía realizar largas sumas sin equivocarse y trasladar los resultados del libro diario al mayor y después a la cuenta de pérdidas y ganancias.

La llegada de las hojas de cálculo -primero VisiCalc y después Lotus 1-2-3- transformó radicalmente esa profesión. De repente, fue posible construir escenarios y realizar análisis financieros que antes requerían una enorme cantidad de tiempo.

Más tarde, los sistemas ERP automatizaron buena parte de los asientos contables. Los contables no desaparecieron. Se convirtieron progresivamente en analistas financieros, asesores y auditores del trabajo realizado por los sistemas. Ahora estamos viviendo una transición parecida. Muchas de las competencias digitales que sustentaban determinados empleos, o que ocupaban una parte considerable de la jornada laboral, están siendo absorbidas por los modelos de inteligencia artificial.

¿Cómo se redefinirá entonces el trabajo?

El cambio avanzará en dos grandes direcciones. La primera será un enorme aumento de capacidad. Como ocurrió con las hojas de cálculo, no nos limitaremos a hacer lo mismo más rápido. Haremos trabajos mucho más sofisticados. Analizaremos más alternativas, construiremos más escenarios y podremos personalizar los resultados para cada cliente, producto o situación.

La productividad aumentará, pero también lo hará la ambición. La segunda será un desplazamiento del valor. Elaborar una presentación atractiva o una hoja de cálculo compleja dejará de ser excepcional. Lo importante será saber qué conclusiones extraer, qué decisión tomar y cómo convencer a otros para que actúen.

Sopesar, valorar y escoger en situaciones de incertidumbre ganará protagonismo. También lo harán la creatividad, el criterio, la empatía, la negociación y la capacidad de comprender los intereses de otras personas. No se trata, por tanto, de automatizar las tareas actuales. Cuando aparecieron las hojas de cálculo, el cambio no consistió simplemente en hacer sumas más rápido. Permitieron reinventar las finanzas corporativas.

Del mismo modo, la inteligencia artificial obligará a redefinir las profesiones, elevará su nivel de análisis y transformará su ejecución. Y esto tendrá consecuencias organizativas. Las empresas probablemente necesitarán menos personas dedicadas exclusivamente a tareas operativas. Al mismo tiempo, los puestos vinculados al cliente, la toma de decisiones, el análisis o la persuasión deberán incorporar una parte creciente de la ejecución.

La separación entre quien piensa y quien produce se irá difuminando. La buena noticia es que estas herramientas se manejan mediante lenguaje natural. Adoptarlas será relativamente sencillo. La mala noticia es que el nivel de exigencia aumentará rápidamente. Cuando producir en minutos lo que antes requería días esté al alcance de cualquiera, presentar un trabajo simplemente correcto dejará de ser suficiente.

Ya podemos intuir cómo serán las organizaciones del futuro: más pequeñas, más ágiles, más rápidas y también mucho más sofisticadas. Pero hay un elemento que las define: esas organizaciones y esas profesiones todavía están por inventar. Quienes sepan reinventarlas tendrán una ventaja extraordinaria. Quienes, en cambio, asuman que el futuro será una simple prolongación del presente descubrirán que el verdadero cambio estaba ocurriendo en otro lugar.

Solo hay dos caminos: participar en la invención del futuro y competir en la frontera, o adaptarse con rapidez cuando esa nueva realidad ya se haya impuesto. No hay una tercera opción.

Esteve Almirall es Full Professor Innovation & AI – Dtr. Center for Innovation in Cities

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Fuente de TenemosNoticias.com: www.eleconomista.es

En la sección: elEconomista tecnologia

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