Descubren en Casas del Turuñuelo un carro de bronce único que prueba el comercio de lujo entre Tarteso y los etruscos hace 2.500 años

Casas del Turuñuelo, en Guareña (Badajoz), se ha convertido en un yacimiento emblemático de la arqueología de la península ibérica, capaz de reescribir páginas enteras de la historia de Tarteso. El descubrimiento de un edificio en el que, hace 2.500 años, se celebró un suntuoso banquete, tras el cual se clausuró y sepultó la construcción bajo un enorme túmulo de tierra, ha dado pie a toda una serie de hallazgos inauditos. Entre ellos, se cuenta un carro de bronce capaz de reescribir lo que sabemos sobre el lujo, el comercio y las creencias tartésicas.
El equipo de investigadores responsable del descubrimiento del carro ha confirmado que se trata de una pieza con una estructura y una decoración sin paralelo conocido en la península ibérica. Solo existen objetos comparables a cientos de kilómetros de distancia, en la antigua Etruria (Italia). El descubrimiento, que se presentó públicamente a finales de junio de 2026, también incluía cerámicas griegas, un recipiente egipcio y marfiles decorados, testigos de una red comercial que conectaba el interior peninsular con los confines del Mediterráneo.
Un carro de bronce, hallado en Casas del Turueño y con decoración inédita en la Península ibérica, conecta a Tarteso con la lejana civilización etrusca.

Un carruaje sin parangón en la Península
El carro apareció en el sector sur del edificio principal del yacimiento, un espacio cuya excavación se inició en 2015. La pieza conserva una caja con una decoración figurativa excepcionalmente completa. En su parte frontal, aparece representado un Aqueloo, una antigua divinidad fluvial que la tradición mediterránea asociaba también con el inframundo por la expresividad de su gesto.
En los laterales de la caja figuran dos grifos, criaturas mitológicas con cabeza de águila y cuerpo de león que constituyen un motivo recurrente en el imaginario del Mediterráneo antiguo. En los extremos, dos figuras humanas con los brazos alzados sostienen la estructura completa, que descansa sobre dos ruedas igualmente decoradas. Se trata, según los propios investigadores, de uno de los hallazgos más relevantes documentados hasta ahora en este enclave del siglo V a. C.
La complejidad iconográfica de la pieza, en la que se combinan divinidades, animales fantásticos y figuras humanas en un mismo objeto, revela un altísimo nivel técnico y una gran habilidad artesana. También sugiere que quien encargó o adquirió este carro pertenecía a una élite con acceso a bienes de extraordinario valor simbólico y material.
Grifos, un dios fluvial y dos figuras humanas decoran una pieza vinculada a los rituales de banquete tartésicos.

Grifos, banquetes y un ritual por descifrar
La función exacta del carro todavía no se ha determinado con certeza, aunque los investigadores consideran que la pieza podría vincularse con actividades rituales asociadas, sobre todo, a los banquetes. Este dato cobra más sentido si se considera que el carro se encontró junto a la denominada habitación del banquete, el espacio donde se celebró el ágape final de la comunidad del Turuñuelo antes de clausurar el edificio. La combinación de simbolismo religioso, banquete comunitario y clausura ritual dibuja una sociedad tartésica compleja, capaz de organizar ceremonias de gran carga simbólica en torno a objetos importados de altísimo valor.

Ecos de Etruria: el enigma del origen del carro
Uno de los aspectos más llamativos del hallazgo es su posible origen. Las únicas piezas de factura similar que se conocen proceden de la civilización etrusca, que vivió su periodo de mayor esplendor en la Italia central, entre los siglos VIII y V a. C.
Este paralelismo refuerza la hipótesis de que el carro llegó al suroeste peninsular a través de las redes de intercambio que conectaban Tarteso con distintos territorios del Mediterráneo. No se trataría, por tanto, de un bien de producción local, sino de un objeto viajero, transportado a través de las rutas comerciales que unían culturas muy alejadas entre sí.
Esta posibilidad obliga a repensar el alcance real de las rutas de contacto mediterráneas. La posibilidad de que un objeto etrusco pudiera recorrer miles de kilómetros hasta Extremadura demuestra que las élites tartésicas participaban activamente en circuitos de intercambio de prestigio, y no solo como receptoras pasivas de influencias externas.
Las evidencias materiales sitúan a Casas del Turuñuelo como un nodo de primer orden en el comercio de bienes suntuarios del Mediterráneo antiguo, comparable a los grandes centros de distribución de lujo del momento.

El comercio de lujo entre Tarteso y el Mediterráneo
Junto al carro, los arqueólogos han recuperado un conjunto de materiales importados que amplían esta lectura comercial. Se ha documentado cerámica procedente de la región del Ática, en Grecia, un recipiente de alabastro egipcio y varios marfiles decorados con representaciones de guerreros y con motivos animales y vegetales.
Este conjunto revela el contacto directo de la civilización tartésica con regiones del Mediterráneo oriental que trascienden los intercambios habituales con los fenicios y los griegos occidentales. Los investigadores destacan que estos materiales proporcionan datos extraordinarios para comprender las relaciones comerciales entre Oriente y la península ibérica.
Se ha documentado cerámica procedente de la región del Ática, un recipiente de alabastro egipcio y varios marfiles decorados con representaciones de guerreros.

Un yacimiento en constante revelación
La campaña que ha dado como fruto este hallazgo se desarrolló en abril y mayo de 2026. Se centró en los sectores norte y sur del gran túmulo. Los trabajos se concentraron en torno a la estancia H-100, de unos 70 metros cuadrados, la habitación más grande excavada hasta la fecha en el complejo.
Casas del Turuñuelo abre así un nuevo capítulo en una trayectoria que incluye, entre otros hitos, el mayor sacrificio animal documentado en el Mediterráneo occidental, las primeras representaciones humanas conocidas de Tarteso y el altar de mármol griego más antiguo de la región. El proyecto, impulsado por decenas de instituciones y un centenar de investigadores, confirma que el suroeste peninsular aún guarda secretos capaces de transformar la historia de Tarteso.
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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