Mario Roggero, el joyero condenado por matar a dos ladrones que sacude al Gobierno de Meloni en Italia | elperiodico.com

Mario Roggero tiene 72 años, una joyería en el Piamonte (norte) y, desde el pasado 15 de julio, una condena definitiva de 14 años y nueve meses de cárcel. En abril de 2021 mató a tiros a dos atracadores que huían de su tienda de Grinzane Cavour e hirió a un tercero. Los asaltantes llevaban una pistola de juguete y un cuchillo. Roggero los persiguió por la calle y les disparó. Los jueces, en primera y segunda instancia, descartaron la legítima defensa: cuando el joyero abrió fuego, escribieron, la agresión ya había terminado. El Tribunal Supremo confirmó días atrás la sentencia.
El caso ha sido uno de los más mediáticos en Italia en estos años. Pero ahora, con la condena en firme, parece estar convirtiéndose en otra cosa: el termómetro de hasta dónde están dispuestos a llegar los partidos de la coalición del Gobierno de Giorgia Meloni para no dejarse adelantar por su derecha. El último en intervenir (o interferir, según cómo se mire) ha sido el tecnomagnate Elon Musk. «¡Es una locura!», ha escrito en su red social, X. «El juez y el fiscal de este caso son quienes merecen esta condena», ha añadido.
Musk ha saltado así sobre un caso que la derecha italiana lleva tiempo usando intencionadamente como arma política. Primero fueron algunos exponentes de la Liga los que empezaron a convertir a Roggero en emblema de una supuesta «emergencia seguridad» y la necesidad de defender la legítima defensa. Después llegó Roberto Vannacci, el flamante líder del partido populista de extrema derecha Futuro Nazionale, que se sumó tomando el caso como bandera de su propia causa, ya más radicalizada.
Votos que arañar
Como suele hacer cuando huele un voto que arañar, incluso Matteo Salvini, líder de la Liga, también ha pedido públicamente el indulto para Roggero. Y no solo él. Sorpresivamente, lo mismo ha hecho Forza Italia, el partido más moderado de la coalición de Meloni: el presidente de la región del Piamonte, Alberto Cirio, miembro de esa fuerza, incluso presentó en los pasados días una moción en el Consejo Regional a favor de la gracia.
Antonio Tajani, jefe de Forza Italia y ministro de Exteriores, lo ha secundado. «Es un hombre que se equivocó, pero por defender a su familia. Creo que merece el perdón de la sociedad», ha dicho. Guido Crosetto, ministro de Defensa y miembro fundador de Hermanos de Italia (el partido de Meloni), se ha sumado también. «Lo que ha pasado es injusto, incomprensible y también difícil de aceptar. Hay que agotar todas las posibilidades para que pueda volver a casa», ha afirmado. En paralelo, toda la coalición de Gobierno —Hermanos de Italia, Liga y Forza Italia— ha lanzado una recogida de firmas entre parlamentarios para pedir el perdón al agresor.
En ese contexto, el ministro de Justicia italiano, Carlo Nordio, ha iniciado el pasado jueves los trámites para la concesión de un indulto al joyero Mario Roggero, según la prensa italiana. Eso sí: eso ha ya ha provocado la reacción del presidente de la República, Sergio Mattarella, quien la semana pasado emitió un inusual comunicado recordando que la gracia es una facultad exclusiva del jefe del Estado, o sea, de él, algo confirmado por el Tribunal Constitucional en 2006, además de que ni siquiera se conocen todavía las motivaciones de la sentencia del Supremo (en Italia puede tomar meses).
Carrera hacia la derecha
El episodio resume una dinámica que empieza a apreciarse en la política italiana, según las críticas de la oposición: los partidos del Gobierno de Giorgia Meloni están volviendo a radicalizar posturas que ya han defendido en el pasado (en este caso, situando la propiedad privada por encima incluso del derecho a la vida), de cara también a las elecciones previstas para el próximo año. «El centroderecha corre detrás del [exgeneral, Roberto] Vannacci», ha sintetizado, por su parte, ‘Il Fatto Quotidiano’.
Ese desplazamiento coincide de hecho con la irrupción de una nueva figura en la política italiana: Roberto Vannacci. El general retirado, eurodiputado y fundador del populista Futuro Nazionale irrumpió hace dos años con un libro plagado de afirmaciones contra inmigrantes, personas LGTBI, feministas y minorías étnicas. Su estrategia política es sencilla: sostener que Giorgia Meloni ha domesticado su discurso desde que llegó al Palacio Chigi. Según Vannacci, el Gobierno habría cedido demasiado ante Bruselas, habría rebajado el tono sobre inmigración y soberanía nacional y habría renunciado a la batalla cultural sobre la identidad italiana y los valores tradicionales.
Supremacistas
Ese mensaje busca un electorado muy concreto: votantes de Hermanos de Italia y de la Liga convencidos de que gobernar ha obligado a Meloni a institucionalizarse. La estrategia parece estar funcionando. La última Supermedia YouTrend/AGI, la media ponderada de diversos sondeos, ha confirmado días atrás la caída de los partidos de la coalición gubernamental: Fratelli d’Italia ha tocado su mínimo de la legislatura (27%) mientras Futuro Nazionale ha subido al 6,5% alcanzando a la Alianza Verdes e Izquierda. Por su parte, la Liga ha caído al 5,9% (-0,3). Lorenzo Pregliasco, fundador de la encuestadora YouTrend, lo ha resumido así: la irrupción de Vannacci introduce «algo nuevo, una oposición de derechas al actual Gobierno», y ha advertido de que ahora existe una fuerza fuera de la mayoría que desafía a Meloni en temas populares como inmigración, seguridad y guerra cultural.
El episodio del joyero de hecho no es tampoco un hecho aislado. Ya en febrero, meses antes de que Vannacci fundara su partido, una petición de «remigración y reconquista» —promovida por otro grupo de extrema derecha— ya pedía un debate en el Parlamento sobre el tema, y analistas advertían de que conceptos supremacistas empezaban a normalizarse en el debate migratorio italiano. En enero (como el año anterior), Vannacci, de hecho, participo como orador en el Remigration Summit de Livorno. Lo que ha cambiado desde entonces es el ritmo: cada gesto suyo parece estar obligando a la coalición de Meloni a decidir si lo ignora, lo iguala o lo supera.
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