El «golazo» ya tiene quien lo diga en EEUU | elmundo.es

Una de las bellezas del español es poder usar diminutivos y aumentativos para expresar sentimientos. De gordito a gordaco hay un abanico que va del afecto a la repugnancia. Estos días, los angloparlantes han descubierto la expresividad de los aumentativos gracias al fútbol. Es el caso del golazo, préstamo del español al inglés que los locutores pronuncian con ese seseo guírico: ¡golaso! Al parecer, los diccionarios ingleses ya lo recogen con fonética británica. Paradójicamente, gol es a su vez un préstamo del inglés goal, que el español devuelve con intereses: un aumentativo.
Al mismo tiempo, las retransmisiones en español hacen tanto por el idioma como el reguetón. O sea, más que todos los Institutos Cervantes juntos. El clásico, ese palabro con el que se designa el partido entre el Barça y el Madrid, se ha impuesto en inglés sin traducción, desgraciadamente. Como «rabona«, «chilena» o «aficionado» (aunque este último, ya había entrado por los toros por Hemingway). O el «¡vamos!», que ha saltado de las canchas de tenis en las que jugaba Nadal a los estadios.
En este punto es llamativo el éxito de asistencia y taquilla, pese a los escépticos que auguraban que los altos precios de las entradas y el desinterés que habitualmente provoca allí el deporte rey expulsarían a los espectadores. El Mundial, además, ha batido todos los récords de audiencia. Según Axios, el EEUU-Bélgica de octavos registró 50,1 millones de espectadores entre Fox y Telemundo, pese a la derrota de los locales y al numerazo de Trump(a) e Infantino con la tarjeta roja de Balogun. El México-Inglaterra tuvo una audiencia levemente menor: 46,7 millones de espectadores estadounidenses.
El éxito del Mundial es normal, pero en EEUU el interés se desvanece en cuanto suena el pitido de la final. Destaca el historiador del fútbol Stephen Brandt que el torneo se parece mucho a los Juegos Olímpicos: «La gente solo se engancha durante un instante y al cabo de un tiempo pierde el interés». Sin embargo, Netflix, Disney y YouTube ofrecen hasta 2.000 millones de dólares por los derechos combinados en inglés y español de los Mundiales de 2030 y 2034.
Se calcula que, pese al hostigamiento del ICE a los inmigrantes, en EEUU hay 68 millones de personas que se definen étnicamente como «hispanas«, de las que 28 millones se identifican con más de una raza. Porque en el censo americano lo hispano no es una raza sino una etnia –Penélope o Bardem serían hispanos y blancos a la vez -, aunque en la calle funcione como si lo fuera.
No parece probable, sin embargo, que el fútbol revierta la asimilación lingüística: el porcentaje de hispanos con alto dominio del inglés ha pasado del 59,3% en 2000 al 71,2% en 2020, y cada vez más los hijos de padres hispanohablantes que crecen en inglés. Golazo.
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