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Huellas en un cráneo equino de 3.300 años prueban que los pueblos ibéricos ya montaban a caballo: científicos españoles lo confirman

📅 🕐 hace 2 min🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 6 min de lectura
Huellas en un cráneo equino de 3.300 años prueban que los pueblos ibéricos ya montaban a caballo: científicos españoles lo confirman
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La historia de la península ibérica puede contarse de muchas maneras: desde la perspectiva de las culturas prerromanas, a través de sus contactos con el Mediterráneo o a partir de su protagonismo en la domesticación del caballo. Un cráneo roto que apareció entre cientos de silos vacíos en las llanuras de Pinto, al sur de Madrid, guarda la respuesta a una pregunta con la que la arqueología ibérica ha lidiado durante décadas. ¿Montaron a caballo los pueblos de la Edad del Bronce que habitaron la Meseta?

La ausencia en el registro arqueológico de bridas, sillas de montar o cualquier resto de arreos condenó esta cuestión al terreno de la conjetura. Por fortuna, mientras el cuero, la fibra y la madera se descomponen, el hueso permanece. Y es precisamente en el hueso donde un equipo de investigadores de la Universidad de Córdoba, el CSIC y Argea Consultores ha encontrado una huella inesperada para responder a la cuestión.

El yacimiento de Castillo Reyes, adscrito al horizonte cultural Cogotas I, ha proporcionado una colección de huesos equinos sin parangón en la región. Entre ellos, un fragmento craneal marcado por un surco que, según una investigación publicada recientemente en Journal of Archaeological Science: Reports, podría reescribir la historia de la movilidad en la Península Ibérica.

Un equipo de investigadores españoles ha encontrado en el cráneo de un caballo una huella inesperada de la monta de equinos hace 3.300 años.

Localización de Castillo Reyes. Fuente: Riquelme-Cantal et al. 2026

Un yacimiento que desmiente el tópico pastoril

Cogotas I es el nombre que los prehistoriadores han dado a las comunidades que ocuparon buena parte de la Meseta durante la Edad del Bronce. Tradicionalmente se las imaginó como grupos pastoriles, dedicados sobre todo a la cría de ovejas y cabras, que llevaban una vida seminómada sin apenas infraestructuras fijas.

Castillo Reyes, en Pinto (Madrid), obliga a matizar ese retrato. Entre 2017 y 2018, se excavaron en el yacimiento 878 estructuras negativas, es decir, los huecos y cavidades que dejan determinadas estructuras, como zanjas, hoyos y agujeros de poste. En su mayoría, se trataba de silos de almacenamiento, repartidos en una superficie cercana a los 110.000 metros cuadrados. El asentamiento, además, no muestra ningún elemento defensivo, ni natural ni artificial, lo que sugiere una comunidad estable que no se percibía amenazada.

Entre los restos de fauna del yacimiento, los investigadores identificaron 721 huesos de caballo, correspondientes a un mínimo de 26 individuos. Es la mayor concentración de restos equinos documentada hasta la fecha en un yacimiento del periodo Cogotas I. La importancia del enclave no solo se explica por la cantidad, sino también por el hecho de que muchos de esos animales alcanzaron edades avanzadas antes de morir.

El fragmento craneal de Castillo Reyes muestra un surco en el hueso incisivo nasal del cráneo: aparece en los caballos modernos sometidos a control mediante bridas o muserolas.

Sección de mandíbula de caballo de Castillo Reyes (Pinto, Madrid).
Sección de mandíbula de caballo de Castillo Reyes (Pinto, Madrid). Fuente: Riquelme-Cantal et al. 2026

Huellas de equitación en los huesos

El indicador arqueozoológico más conocido para detectar la práctica de la equitación en la Antigüedad es el llamado desgaste del bocado, un bisel en el segundo premolar inferior provocado por el roce continuo del freno. Existe, sin embargo, otra huella, menos conocida e igual de reveladora: un surco en el hueso incisivo nasal del cráneo.

Este surco aparece en los caballos modernos sometidos a control mediante bridas o muserolas. La presión repetida sobre el hocico provoca, con el tiempo, hipertrofia muscular y remodelación ósea. Cuanto más profundo es el surco, más intensa y prolongada suele haber sido la utilización del animal para montar.

El cráneo muestra dos surcos rostrales adicionales en el lateral del proceso nasal, que se han interpretado también como improntas nerviosas asociadas también al uso de arreos.

Jinete
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto

El surco que delata al jinete

El fragmento craneal de Castillo Reyes, que se ha datado por radiocarbono entre 1442 y 1285 a. C., presenta un surco perfectamente formado: 3,92 centímetros de distancia respecto a la muesca nasoincisiva y una profundidad máxima de 0,26 centímetros. Estas medidas son comparables a las registradas en caballos montados de referencia y claramente mayores que las observadas en ejemplares salvajes. Además, el cráneo muestra dos surcos rostrales adicionales, más someros, en el lateral del proceso nasal, que se han interpretado también como improntas nerviosas asociadas también al uso de arreos.

Según han podido determinar los científicos, el cráneo pertenecía a un caballo adulto de pequeña alzada, de entre 130 y 140 centímetros a la cruz. Puesto que algunos ejemplares del yacimiento llegaron a vivir entre 17 y 20 años (una longevidad excesiva si el fin del animal estaba destinado al consumo de carne), los autores del estudio proponen que los équidos se habrían utilizado como montura o animales de carga.

Algunos caballos muestran perfiles isotópicos homogéneos, compatibles con una residencia estable en el entorno local. Otros presentan variaciones estructuradas incompatibles con la permanencia en el mismo lugar durante la formación del esmalte.

Marcas del uso de bridas y arreos en caballos contemporáneos
Marcas del uso de bridas y arreos en caballos contemporáneos. Fuente: Riquelme-Cantal et al. 2026

Lo que cuentan los dientes: isótopos y movimiento

La segunda línea de evidencia procede de otro terreno: el esmalte dental. Los investigadores analizaron diez piezas dentarias de caballos adultos mediante muestreo secuencial a escala milimétrica, a partir de las cuales obtuvieron 179 mediciones pareadas de carbono y oxígeno.

Los valores de carbono revelan una dieta dominada por plantas de fotosíntesis C3, propia de los ambientes templados europeos. El oxígeno, en cambio, ofrece un dato más intrigante. Sus valores oscilan entre +0,72 y −7,82 por mil, un rango que refleja aguas de abrevar procedentes de climas muy distintos entre sí.

Algunos caballos muestran perfiles isotópicos homogéneos, compatibles con una residencia estable en el entorno local. Otros, por el contrario, presentan variaciones estructuradas incompatibles con la permanencia en el mismo lugar durante la formación del esmalte. La conclusión parece clara: convivían en el mismo rebaño animales locales y animales llegados de regiones climáticamente distintas.

Esta coexistencia parece encajar con una explicación clara: los caballos domados habrían recorrido distancias considerables, ya fuera por intercambio, adquisición o simple desplazamiento junto a sus jinetes. La cerámica Cogotas I, de la que se han encontrado ejemplos más allá de su núcleo territorial, ya insinuaba contactos a larga distancia. El caballo pudo ser el vehículo que los hizo posibles.

Referencias

  • Riquelme-Cantal, J.A., Garrido-Anguita, J.M., Miró-Rodríguez, F., Vega y Miguel, J., Delgado-Huertas, A., Novales-Durán, M., Martín de la Cruz, J.C. 2026. «Evidence of horse riding in domestic horses during the Bronze Age in Iberia». Journal of Archaeological Science: Reports, 74, 105913. DOI: https://doi.org/10.1016/j.jasrep.2026.105913

Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com

En la sección: Muy Interesante

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