Brasil encara su año electoral con crecimiento más lento

Brasil, la mayor economía de América Latina, entra en un año electoral decisivo con un cuadro económico de señales mixtas: una actividad que pierde impulso, un mercado laboral en niveles históricamente bajos de desempleo y unas cuentas públicas que muestran un deterioro acelerado. El país celebrará elecciones presidenciales, regionales y legislativas en octubre, en un contexto en el que los indicadores macroeconómicos conviven con crecientes tensiones fiscales.
A menos de un año de la votación, los sondeos sitúan al presidente Luiz Inácio Lula da Silva como favorito, apoyado en un ciclo de crecimiento que superó las expectativas en los últimos tres años. Desde su regreso al poder, el 1 de enero de 2023, Lula reactivó programas de transferencia de renta emblemáticos de sus primeros mandatos y amplió iniciativas en educación y salud, lo que supuso una inyección significativa de recursos en la economía.
Ciclo de expansión que comienza a enfriarse
Tras crecer un 3,2% en 2023 y un 3,4% en 2024, la economía brasileña enfrenta ahora un ritmo más moderado. El Banco Central prevé una expansión del 2,5% este año, que se desaceleraría al 1,6% en 2026. El freno responde, en gran medida, al nivel de los tipos de interés: la tasa de referencia se mantiene en el 15% anual, su nivel más alto en dos décadas, en un esfuerzo por contener una inflación que hoy se sitúa en 4,46% interanual.
A pesar del enfriamiento, los mercados financieros vivieron un año excepcional. La bolsa de São Paulo rompió más de treinta récords en 2025 y cerró con una subida cercana al 34%, su mejor desempeño desde 2016. El real también mostró fortaleza, apreciándose un 11,18% frente al dólar, aunque sin compensar la depreciación cercana al 30% registrada en 2024.
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El dinamismo del empleo ha sido uno de los pilares del apoyo al Gobierno. Brasil registra los menores índices de desempleo de su historia reciente, un factor que ha contribuido a sostener el consumo y la confianza de los hogares.
Sin embargo, ese desempeño convive con un deterioro de las cuentas públicas. Lula asumió el cargo con un déficit equivalente al 4,7% del PIB; hoy asciende al 8,1%. La deuda pública siguió la misma trayectoria, pasando del 73,5% al 79% del PIB. El aumento refleja tanto el mayor gasto social como la dificultad para elevar la recaudación en un contexto de crecimiento más lento.
Aun así, Brasil mantiene un colchón de reservas internacionales considerable —360.600 millones de dólares— que ofrece margen para absorber episodios de volatilidad durante el ciclo electoral.
Con información de EFE
Fuente de TenemosNoticias.com: finanzasdigital.com
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