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Gas, propaganda y armas: la guerra de Ucrania pone al ‘Putin serbio’ en su momento decisivo | elmundo.es

📅 🕐 08 Jul 2025🔗 Fuente: elmundo.es🕑 13 min de lectura
Gas, propaganda y armas: la guerra de Ucrania pone al 'Putin serbio' en su momento decisivo
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Hay una ciudad en Europa donde parece que la guerra de Ucrania no hubiese sucedido. O mejor dicho: que hubiese terminado con una victoria rusa. Belgrado apenas tiene banderas ucranianas, las empresas rusas siguen funcionando sin cortapisas en Serbia y la Unión Europea es para algunos serbios un sueño lejano, para otros un sermón antipático. El presidente serbio, Aleksandar Vucic, navega aguas turbulentas.

Serbia es uno de los pocos aliados que le quedan a Putin en Europa. Unidos por la identidad eslava y la ortodoxia oriental, separados geográficamente por los socios de la OTAN y la amplia Ucrania que se interpone en su camino, ambos países se coordinan en tiempos de crisis. Ahí es cuando se revela el lado pragmático de las relaciones entre Moscú y Belgrado. El resto del tiempo, el Gobierno serbio se aferra a una política exterior de equilibrio entre Rusia y Occidente, percibiendo dicha neutralidad como la más apropiada para defender sus propios intereses: la estrategia de política exterior consiste en mantener —en la medida de lo posible— buenas relaciones con la UE, EEUU, China y Rusia. En aras de esa indefinición, Serbia se declaró país neutral en diciembre de 2007. Es la única capital europea donde miles de eslavos orgullosos marchan en apoyo de la invasión de Ucrania, aunque también ha habido protestas contra la guerra.

«Serbia no ha podido mostrar oficialmente el mismo nivel de vínculos estrechos con Rusia que antes de la invasión de Ucrania. Sin embargo, no ha sancionado a Rusia, lo que la convierte en el principal centro de espionaje en los Balcanes y también en un polo de evasión de sanciones para la región», explica Aleksandar Djokic, politólogo y analista en Belgrado, que cree que «el principal interés del Kremlin en Serbia es intentar mantener su presencia en los Balcanes». Su influencia es fuerte en la República Srpska, Montenegro, Bulgaria «y algo menor en Macedonia«. «Rusia utiliza los conflictos existentes para extender su influencia, y el régimen de Aleksandar Vucic ha difundido propaganda rusa entre su electorado desde 2014, lo que ha fortalecido a Rusia en este sector de la sociedad serbia». En lo que respecta a su electorado, «ser criticado por Putin perjudicaría más a Vucic que si lo criticaran en Bruselas y Washington». El gas ruso «también es una herramienta de presión».

¿Es el régimen de Putin un modelo para Vucic? «Hasta cierto punto, sí. Vucic tomó el concepto del mundo ruso y lo tradujo al mundo serbio, que constituye la esencia de su propaganda nacionalista. El régimen de Vucic también utiliza con frecuencia la retórica rusa antioccidental y antiONG con fines de propaganda interna. [El primer ministro de Hungría, Viktor] Orban es uno de los aliados más cercanos de Vucic y también uno de sus modelos a seguir», añade Djokic.

Envalentonado por la nueva política hacia Rusia de Donald Trump, Vucic incluso fue uno de los dos únicos líderes europeos que visitaron Moscú para el desfile militar del 9 de mayo. Si no fuese por las ingentes protestas que afronta estos días en la calle, el presidente serbio podría pensar que por fin tiene las fichas bien colocadas. Ya en diciembre de 2023 mostró su confianza en que los reveses de Ucrania, junto con el regreso de los republicanos a la Casa Blanca, proporcionaría a Serbia un entorno geopolítico favorable.

Igual que Putin se ha referido al «mundo ruso» para justificar su voluntad de influir sobre Bielorrusia y Ucrania, desde el Gobierno serbio mencionan el «mundo serbio» y «la Gran Serbia» como aspiración para «unificar a todos los serbios bajo un mismo estado». El Kremlin presenta a Vucic ante el público ruso como un líder del país europeo que supuestamente se resiste a la presión occidental. Y Vucic corresponde copiando el manual del Kremlin repitiendo que Occidente intenta orquestar una «revolución de colores» en Belgrado. De la misma manera que Occidente toleró los abusos de Putin en sus primeros mandatos (en aras de la ‘estabilocracia’, estabilidad a costa de deficiencias democráticas) Vucic ha contado con apoyo occidental durante años. Mientras tanto, ha ido sometiendo a medios y judicatura. `

Cuando hace unos días un tribunal de apelaciones dictaminó que tres activistas que llevaban ya varios meses en prisión debían ser transferidos a arresto domiciliario, el presidente clamó que no habría cabida en el sistema judicial para los jueces y fiscales que, con acciones criminales, apoyan el bandidaje.

Los medios de comunicación independientes han sido blanco directo de una campaña de desprestigio liderada por el gobierno. El presidente señaló públicamente a canales independientes como N1 (filial de CNN) y Nova-S como «enemigos de Serbia». Esto sucede tras años etiquetando a los medios críticos como agentes extranjeros o enemigos del Estado, cortando los ingresos publicitarios e imponiendo regulaciones restrictivas para hacer insostenibles a los medios independientes.

Sin embargo, las elecciones serbias siguen siendo competitivas. «La oposición puede concurrir, sus candidatos no son asesinados como ocurría con Milosevic», escribe Filip Milacic, profesor visitante en la Universidad Centroeuropea. Pero igual que en Rusia, una de las herramientas clave del presidente para mantenerse en el poder es su narrativa de protección del país frente a enemigos externos e internos.

Pero la fórmula de este Putin Serbio es muy ecléctica. Quiere unirse a la UE, pero realiza ejercicios militares con Rusia… y también con la OTAN. Serbia fue unánime acerca de no imponer sanciones a Rusia por atacar a Ucrania, aunque ha condenado esa agresión. En este aspecto se ha comportado como espera Moscú: una contundencia declarativa que el Kremlin tolera y una indefinición en el campo de los hechos que no estorba a la agresiva proyección rusa hacia el exterior.

La herida del separatismo siempre ha soldado viejas amistades. En febrero de 2008, Kosovo declaró su independencia de Serbia, pero Rusia se mantuvo firmemente contra el cambio de frontera. Tampoco Ucrania ha reconocido esa secesión. Pero hoy en Belgrado, Washington y Bruselas son los que birlaron Kosovo y Moscú la que estuvo en su sitio. Serbia necesita que Rusia ejerza su influencia internacional y vete las solicitudes de Kosovo de adhesión a la ONU y otras organizaciones internacionales.

«El poder blando de Rusia es considerable en una sociedad serbia plagada de sentimientos antioccidentales», escribe Nina Miholjcic-Ivkovic, investigadora independiente de asuntos exteriores en Belgrado, «tras la amarga experiencia de la agresión de la OTAN en 1999 durante la independencia de Kosovo». Pero, a pesar de todo, Serbia no solo apoyó una resolución de la ONU que denunciaba la agresión rusa contra Ucrania, sino que también se negó a reconocer la anexión rusa de territorio ucraniano.

Gas de Rusia, armas para Ucrania

La influencia de Rusia no se limita al ámbito político. También está en el mediático, pues los medios controlados por el Gobierno promueven deliberadamente actitudes antioccidentales, así como narrativas prorrusas, aunque no están dirigidas desde Moscú, sino por actores locales a los que de momento les convienen estas ideas. Y sobre todo en la esfera económica, gracias principalmente al sector energético.

Serbia y Rusia firmaron un acuerdo estatal por el que el gigante energético ruso Gazprom obtuvo una participación del 51% en la gigantesca compañía de gas y petróleo serbia NIS. Inspirado por las ventajas a corto plazo, Belgrado ha evitado dar la espalda a Rusia. No ha conseguido a cambio todo lo que esperaba, pero se ha asegurado un flujo ininterrumpido de gas desde Rusia durante tres años en condiciones preferenciales, lo que a su vez ha generado ventajas políticas para la cúpula gobernante en la satisfacción de las necesidades energéticas nacionales y ha posicionado al país como exportador de gas a estados vecinos.

Pero «Serbia ya puede importar gas de fuentes no rusas, y esta dependencia podría, en poco tiempo, reducirse al 50% del gas procedente de Rusia. El comercio se realiza principalmente con países de la UE, y las inversiones provienen de la UE y China; y Rusia no puede competir con estos actores en Serbia», completa Djokic.

«El este de Serbia, para China. El sector energético, para Rusia. Ése es nuestro modelo de crecimiento», lamenta Dejan Paulovic, profesor asociado de la Facultad de Ciencias Políticas de Belgrado, que estos días acompaña a los estudiantes en sus movilizaciones callejeras. El punto culminante ha sido la protesta de 140.000 personas el 28 de junio en la plaza Slavija de Belgrado: «Existe una pirámide feudal, y en la cúspide está el clásico autócrata que no tolera a los críticos», añade Paulovic.

Desde entonces han surgido bloqueos de carreteras en ciudades de toda Serbia y la gente ha colocado cubos de basura, sillas y otras barreras improvisadas para bloquear cruces en ciudades importantes como Belgrado, Novi Sad y Ni. Las asociaciones de vecinos, conocidas como asambleas ciudadanas, se han sumado a la cruzada antigubernamental. Es el tipo de levantamiento cívico, al principio generacional y cada vez más transversal, que Putin ha temido desde que volvió entre protestas al Kremlin en 2012. Vucic, igual que el presidente Victor Yanukovich en Ucrania en 2014, afronta la disyuntiva entre un sistema clientelar que necesita ser cada vez más autoritario y una integración europea que implicaría aflojar ese control sobre la sociedad que poco a poco el régimen ha logrado forjar, apretando las tuercas sobre medios, judicatura y sistema político.

‘Peleas’ esporádicas

La guerra de Ucrania ha vuelto la alianza serbia con Moscú más obscena, pero también ha aumentado la acidez de esporádicas peleas entre estos dos socios eslavos. Durante los años de Gobierno de Vucic, Rusia ha donado aviones MIG-29. A pesar de esto, desde hace más de dos años, el flujo de municiones de fabricación serbia a Ucrania ha sido un secreto a voces. Pero el estruendo diplomático se sintió como nunca cuando el Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia (el poderoso SVR) emitió un comunicado de prensa el 28 de mayo acusando a Belgrado de «dispararle a Rusia por la espalda» al proporcionar a Kiev proyectiles de artillería a través de terceros países.

Algunos piensan que la acusación de Rusia llegó al auxilio de Vucic en un momento en el que en las manifestaciones le están acusando de prorruso. «Es difícil tildar de pro Kremlin a un político que justo en esos días es criticado públicamente por la inteligencia rusa», apunta Maksim Samorukov, que es investigador del Centro Carnegie Rusia Eurasia y está convencido de que no fue un intento del Kremlin de socavar significativamente a Vucic, ni una señal de una ruptura entre los dos países.

En Serbia, la noticia tuvo más repercusión que en Rusia, donde los habituales cazadores de traidores dejaron pasar lo ocurrido. Entre las razones, las negociaciones sobre un nuevo contrato de suministro de gas. Belgrado obtendrá «el mejor precio de Europa», apuntó Dusan Bajatovic, jefe de la compañía estatal de gas a Reuters en una entrevista en junio. El órdago es mayúsculo, dado que Serbia quiere entrar en la Unión Europea, que ha propuesto una prohibición legalmente vinculante de las importaciones de gas ruso y gas natural licuado para finales de 2027.

Pero en Belgrado creen que Europa no tendrá otra opción que recurrir al gas ruso para cubrir sus necesidades energéticas a un coste razonable. El futuro del mercado del gas estará determinado por Rusia y Estados Unidos, como productores, y China, como importante consumidor. «Es cuestión de matemáticas. No se puede resolver la ecuación del suministro de gas a Europa a precios aceptables sin el gas ruso», dijo Bajatovic en el marco de la gran conferencia económica de Rusia en San Petersburgo.

Si el gas ruso es importante para Serbia, Serbia también es importante para el gas ruso: el país balcánico no es sólo uno de los pocos compradores restantes de gas ruso en Europa, sino que es una zona de tránsito clave para el último gasoducto de Gazprom al mercado europeo. Un mercado que Putin confía en recuperar si Europa desiste de su bloqueo por Ucrania y vuelve a tratar a Rusia como el socio que fue, y que siempre ha sido en Serbia.

Fuente de TenemosNoticias.com: www.elmundo.es

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