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Un ataque sin el apoyo de una gran narrativa: el programa nuclear, el desarrollo de misiles balísticos capaces de golpear EEUU o la libertad de los iraníes | elmundo.es

📅 🕐 01 Mar 2026🔗 Fuente: elmundo.es🕑 11 min de lectura
Un ataque sin el apoyo de una gran narrativa: el programa nuclear, el desarrollo de misiles balísticos capaces de golpear EEUU o la libertad de los iraníes
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El pasado martes, unas horas antes de que el presidente Donald Trump pronunciara su Discurso sobre el Estado de la Unión en el Capitolio, el secretario de Estado, Marco Rubio, y el director de la CIA, John Ratcliffe, se reunieron por videoconferencia con los congresista y senadores especializados en cuestiones de Seguridad Nacional, conocidos como La Banda de los 8. El viernes, antes del ataque, lo llamó uno a uno de nuevo y logró hablar con siete de ellos para informales.

El tema principal entonces fue obviamente Irán y la sensación de los legisladores, al terminar, es que el ataque era inminente y probablemente imparable. Los demócratas, especialmente alarmados, insistieron en que la situación era «muy grave» y «seria», pero ni siquiera ellos exigieron como en ocasiones anteriores que el presidente pidiera permiso expreso al Congreso antes de iniciar una guerra. No lamentaron, como ocurrió el pasado junio, que no se respetara el poder del parlamento. Y ni siquiera se echaron las manos a la cabeza demasiado por la falta de información. Instaron al presidente a que explicara a la ciudadanía lo que estaba pasando, con el mayor despliegue militar en dos décadas en Oriente Próximo. Pero cuando eso no ocurrió, tampoco pasó nada.

Trump habló de Irán y la amenaza que supone para su país el régimen de los ayatolás en el Discurso de la Unión, al estilo de George W. Bush en 2003 en el mismo marco días antes de atacar Irak, pero no explicó por qué estaba acumulando buques, cazas y portaaviones en la región para un ataque que en EEUU sólo pedían o exigían senadores como el republicano Lindsey Graham o el ex asesor de Seguridad Nacional (hoy enemigo de Trump) John Bolton, halcones de la vieja guardia. En lugar de presentar pruebas o razones para explicar por qué es necesaria ahora una operación como Furia Épica, por qué era imprescindible, Trump ha ido resucitando y repitiendo el argumentario que para sus predecesores no fue suficiente para un conflicto abierto: la amenaza general para los estadounidenses, el historial de brutal represión del régimen y su apoyo a grupos terroristas en la región.

A diferencia de otras guerras, esta vez, la Casa Blanca no se ha molestado en construir poco a poco una gran narrativa. Ni armas de destrucción masiva, ni amenaza existencial a Israel, ni inestabilidad en Irak, Siria o el Líbano de Hizbolá. Trump ha hablado vagamente de negociaciones de paz, negociaciones para un gran acuerdo nuclear, sobre cómo no permitirá que Teherán tenga nunca bombas atómicas. Ha criticado el legado del «mayor patrocinador mundial del terrorismo». Pero sin necesidad de entrar en muchos detalles.

Sólo en los últimos días, cuando el ataque ya estaba más que decidido, las piezas colocadas e incluso la fecha escogida, la Casa Blanca ha empezado a acumular argumentos, pero sin demasiado énfasis, consciente también de que dentro del trumpismo y del movimiento MAGA esto genera enorme rechazo y tensiones, porque es visto como la negación de todo lo prometido durante una década por Trump y una operación instigada por Netanyahu, por los intereses de otro país.

Por ejemplo, la Administración ha empezado a decir en el último momento que Irán había reiniciado desde cero su programa nuclear. Que estaba a «una semana» de contar con el material suficiente para construir una bomba, como dijo por sorpresa el negociador Steve Witkoff en una televisión, repitiendo lo que Netanyahu lleva 20 años alertando. O sobre todo, como Trump dijo en el discurso, que disponía ya de misiles de largo alcance capaces, en breve, de alcanzar Estados Unidos. Afirmaciones no demostradas y que chocan con lo que lo servicios de inteligencia estadounidenses creen. El propio Marco Rubio, el miércoles, dijo que «algún día» Teherán dispondría de esos misiles, pero no afirmó que fuese a ser «pronto», como el presidente.

En su vídeo de ocho minutos tras el ataque, Trump dijo: «Nos aseguraremos de que Irán no obtenga un arma nuclear. Es un mensaje muy simple: nunca tendrán un arma nuclear». Sus palabras no fueron muy diferentes de las de Brack Obama en julio de 2015, cuando, explicando los detalles del Acuerdo Nuclear firmando con Teherán, afirmó: «Realmente solo había dos alternativas: o la cuestión de que Irán obtenga un arma nuclear se resolvía diplomáticamente mediante una negociación, o se por la fuerza, mediante la guerra. Esas eran las opciones».

La gran diferencia es que Obama nunca ordenó un ataque y Trump sí. Y su mensaje, hoy, parece ajeno a la contradicción de sus mensajes exultantes de junio, cuando anunció que todo el programa iraní había sido «completamente destruido», retrasando décadas por lo menos cualquier posible desarrollo. Y cuando arremetió contra todo el que dijera que los bombardeos no habían eliminado todo el programa, o que por lo menos no había certeza absoluta, como decían los propios informes de Inteligencia y del Ejército.

Las razones de Trump son más pragmáticas. Durante casi cinco décadas Irán ha sido el gran enemigo de fondo, el más grande, el más temido, el más poderoso. En junio del año pasado, tras la Guerra de 12 días con Israel, la sensación en la Casa Blanca fue que quizás no eran para tanto. Que Irán era mucho más débil de lo que se pensaba y que no tenía la capacidad de defenderse o de atacar, más allá de unos cientos de misiles de medio alcance con daños limitados. Así que el presidente, venido arriba además tras el éxito de esa operación y la de Venezuela, vio una oportunidad única de derrotar definitivamente a un adversario estratégico, contando además con una fuerza naval que simultáneamente puede defender a Israel. Y con la colaboración de aliados para frenar represalias, como se vio en 2024 cuando Teherán envió miles de drones hacia Tel Aviv.

«La afirmación de que Irán estaba a punto de construir un arma nuclear no ha sido probada. Resulta aún más extraño como justificación para la guerra, dado que esta Administración ya ha afirmado en repetidas ocasiones haber destruido el programa de armas nucleares iraní«, escribió este sábado el historiador Timothy Snyder. «El segundo argumento de la propaganda estadounidense es que el régimen debe cambiar. Esto también es muy extraño, ya que la oposición a las guerras de cambio de régimen se suponía que era un principio fundamental del MAGA (…) Estos hechos sugieren dos marcos interpretativos: una guerra exterior como mecanismo para destruir la democracia interna; y una guerra exterior como elemento de corrupción personal del presidente de Estados Unidos. Desde Estados Unidos, el punto de vista más plausible es la política interna, no la política exterior. Las guerras son una herramienta para socavar y destruir las democracias. Dados los múltiples ejemplos que existen, tanto en la democracia moderna como en la antigua, y dado el comportamiento de Trump y sus aliados en general, este debe ser un método interpretativo para estos ataques», añade en un breve ensayo Snyder.

Un informe de la Agencia de Inteligencia de Defensa del año pasado, citado por The New York Times, concluyó que Irán no tiene misiles balísticos capaces de alcanzar Estados Unidos, y que podría tardar hasta una década en lograr hasta 60 misiles balísticos intercontinentales. «Incluso para alcanzar esa cantidad de misiles en ese plazo, la agencia de inteligencia concluyó que Irán tendría que esforzarse decididamente para desarrollar esa tecnología».

Igualmente, las estimaciones del Organismo Internacional de Energía Atómica es que la inmensa mayoría de los casi 450 kilos de uranio iraní enriquecido al 60% se encuentran enterrados en Isfahán después de los ataques de junio. No hay duda de que los iraníes estarían intentando llegar a esos contenedores subterráneos donde se almacena el uranio, pero tampoco hay pruebas de que lo hayan logrado o estén cerca.

Defensa de los manifestantes y cambio de régimen

El último ángulo para la justificación del ataque es el de la represión de las protestas en Irán. Cuando éstas cobraron fuerza, a mediados de enero, Trump puso un mensaje en sus redes sociales instando a la población a salir a las calles y amenazando a los dirigentes iraníes. «Pagarán un alto precio. He cancelado todas las reuniones con funcionarios iraníes hasta que cese la matanza sin sentido de manifestantes. ¡La ayuda está en camino!», declaró Trump en sus redes, aludiendo a una posible intervención en el país. El líder republicano animó a los iraníes a seguir protestando y a «tomar» las instituciones del país.

Desde entonces, ha mencionado algunas veces la brutal represión, la muerte de miles de civiles, las tácticas salvajes de la Guardia Revolucionaria y los servicios de Inteligencia y represión de los ayatolás. Pero no lo ha convertido en el centro de su discurso. Tampoco la opción de un cambio de régimen, sobre el que se ha mostrado ambiguo. A veces abogando por ello, a veces diciendo que quizás no, como hizo ayer mismo.

En su mensaje a la población les volvió a instar, como en enero, a prepararse para una oportunidad que quizás no se repita en generaciones para que se hagan con el control del Gobierno y de su país. Y en una entrevista con The Washington Post, en la madrugada del sábado, aseguró que la libertad de los oprimidos era uno de los grandes objetivos de la operación militar. «Sólo quiero libertad para el pueblo», señaló, cuando se le preguntó cuál esperaba que fuera su legado. «Quiero una nación segura, y eso es lo que vamos a tener».

Fuente de TenemosNoticias.com: www.elmundo.es

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