La trayectoria musical del compositor y cantante Bob Dylan es una de las más transformadoras e influyentes de la historia de la música contemporánea.
Nacido como Robert Allen Zimmerman en Duluth, Minnesota, el 24 de mayo de 1941, pasó buena parte de su juventud escuchando la radio, primero con emisoras que transmitían blues y country y luego escuchando rock and roll, como lo ha contado.
En 1959, se trasladó a Mineápolis para estudiar en la Universidad de Minnesota y durante esa época su interés inicial por el rock dio paso a un acercamiento al folk estadounidense. Fue en Mineápolis que comenzó a tocar en el Ten O’Clock Scholar, una cafetería a pocos bloques del campus universitario, y se involucró activamente en el circuito local de música folk del distrito Dinkytown. También por esos días fue que comenzó a cambiar su nombre artístico hasta llegar al de Robert Dylan, mejor conocido como Bob Dylan.
En la escena folk en los años 60, Dylan destacó por sus letras comprometidas con las luchas sociales y los derechos civiles. Canciones como Blowin’ in the Wind y The Times They Are A-Changin se convirtieron en himnos de protesta generacionales.
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A mediados de la década de los 60, de la que data buena parte de su trabajo más célebre, adoptó el sonido eléctrico en el Newport Folk Festival, lo que resultó difícil de asimilar para su audiencia más tradicional. Luego, álbumes como Highway 61 Revisited y Blonde on Blonde y clásicos como Like a Rolling Stone introdujeron una lírica más poética y experimental.
En los 70 tuvo una época de más quietud, pues tras un accidente de motocicleta en 1966, no salió de gira durante ocho años, aunque siguió escribiendo y sacando música. A finales de la década, presentó una nueva etapa musical con la publicación de Slow Train Coming, que tenía una profunda temática religiosa.
Dylan ha trascendido el ámbito de la música para instalarse en el canon de las letras universales. Foto:Fernando Aceves. EFE
Para finales de la década de 1980, la carrera de Dylan volvió a tomar fuerza; publicó nuevos álbumes y comenzó en 1988 una nueva gira que luego se conocería como el Never Ending Tour (la gira interminable), pues desde aquel momento lleva casi 40 años de recitales prácticamente ininterrumpidos, con lo que a la fecha ha superado los 3.000 conciertos.
Durante el nuevo milenio, Dylan continuó manteniendo un promedio de cien conciertos anuales y en 2001 ganó un Óscar a la mejor canción por Things Have Changed, compuesta para la película Wonder Boys. Su etapa más reciente se define por una fuerte mirada introspectiva, marcada por un lirismo existencialista y una reivindicación de las raíces de la música estadounidense.
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Así, a lo largo de seis décadas y con más de 50 álbumes publicados, el legendario cantautor ha transitado por múltiples géneros, incluyendo el country, el blues y el gospel, y ha recorrido temáticas tan diversas como la espiritualidad, el surrealismo y el paso del tiempo.
En cuanto a su vida personal, Dylan siempre ha protegido celosamente su privacidad, pero son conocidos sus dos matrimonios: con Sara Lownds (entre 1965 y 1977) tuvo cuatro hijos y adoptó a la hija de ella de una relación anterior; y con Carolyn Dennis (entre 1986 y 1992), con quien tuvo otra hija.
Una gira que continúa
A sus 85 años, Dylan exhibe su vitalidad creativa a través de conciertos. ‘Rough and Rowdy Ways World Wide Tour’ es su gira mundial actual, centrada en su último álbum, publicado en 2020. Aunque técnicamente es la continuación de su ‘Never Ending Tour’, este tramo específico comenzó en noviembre de 2021 en Milwaukee (Wisconsin).
En esta etapa, Dylan ha pasado de empuñar la guitarra eléctrica a refugiarse en un piano de cola, con el que ha transformado sus legendarios himnos de folk-rock en piezas de corte existencialista con estructuras de jazz crepuscular y blues minimalista.
La puesta en escena es austera; toca en auditorios medianos con una iluminación tenue, sin grandes pantallas o efectos visuales, e impone una estricta norma a los asistentes: no pueden usar celulares, los cuales deben ser guardados en unas fundas cerradas a la entrada de los conciertos, con el propósito de que el público evite las distracciones y viva plenamente la experiencia.
Dylan ha pasado de empuñar la guitarra eléctrica a refugiarse en el piano. Foto:EFE
Figura literaria
La figura de Dylan no se queda en el ámbito de la música. En 2007, recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, el jurado destacó su fusión de la poesía y la música popular. Pero el punto de inflexión que ha definido su última década fue la obtención del Premio Nobel de Literatura, un galardón concedido en 2016 que ha situado su cancionero como una pieza fundamental de las letras humanas. El Nobel, al validar sus textos como un género literario equiparable a la poesía, elevó su figura de ícono musical a clásico universal.
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La Academia Sueca le otorgó el reconocimiento “por haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción estadounidense”, y también destacó que Dylan convirtió la canción en un vehículo para la profundidad intelectual, aludiendo a su papel como cronista de la esencia de Estados Unidos y voz de una generación, a través de letras que abarcan desde la protesta social hasta lo introspectivo y lo místico.
Con todo, a lo largo de los años se ha descrito a Bob Dylan como un mito viviente y una de las figuras más influyentes de la historia de la cultura popular, que, con más de 600 canciones, sigue escribiendo su leyenda.