«Nunca esperé tener una carrera en el cine, ni siquiera como actor», dijo alguna vez Sam Neill sobre un oficio al que llegó casi de casualidad y en el que terminó pasando cincuenta años. Esa frase, pronunciada con la ironía suave que lo acompañó siempre, resume bien a un actor que se convirtió en ícono de la cultura popular sin proponérselo del todo.
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La familia de Neill confirmó su muerte a través de un comunicado publicado en las redes del actor. «Sam estaba rodeado de su familia y falleció con la dignidad que caracterizó toda su vida», señaló la nota, que no detalló las causas exactas.
El actor, que interpretó al paleontólogo Alan Grant en la taquillera cinta de 1993 Jurassic Park, dirigida por Steven Spielberg, reveló en sus memorias de 2023 que estaba «posiblemente muriendo» de un linfoma no hodgkiniano en estadio tres. Pero en abril pasado declaró estar libre de cáncer gracias a una terapia genética que modificó su sistema inmunitario.
«La pérdida fue repentina e inesperada, pero bendecida por el hecho de que Sam seguía libre de cáncer», agregó el texto de la familia. Neill estuvo internado en el hospital privado St Vincent’s de Sídney.
Nacido el 14 de septiembre de 1947 en Omagh, Irlanda del Norte, Nigel John Dermot Neill se trasladó de niño a la Isla Sur de Nueva Zelanda, país que terminó adoptando como propio. Cambió su nombre por «Sam» durante el colegio, cuando había otros dos compañeros con el mismo nombre; con los años reconoció, en entrevista con el diario neozelandés Otago Daily Times, que detrás de esa decisión también había un temor adolescente a destacar de más.
Neill encarnó al paleontólogo Alan Grant en la saga ‘Jurassic Park’. Foto:Toru Yamanaka. AFP
De Nueva Zelanda a la fama mundial
Estudió Literatura Inglesa en la Universidad de Canterbury, después de un paso por Derecho que él mismo calificó de «catastrófico». Ahí se acercó al teatro universitario y luego se mudó a Wellington para integrarse como actor profesional al Downstage Theatre, donde cobraba 35 dólares por semana y comía las sobras de la cocina, según contó en distintas entrevistas. Trabajó también seis años como director y guionista para la National Film Unit neozelandesa antes de dedicarse por completo a la actuación.
Su despegue llegó con «Sleeping Dogs» (1977), la primera película neozelandesa estrenada comercialmente en Estados Unidos, y se afianzó con «My Brilliant Career» (1979), ya en el circuito australiano. Papeles en producciones como «Omen III» (1981) y la miniserie británica «Reilly, Ace of Spies» (1986), sobre la vida del espía ruso Sidney Reilly, terminaron de abrirle camino hacia el reconocimiento internacional.
En 1981 protagonizó «Possession», del director polaco Andrzej Zulawski, junto a la actriz francesa Isabelle Adjani. La película, un thriller psicológico sobre una separación matrimonial que se descompone en horror, fue recibida con desconcierto en su momento, pero el tiempo la transformó en una de las cintas de culto más importantes del cine de terror. Adjani, su coprotagonista, lo recordó estos días con afecto: «Un hombre de gran bondad y un talento elegante y discreto», escribió al compartir fotos del rodaje y del Festival de Cannes, donde presentaron juntos la película que, dijo, «con el tiempo se ha convertido en un clásico de culto».
A esa década siguieron papeles en ‘Dead Calm’ (1989) y ‘The Hunt for Red October’ (1990), junto a Sean Connery, que lo consolidaron como un actor capaz de moverse con solvencia entre géneros. Pero fue 1993 el año que cambió su carrera para siempre: además de protagonizar ‘The Piano’, de Jane Campion —ganadora de tres premios Óscar—, Neill fue elegido por Steven Spielberg para interpretar al paleontólogo Alan Grant en ‘Jurassic Park’.
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El legado que deja Sam Neill
Ese papel, el de un científico que debe aprender a tolerar —y finalmente a querer— a dos niños en medio de dinosaurios recién resucitados, lo catapultó a la fama mundial y terminó siendo, para siempre, su sello. Lo repitió en ‘Jurassic Park III’ (2001) y en ‘Jurassic World: Dominion’ (2022), cuyo rodaje se interrumpió por la pandemia.
Spielberg quiso reconocer, tras conocerse la noticia de su muerte, la cadena de directores que lo llevaron hasta él: «Le debo un profundo agradecimiento a Roger Donaldson, Gillian Armstrong, Graham Baker y Phillip Noyce por haber elegido a Sam Neill en papeles en los que brilló tanto como para captar mi atención y llegar a interpretar al Dr. Alan Grant en ‘Jurassic Park'», escribió el director. «Fue un gran desafío para él interpretar a un personaje que actuaba como si los niños fueran traviesos, ya que eso era lo opuesto al padre que él era con sus hijos. Adoraba hacer las películas de ‘Jurassic Park’ con él. Junto con Laura Dern y Jeff Goldblum, siempre será nuestra familia jurásica y Sam nunca será olvidado ni por nosotros ni por sus millones de fans».
Su filmografía, sin embargo, fue mucho más extensa: cerca de 150 producciones en cine y televisión a lo largo de cinco décadas. Entre ellas, «A Cry in the Dark» (1988), que le valió el premio del Instituto de Cine Australiano al mejor actor; «The Horse Whisperer» (1998); «Event Horizon» (1997); «Bicentennial Man» (1999), junto a Robin Williams, y «The Commuter» (2018). En televisión destacó en «Merlin» (1998), que le trajo nominaciones al Emmy y al Globo de Oro; en «The Tudors» (2007-2010), y en «Peaky Blinders» (2013), donde interpretó al inspector Chester Campbell.
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Fue en esa serie donde coincidió con el actor irlandés Cillian Murphy, quien lo despidió en pocas palabras: «Como todos los que conocieron y trabajaron con Sam, lo admiraba y lo adoraba a partes iguales. Era una de las personas más amables, divertidas y gentiles, y uno de los mejores actores. Que en paz descanse».
Curiosamente, fue su compromiso con la saga de «Jurassic Park» lo que lo llevó a rechazar el papel de Elrond en la trilogía de «El señor de los anillos», que Peter Jackson filmaba por esos años en su propia Nueva Zelanda. Lo hizo por filmar la tercera parte de la saga de Spielberg, que originalmente había pensado su papel para Harrison Ford. Por fortuna, la negativa de este último le permitió a Neill tener al personaje más recordado de su carrera.
Entre los reconocimientos que recibió a lo largo de su trayectoria figuran su nombramiento como Oficial de la Orden del Imperio Británico en 1991 y el título de caballero que Nueva Zelanda le otorgó en 2022. El año pasado recibió el Premio a la Leyenda de la Pantalla en los premios de cine de su país, distinción que aceptó con el humor autocrítico que lo definía: «Si te quedas dando vueltas el tiempo suficiente, probablemente calificás, y yo simplemente me quedé dando vueltas».
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Fuera de los sets, Neill llevó una vida alejada del glamour de Hollywood, que muchos de quienes lo conocieron describieron como más rica que la que asoma en las carátulas de sus películas. Administraba viñedos en Otago Central, en la Isla Sur neozelandesa, tierra a la que volvía entre rodaje y rodaje, y solía bautizar a sus animales de granja con nombres de figuras del espectáculo, «no siempre con final feliz», contó alguna vez con humor. En los últimos años se volvió también un activista ambiental declarado: a comienzos de 2026 impulsó un documental corto en oposición a un proyecto minero en esa misma región que tanto quería.
En lo personal, estuvo casado con la actriz Lisa Harrow entre 1978 y 1989, unión de la que nació su primer hijo. Se casó después con Noriko Watanabe, con quien tuvo una hija y adoptó otra; se divorciaron en 2017. Más tarde mantuvo una relación con la periodista Laura Tingle, hasta 2021.
El actor Sam Neill. Foto:Tiziana Fabi. AFP
El diagnóstico de linfoma le llegó en 2022, mientras filmaba publicidad para «Jurassic World: Dominion». Lo hizo público al año siguiente, en sus memorias «Did I Ever Tell You This?», y en abril de este año había anunciado que estaba libre de la enfermedad. El comunicado de su familia insistió en ese detalle: que la muerte, aunque súbita, lo encontró ya liberado del cáncer que enfrentó durante tres años con la misma serenidad que ponía en cada papel.
El propio Neill solía sorprenderse de ese lugar que había ganado en la cultura popular. En una entrevista concedida en 2022, con motivo del rodaje de ‘Jurassic World: Dominion’, describió a su personaje más célebre como «un viejo par de botas cómodas»: gastadas, pero imposibles de reemplazar. Treinta años después del estreno original, decía, la gente seguía citando las frases de la película y repitiendo el gesto de Alan Grant al quitarse las gafas oscuras para mirar mejor la realidad, convertido ya en un meme reconocible para varias generaciones que ni siquiera habían nacido cuando se filmó la cinta.
Queda de él la imagen de un actor que llegó al cine sin planearlo, que hizo de la reticencia una marca personal y que, pese a eso, terminó ocupando un lugar en la memoria compartida de millones de personas que tal vez ni siquiera conocen su nombre completo. Sam Neill deja una obra que atraviesa el terror de culto, el drama histórico y el cine familiar de gran público, y una manera de estar en la fama —discreta, curiosa, poco solemne— que sus colegas coinciden en señalar como parte esencial de su legado.