cineastas que trabajan con el cantante revelan cómo se protesta en Puerto Rico con arte

Unas sillas blancas de plástico, ubicadas en lo que parece ser un patio con plantas de plátano al fondo, se apoderaron del mundo desde el 5 de enero de este año. Esta es la portada de Debí tirar más fotos, el último álbum de Bad Bunny. Es una denuncia al desplazamiento que está ocurriendo en Puerto Rico a causa de la gentrificación. También es una queja por la pérdida cultural de la isla debido a la llegada de estadounidenses, y un lamento por lo doloroso que resulta sentir que tu país ya no te pertenece.
El reguetonero, además de alzar la voz con dembow, bomba y plena —géneros tradicionales de Puerto Rico—, ha logrado canalizar lo que muchos piensan. También se ha encargado de involucrar a todos en esta revolución musical, con una residencia de más de 30 conciertos en el Coliseo de Puerto Rico José Miguel Agrelot.
Entre quienes se han sumado a este movimiento están los cineastas y creadores audiovisuales Arí Maniel Cruz Suárez y Arleen Cruz-Alicea.
Esta es una de las imágenes del álbum DeBÍ TiRAR MáS FOToS Foto:Cortesía
Esto es lo que le cuentan a EL TIEMPO sobre cómo es crear con el reguetonero, la situación política de Puerto Rico y cómo la isla ha ido perdiendo su esencia.
¿Qué tal mutar de lo cinematográfico a formatos cortos, ligeros y digitales?
Arí Maniel: Que las películas duren 90 minutos no es una decisión artística. Fue una invención de los exhibidores en Estados Unidos. Ellos querían proyectar tres o cuatro películas al día, y además el rollo de película tenía una longitud estándar de 1.000 pies (casi 30.500 centímetros), lo que daba como resultado filmes de entre 90 minutos y dos horas. La duración de las historias es una construcción, una convención basada en las necesidades logísticas de cómo llevar el producto a la audiencia. Dicho esto, como bien dices, si las audiencias de hoy consumen contenido de formas diferentes, también tenemos que hablarles de formas diferentes.
Arleen Cruz: Y esa redefinición no significa abandonar por completo el formato de 90 minutos, sino quitarnos una camisa de fuerza. Si es que quiero hablarles, porque también está la opción de hacer películas para mí mismo. No hay una obligación de tener audiencia: si quieres crear para ti, para ver en tu casa, también tienes ese derecho.
¿Cómo llegó Arleen a trabajar con Bad Bunny?
Arleen Cruz: Yo trabajé en la producción del documental que acompañó el video de El apagón. Eso fue una propuesta muy innovadora y muy política por parte de Bad Bunny. Como parte de su propuesta musical, se hizo el video y, en alianza con una periodista de investigación muy respetada en Puerto Rico —ella tenía un tono de denuncia muy marcado y el respeto de la comunidad para hablar de esos temas—, lograron algo muy potente.
Sus piezas eran críticas, muy bien construidas y con un gran impacto. Entonces, Benito hizo una alianza con ella y lanzaron el video como una pieza continua, recogiendo todos los testimonios. Yo estaba trabajando con los materiales de archivo, que es uno de los recursos que Benito ha usado en distintos momentos a nivel audiovisual: recurrir al pietaje histórico, a fotos y videos de archivo. Él no solo crea visuales nuevos, sino que construye enunciados usando materiales de la memoria.
En esa ocasión, a diferencia de Un verano sin ti, él no se metió tan de lleno en el trabajo de archivo, pero sí participó en todo el proceso.
Arí, usted sí trabajó de la mano del reguetonero en el corto de Debí tirar más fotos…
Arí Maniel: Una cosa que tiene él es que, si bien parece manejarse desde un lugar liviano —como diciendo “probemos esto, no sé qué”—, también tiene unas intenciones de comunicación muy definidas con su proyecto musical completo, que en realidad es multidisciplinario, porque para mí tiene muchas dimensiones.
Él tiene el don de la ingenuidad —en el mejor sentido de la palabra—. Es como si no estuviera contaminado por todas las boberías que nos meten en las instituciones tradicionales, sean educativas, religiosas o políticas, que nos hacen sentir que somos pecadores desde que nacemos. Esa capacidad que tiene para dar instrucciones son lo que hace tan potente trabajar con él. Porque construye unos conceptos muy sólidos y desde ahí nace todo: la música, la imagen, la campaña publicitaria. Todo sale de su concepto y de su autoría.
Bad Bunny se encuentra realizando varias presentaciones en Puerto Rico. Foto:Redes sociales
Usted escribió el guion del corto, ¿cómo fue ese proceso creativo?
Arí Maniel: Eso fue el año pasado. El corto empezaba con un monólogo, todavía estaba sentado en la mesa y la cámara salía de la cara del protagonista, giraba… y aparecía el sapo diciendo algo como: “Pero por eso yo lo amo mucho a usted”. Todo ese principio, Bad Bunny me lo dijo tal cual. Cuando trataba de escribir esa frase, mis dedos no reaccionaban. No podía escribirla porque me parecía totalmente ajena a mí. Yo decía: “Qué cursi sería». Cuando por fin logré hacerlo y lo leímos… wow. Estupendo. Algo que yo propuse, por ejemplo, fue: “quesitos sin queso”, “Papa Cheese”, “seguimos aquí”…
Pero creo que la frase que más me enorgullece de las mías es Papa Cheese —el queso cheddar, el queso de papa—. Ahora hasta el empaquetado del queso dice Papa Cheese. Ya no se llama cheddar, Y me encojona, porque yo me inventé eso y no lo patenté. El otro día estaba en México y vi mis frases en camisas, en parafernalia que se vende. En Puerto Rico, ni te digo: el sapo ya está por todas partes. Tú entras a un bar a pedir algo y hay un sapo puesto allí. La gente vende toallas de playa con “Seguimos aquí.” Eso es brutal. Pero cuando lo ves fuera de tu país, es aún más impactante.
¿Qué efectos ha tenido en ustedes denunciar el desplazamiento que ha habido en Puerto Rico?
Arí Maniel: Jaime Roth se lo dice a Michael Corleone en El Padrino II: “This is the business that we’ve chosen”. Yo siempre uso esa línea porque representa perfectamente lo que es esto. Nosotros estamos tratando de redefinir nuestra identidad. Y eso no pasa desapercibido. Claro que hay personas que no están de acuerdo con lo que estamos haciendo. Y más cuando uno asume posturas políticas en un país que no tiene soberanía.
Arleen Cruz: Benito no se inventó la rueda: él ahora se convirtió en uno más dentro de una larga lista de autoras y autores, músicos que han llevado este mismo discurso durante un siglo. Sí, Benito tiene una plataforma que definitivamente ha sido distinta a la de otros, porque su alcance ha sido mucho mayor.
Antes también estaba Calle 13, con un poquito menos alcance, pero llevando una bandera similar. Definitivamente se une a una tradición. ¿Vale el esfuerzo? Claro que sí. ¿Puede haber repercusiones? Sí. ¿Que de momento esto o aquello…? También. No es lo mismo cuando el trabajo que haces no está alineado con tus ideales —como en la publicidad, por ejemplo—. En esos casos se hace con profesionalismo, se cumple y ya. Pero no es igual a trabajar en algo que definitivamente está alineado con lo que uno cree.
A Calle 13 lo censuraron por cuatro años de Puerto Rico, ¿podría pasar algo así?
Arleen Cruz: Obviamente su música se escuchaba, pero no se escuchaba en la radio. Calle 13 logró todo lo que consiguió sin sonar en la radio. Benito, en cambio, suena en la radio. Tiene redes sociales, cosas que no existían en esa época. O sea, el mensaje y las repercusiones mundiales de Calle 13 y de Residente fueron gigantescas, pero ahora se opacan un poco con la gesta de Bad Bunny. Aunque hay que ponerlo en contexto: Residente no tiene la belleza de Bad Bunny; no cantaba reguetón; decidió, desde su segundo disco, hacer world music básicamente, y colaborar con los mejores artistas del mundo.
Residente y Calle 13 vivieron una época de Puerto Rico en la que escogieron no solo hablar y denunciar, sino convertirse en la voz de toda América Latina. René se ha parado a hablar con gobernantes de todos nuestros países en el continente, y hasta ha recibido balazos en países que no son Puerto Rico.
Residente Foto:AFP
¿Cómo ha cambiado la relación del arte con el gobierno?
Arleen Cruz: Sigue más o menos igual. Bad Bunny tiene mucho poder y el gobierno no puede contra él. Creo que el alcance de la figura de Bad Bunny ahora mismo es tan grande que está haciendo una residencia con 30 conciertos en Puerto Rico. La entrada de dinero que genera este ejercicio es tanta que no se compara con nada. Para mí, su propuesta completa multidisciplinaria es un call to action, porque incluso aunque está hablando de Puerto Rico, Debí tirar más fotos llega a toda Latinoamérica.
Arí Maniel: Es realmente sin precedentes y en muchos niveles. Porque la economía estaba detenida, y él literalmente activó todos los sectores. Todos. No solo el cultural. Las calles las renovaron; ahí trabajó un montón de gente. Todo el mundo está pintando, arreglando, abriendo negocios. ¿Sabes cuánta gente se compró vans para dar tours turísticos, para llevarte a las playas de Bad Bunny y venderte la camisa del sapo? El impacto económico y social es imposible de ignorar. Si un gobierno se niega al impacto de Bad Bunny, se merece un golpe de estado. Porque no tenemos que estar de acuerdo en las políticas públicas, pero sí tenemos que estar de acuerdo en que somos puertorriqueños y que estamos trabajando por Puerto Rico.
¿Qué otras problemáticas creen que resalta Bad Bunny sobre la isla?
Arí Maniel: En Puerto Rico la problemática ambiental es gigante. La defensa de nuestras playas es uno de los emblemas de Bad Bunny. Como lo dijo Benito en el disco pasado: “Que se vayan ellos, esta es mi playa, este es mi sol.” ¿Sabes? “Esta es mi isla, esta soy yo.” Palabras claves en el concepto que quizás la gente repetía sin entender del todo lo que Benito nos estaba diciendo. Y ahora viene otro discurso: “Quieren quitarme el río, quieren quitarme la playa, quieren el barrio mío y que mi abuelito se vaya. No, no, no. Defiende tu bandera, no olvides tu lelolai. No quiero que pase contigo lo que le pasó a Hawaii.”
Arleen Cruz: Puerto Rico es una isla tan pequeña que cada centímetro de playa hay que defenderlo. Además, hay un asunto legal: las playas son públicas, son del pueblo. Puede haber un hotel que use la playa, pero tú puedes pasar. Tienen que garantizar un acceso público. Es la ley. Sin embargo, hay intereses particulares y terminan poniendo un portón. Así, las grandes hoteleras logran sacar a la gente.
Arí Maniel: Y ahora, con la cantidad de inversionistas extranjeros o de personas que se están mudando a Puerto Rico gracias a una ley de incentivos —que les da una tasa tributaria casi cero— la situación se complica más. Ellos llegan a la isla y, con relativamente poco, compran mucho, porque tienen un beneficio que nosotros no tenemos: ellos pagan cero de contribuciones. Pero si eres puertorriqueño y haces dinero, tienes que pagar el 15%.
María Jimena Delgado Díaz
Periodista de Cultura
@mariajimena_delgadod
Fuente de TenemosNoticias.com: www.eltiempo.com
En la sección: EL TIEMPO.COM -Cultura
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