“¿Daniel Craig está muerto?”, pregunta el padre de Shah Latif (Riz Ahmed) cuando su hijo le habla de una oportunidad que podría cambiar su carrera, su vida y la de toda su familia para siempre. Latif fue convocado para participar en las audiciones para encontrar al próximo intérprete de uno de los más legendarios personajes del canon de la ficción británica moderna: James Bond. Esa oportunidad y el terremoto emocional que provoca en el protagonista impulsan la trama de El señuelo, la nueva miniserie de Amazon Prime Video y la más reciente comedia que se burla de la industria del cine desde adentro.
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Esta ficción, estrenada a finales de marzo, se suma a la tradición de las producciones que se ríen del detrás de escena de hacer una película o una serie, de sus estrellas, de aquellos que ejercen el poder detrás del glamour y de los que manipulan el negocio y al público en una misma estocada.
Tan rendidor es el ejercicio que algunas de las comedias más celebradas de la actualidad lo practican con notable éxito. Entre esas se cuentan El estudio, cuya primera temporada está disponible en Apple TV y la segunda se está grabando con la participación de Madonna interpretándose a sí misma; The Comeback, la joya creada y protagonizada por Lisa Kudrow (Friends), que acaba de regresar a HBO con una tercera temporada; y Hacks, que estrenó sus nuevos episodios el 9 de abril en HBO. Estas series sacan provecho de la curiosidad que el mundo del espectáculo despierta en los espectadores para reírse de él y, al mismo tiempo, para homenajearlo.
El caso de El señuelo es especialmente llamativo. La serie fue escrita por el actor británico de origen paquistaní Riz Ahmed (nominado al Óscar por su papel en El sonido del metal), que encarna al narcisista Shah, el personaje central de la trama con quien comparte más de una característica, sobre todo, la preocupación por su identidad cultural como una persona nacida en Londres en una familia musulmana originaria de Pakistán, y la pregunta de si existe para él un lugar en el star system británico.
La serie fue escrita por el actor británico-paquistaní Riz Ahmed, quien también la protagoniza. Foto:Prime Video
¿Y qué mejor forma de intentar resolver ese complicado asunto que exponiéndolo en el marco de la búsqueda del próximo Agente 007? Durante los seis episodios de la comedia, la intriga alrededor de la identidad del espía provoca otras preguntas que van más allá de su tono paródico. Según la mirada de Ahmed, se trata de cuestionar quién es considerado lo suficientemente británico para interpretar al espía al servicio de Su Majestad. Curiosamente, esta serie aborda el controvertido asunto de la identidad del próximo Bond desde la plataforma (Amazon) que tiene a sus películas como su joya más preciada.
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Gracias a que la empresa es la dueña de los derechos de la franquicia de Bond, Ahmed puede nombrarlo para señalar desde la ficción los límites de la supuesta diversidad que enarbola la industria del cine, reírse de los rumores que giran en torno a la búsqueda del próximo 007 y hasta de las reacciones de la opinión pública. Finalmente, lo que comienza como una parodia sobre el mundo del cine y los actores de egos gigantes termina siendo casi una denuncia desde el corazón del protagonista de la saga que, como apunta uno de los personajes, se dedica a “vender descaradamente relojes, autos y el servicio secreto británico”.
Noticias de Hollywood
La industria del cine afincada en Hollywood suele convertir su funcionamiento en materia prima para la ficción. La fascinación del público y los críticos por obtener acceso a los rincones poco conocidos del negocio del entretenimiento y sus protagonistas ha durado décadas, inspirándose en los cambios que ha experimentado la industria desde su creación.
Solo en los últimos años, películas como Había una vez en Hollywood, Babylon y, más recientemente, Jay Kelly, se miraron el ombligo para contrastar los viejos buenos tiempos con su desconcertante actualidad. Esa exploración resultó últimamente, del lado de las series, en el virtuoso tríptico compuesto por El estudio (Apple TV), The Comeback y Hacks (ambas de HBO Max).
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“Creo que nuestra industria está pasando por un momento muy extraño e inestable en el que las grandes corporaciones pretenden dominar el discurso y la creación en todos los aspectos. Es una situación que da mucho miedo”, decía hace unos días Jean Smart, la protagonista de Hacks, durante una conferencia de prensa para promocionar la quinta y última temporada de la comedia, que se estrenó el 9 de abril.
Desde el comienzo, la serie ganadora de 12 premios Emmy, incluido el de mejor comedia en 2024, puso la lupa sobre algunos de los aspectos más controvertidos de Hollywood, como las repercusiones del movimiento #MeToo, el lugar de las mujeres en los puestos de poder y su espacio en la comedia, la censura que las grandes empresas ejercen sobre la libertad de expresión de los artistas y el peligro que representa la inteligencia artificial.
Jean Smart y Paul W. Downs, dos de los actores de ‘Hacks’. Foto:HBO Max
En los nuevos capítulos, Deborah Vance (Jean Smart), el personaje central de Hacks, busca sobrevivir al intento del dueño de un conglomerado mediático de borrarla del mapa con un plan que solo ella puede ejecutar: para asegurar su legado, la comediante quiere convertirse en un Egot, es decir, una artista ganadora de un Emmy, un Grammy, un Óscar y un Tony. Lo que hará para lograrlo será tan desopilante como verosímil.
Esa comedia que no deja de ser realista también la logran El estudio y The Comeback. La primera –que ha ganado trece premios Emmy, incluido el de mejor comedia de 2025– fue creada por Seth Rogen y Evan Goldberg, exitosos guionistas y productores que hace años lidian con las idas y vueltas de los estudios de Hollywood. Esa experiencia los inspiró a poner en marcha la historia de Matt Remick (interpretado por Rogen), el nuevo jefe de un estudio de cine legendario que debe equilibrar su deseo de ser respetado y querido por las estrellas con las exigencias de obtener ganancias millonarias y mantener el negocio en marcha. Incluso si eso implica convencer a Martin Scorsese de dirigir la película del hombre de Kool-Aid, una caricatura publicitaria con una historia oscura. Un proyecto absurdo, pero más que creíble en el ecosistema que ha puesto en marcha filmes diseñados alrededor de una muñeca articulada, de varios videojuegos y hasta de emojis.
Seth Rogen (centro) es uno de los creadores y el protagonista de la serie ‘El Estudio’. Foto:Aple TV+
Uno de los aspectos más interesantes de El estudio es su representación de los ejecutivos a cargo de poner en marcha las películas más taquilleras. Un grupo retratado como una colección de ambiciosos, inseguros, arrogantes e inescrupulosos que, según Rogen, en la vida real pululan por todos los pasillos de Hollywood. “Amo las películas, pero ahora temo que mi trabajo sea arruinarlas”, dice Matt en una de las primeras escenas de la comedia, una frase que sus creadores escucharon durante sus primeros años en Los Ángeles de parte de un respetado jefe de estudio, quien impulsó la construcción del gracioso y muchas veces patético personaje central de la serie.
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De una particular cepa de patetismo y desesperación también nació Valerie Cherish, la fantástica creación de Lisa Kudrow y Michael Patrick King para The Comeback, una serie con un notable olfato para encontrar el humor en los cambios de Hollywood.
En la primera temporada, estrenada en 2005, Kudrow interpretó a Cherish, una actriz de sitcom en decadencia cuya nueva oportunidad en la TV venía acompañada de la realización de un docu-reality de moda a principios de los 2000. En su segunda temporada, lanzada en 2014, Valerie estaba desocupada hasta que terminó involucrada en una nueva serie inspirada en las experiencias que tuvo con un guionista.
Valerie Cherish es interpretada por Lisa Kudrow en la serie ‘The Comeback’. Foto:HBO Max
Ese juego de espejos resultó en una de las mejores comedias de aquellos años en los que la televisión estaba muy interesada en las autorreferencias más bien celebratorias. Y ahora, la última entrega de The Comeback, estrenada este marzo, dedica episodios al avance de la IA en Hollywood, un inevitable desastre para la industria que, en la serie, al menos provoca catárticas carcajadas.