cuerdas, piano y nuevas búsquedas sonoras

El Festival de Música de Cartagena celebra su vigésima edición con una programación que recorre la historia de la música clásica, del Barroco al Nacionalismo, e incorpora propuestas contemporáneas y experimentales. Bajo el lema “Alma y Cuerpo”, el evento reúne a artistas internacionales y talentos latinoamericanos en distintos escenarios de la ciudad, con 27 conciertos que conmemoran dos décadas de trayectoria.
El recorrido comienza en el Barroco, una época en la que la música buscaba conmover, exagerar las emociones y dialogar con lo espiritual, con obras llenas de dramatismo y adornos, como las de Bach. Ahí está el alma. Luego avanza hacia el Clasicismo, donde la música se vuelve más clara y ordenada, pensada para la armonía y la belleza formal, como se escucha en compositores como Haydn y Mozart.
En ese tránsito, Beethoven y Schubert exploran una música que mira de frente a las emociones de cada uno, más íntima y personal hasta llegar al Nacionalismo, que es cuando los compositores miran sus lugares de origen, sus territorios, y se integran con los ritmos populares y tradiciones para contar la historia de quienes eran y no solo hacer música para cortes. Ahí está el cuerpo. Esto ocurre en la obra de Chopin, Smetana, Dvořák, Grieg, entre otros.
Pero además de narrar la historia de música clásica, es un recorrido por la historia del festival mismo, como lo dijo Juliana Salvi, la organizadora y motor del festival, el día del concierto Inaugural. Para esta edición, 20 años de programación estarán presentes en los 27 conciertos.
Primeros días del festival: Las cuerdas
El Cuarteto Indaco, desde Italia, dando un pequeño recital para medios de comunicación. Foto:Carol Gómez
En la música clásica, los instrumentos de cuerda más comunes son el violín, la viola, el violonchelo y el contrabajo. Esta familia de instrumentos ha sido una de las protagonistas de este repertorio.
Han sido la base junto con la Orquesta Franz Liszt de momentos icónicos como el concierto de inauguración, en el teatro Adolfo Mejía de Cartagena, uno de los escenarios principales en este encuentro, que con sus balcones, pinturas y ornamentos hacen sentir al público como si estuvieran en otra época.
Las cuerdas también han sido el centro de atención en presentaciones como las del lunes 5 de enero, cuando el Cuarteto Indaco, llegado desde Italia, aportó frescura a la programación. A ello se sumaron los conciertos para violín de Simon Zhu, desde Alemania, quien interpretó obras de Paganini y dio vida a la tensión y la oscuridad de El Trino del Diablo, uno de los momentos más memorables del Festival hasta ahora.
El protagonismo de las cuerdas se completó con el concierto para violonchelo del prodigio colombiano Santiago Cañón, una muestra del diálogo entre artistas internacionales y talentos latinoamericanos que marca esta edición del Festival.
Segundo día del festival: El piano
El piano, que también es un instrumento de cuerda, con teclas que parecen infinitas y esa cola inmensa desde donde nace el sonido y se transforma en música, también ha sido uno de los grandes protagonistas de estos días del Festival. Puede ser alegre y melancólico a la vez aunque menos estridente que el violín, por ejempo. Pero con la misma capacidad para transmitir emociones. Es, además, uno de los instrumentos más utilizados para la composición.
Interpretaciones magistrales de obras como la Sonata para piano en sol mayor n.º 5 de Mozart y la célebre Sonata “Claro de luna” de Beethoven demostraron la versatilidad del piano. Así ocurrió en el recital de Andrea Lucchesini, en el Hotel Santa Clara, otro de los escenarios principales del encuentro, que fue antiguo claustro y convento y hoy funciona como hotel y punto de reunión de los eruditos de la música clásica.
Desde que se sentó frente al piano, Lucchesini no le quitó la mirada. Su espalda se encorvaba al ritmo de la música, inclinándose hacia adelante y hacia atrás según la emoción que evocaba cada momento de la obra.
A ese protagonismo del piano se sumó Elizabeth Brauss, pianista alemana de 30 años que debutó en Colombia con el Concierto para piano y orquesta n.º 23 de Mozart. Junto a la Orquesta de Cámara Franz Liszt y bajo la dirección de István Várdai, ofreció una interpretación que confirmó que el piano es uno de los grandes ejes de esta edición del Festival.
La noche experimental
Grandbrothers, el dúo que sorprendió a varios en el festival por sus sonidos electrónicos. Foto:Carol Gómez
En esta edición también hubo espacio para la experimentación, los nuevos formatos y las audiencias más jóvenes que viven la música de otras maneras. Grandbrothers, el dúo suizo-alemán que viene desde Düsseldorf, ciudad cuna de agrupaciones pioneras de la música electrónica como Kraftwerk o Neu!, interrumpió la atmósfera clásica del Festival para sumarle rebeldía, sorpresa y sintetizadores.
Su propuesta parte del piano, pero lo lleva a otro lugar: uno de ellos toca el instrumento mientras el otro manipula y transforma esos sonidos en tiempo real, los distorsiona, los repite y los convierte en bases rítmicas que se entrelazan con la electrónica. El resultado es una música hipnótica, pensada para sentirse en el cuerpo más que para contemplar, escuchar sentado y en silencio.
El concierto, realizado en el salón del Hotel Santa Clara, desafió las formas habituales del festival. No había sillas, todos estaban de pie. Nadie entendía lo que estaba pasando. Al principio, solo unos pocos se animaron a bailar, mientras otros intentaban entender qué estaba ocurriendo. Los más jóvenes, algo inseguros al comienzo, empezaron a moverse al ritmo de los beats, mientras los adultos se mostraban más resistentes.
A mitad de la velada, el ambiente había cambiado. Unos bailaban con desenfreno, otros apenas movían la cabeza, algunos solo observaban cómo uno tocaba el piano y el otro transformaba los sonidos y les daba un nuevo matiz.
Grandbrothers cumplió el propósito de sacar la música clásica de los salones elegantes, convertir ese espacio durante hora y media en una suerte de club y hacer bailar sin aviso previo a un público que no esperaba encontrarse con la electrónica en medio del Festival.
Veinte años después de su creación, el Festival de Música de Cartagena sigue adaptándose, experimentando y expandiendo sus límites. Desde el Barroco hasta la música electrónica. Desde la contemplación en silencio hasta el baile, confirmando que cuando la música se vive de verdad y se está dispuesto a dejarse atravesar por ella, habita tanto el alma como el cuerpo.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.eltiempo.com
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