Canale, Southgate, el Mundial y el amor de una noche de verano | elmundo.es

«Canale es un campeón de la vida. Le ha tocado una vida difícil y la complejidad que le da la vida le dio la oportunidad de regalarle una caricia cálida al alma a una persona que lo merece», soltó Gustavo Alfaro, seleccionador de Paraguay, después de que el central, con hechuras de jugador de liga municipal y pelo de cuando intentabas crear a tu amigo ‘El Rulos’ en un Pro Evolution de principios de los 2000, mandara a casa a Alemania con un penalti de fino estilista. De septiembre a mayo, habría resoplado ante semejante cursilada, pero no en un Mundial. A un Mundial se viene a ser mejor persona.
Me emocionó tanto como la transformación en héroe del anónimo Orlando Gill, ese portero al que llevaba días atacando Chilavert, siempre dispuesto a validar aquellas célebres palabras de Menotti: «Habría que pasearlo por los colegios para que los chicos sepan cómo era el hombre hace 40.000 millones de años. Viene primero Chilavert, luego el mono y después el ser humano». Sin aplaudir el insulto, la idea queda: Chilavert nunca tiene razón.
El triunfo de Paraguay frustró el anunciado Francia-Alemania de octavos, pero nos regaló algo mejor: un momento de felicidad, una hazaña efímera, esa caricia cálida al alma que dice Alfaro. De lo perdurable del fútbol, de las cicatrices que duelen y los hijos que heredan nuestras pasiones, se encargan los clubes. Nuestro equipo es nuestro matrimonio deportivo, el que afecta sinceramente a nuestras vidas. El Mundial es un amor de verano y de él no se esperan consecuencias sino sensaciones. Creer durante un mes, en tu burbuja de sexo y atardeceres, que nada más importa. Es mentira, es glorioso.
He visto Dear England, la serie de la BBC sobre la etapa de Gareth Southgate como seleccionador inglés. Es la historia de un fracaso repetido, el de un tipo que entendió el fútbol como si siempre fuera verano y, en un país obsesionado con sus descalabros futbolísticos, apostó por hacer las cosas bien. No para ganar sino para vivir. En un club le habrían echado en seis meses, pero aquí duró cuatro torneos. Y casi vence. Casi. Hoy está en paro. El verano y el Mundial son hermosos, pero el otoño siempre vuelve. Disfrutemos del sol mientras nos dejen.
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