Ahora que todo está caro es cuando más sentido tiene la gestión activa

Si se analiza la tarta de la inversión en activos de riesgo, en cualquier lugar del mundo, uno se da cuenta que el porcentaje que hace años ocupaba prácticamente en su totalidad la renta variable (acciones y fondos) se ve angostado por el ascenso imparable de los ETF y el capital riesgo. Precisamente estos dos atacantes del espacio tradicional de la bolsa son los que están permitiendo que la renta variable haya entrado en un territorio gaseoso, cercano al de la burbuja.
Evidentemente la fortísima subida que vive el mercado, con tres ejercicios consecutivos al alza, está alimentada en su recta final por el rally de la IA y las mejoras de productividad que vienen con ella. Las estimaciones de crecimiento de beneficio no hacen otra cosa que crecer y reducen parte de la sensación de que hemos entrado en territorio burbuja en renta variable.
El otro elemento indiscutible que alimenta la subida de la bolsa hay que buscarlo en la entrada de los nuevos actores en juego. La gestión pasiva compra indiscriminada mente lo bueno, lo malo y lo medio pensionista, en relación al peso que tienen las compañías por su tamaño en mercado. Como los flujos de dinero se van mayoritariamente a los ETF, el dinero que entra en estos productos de forma torrencial acrecienta las subidas de todo el mercado de forma ininterrumpida. ¡Lo mismo sucederá cuando se produzca el pánico y salga el dinero!
A la gestión indexada se suma la irrupción vertiginosa del capital riesgo que ha dejado de ser un producto de clientes institucionales para entrar de lleno en la cartelera de la banca privada y, con cuentagotas, entre clientes particulares. El capital riesgo devora toda compañía que el mercado no sabe reconocer su valor. El presidente de una de las cotizadas españolas que se resiste a sus encantamientos llama al private equity los hurones de la bolsa porque esquilman un ecosistema que no es el suyo.
La reducción del terreno de juego tradicional de la inversión de riesgo, sin embargo, abre una oportunidad a los inversores de calidad, valor o cualquier adjetivo que se aleje de seguir el mercado como un rebaño. Ahora que todo está caro es cuando más sentido tiene gestionar al margen de los índices. No estamos hablando sólo de comprar compañías que estén baratas respecto a sus comparables sectoriales. Hablamos de compañías que cuenten con negocios con muro defensivo, en las que la llegada de competidores sea muy complicada; con posición neta de tesorería o mínimo endeudamiento; con retribuciones creciente de dividendos por la mejora de sus beneficios; con consecución de márgenes por encima de sus comparables; alta rentabilidad sobre el capital invertido; o elevada generación de efectivo después de acometer todas sus operaciones en relación a su capitalización.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.eleconomista.es
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