En las cimas de la desesperación

El pesimismo filosófico de Emil Cioran, patente desde su primera obra «En las cimas de la desesperación», le llevaba a identificar vida y muerte como dos hechos paralelos que llenaban al hombre de vacío. Frente a ello, sostenia Cioran que solo cabían dos actitudes, la ingenua y la heroica.
Hoy en nuestro urbanismo sucede un poco igual, se puede ser ingenuo y no ver la necesidad de variar de raíz un sistema que ha devenido inadecuado. O bien se puede adoptar una actitud «heroica» en el sentido de Cioran, saltando «en la nada» que representa un nuevo modelo.
Este salto en la nada ha de partir de un paradigma fundamental: las leyes no dan respuesta a los problemas del urbanismo, lo dan los planes, pero no los planes desarrollados hasta la fecha.
En la reunión mantenida en Madrid el pasado 8 de mayo por un grupo de expertos en la materia organizada por la Unión de Agrupaciones de Arquitectos Urbanistas de España (UAAU), se abordó la realidad actual de la regulación urbanística en las distintas CC.AA. de nuestro país, sentándose conclusiones muy interesantes: la primera, que hoy territorios muy distintos comparten problemas extraordinariamente similares, diferenciándose dos realidades bien distintas, y que sin embargo se necesitan mutuamente, la urbana y la rural.
¿Como lograr este nuevo modelo de interrelación? Ha de partirse de instrumentos novedosos de ordenación del territorio que conlleven, per se, la introducción de la planificación estratégica, haciendo evolucionar en el ámbito urbanístico instrumentos tan relevantes como las Agendas Urbanas. Para ello, y sin perjuicio de las innovaciones normativas a rango legal precisas, se denota el que la solución no puede estar en la Ley, en nuevas leyes (sin más) que no innovan.
El urbanismo ha sido siempre -y lo es hoy también- plan, pues es éste el único instrumento capaz de recoger y ordenar la casuística y singularidad del territorio al que se refiere. Ahora bien, los planes actuales ya no sirven: solo el plazo en que tardan en aprobarse y su volatilidad (también la judicial, aunque últimamente se estén matizando los efectos de las sentencias que recaen sobre estos instrumentos) hacen del plan una especie de quimera.
Debe configurarse un nuevo plan, un plan diferente: en primer lugar, los municipios rurales deben superar su visión local para fomentar la inter-municipalidad en su entorno: las áreas funcionales son en este sentido el nuevo ámbito de planificación deseable para lograr una necesaria interacción y cooperación entre municipios que, de otro modo, siempre serán pequeños no solo en tamaño y recursos, sino también en oportunidades.
Ahora bien, no se trata solo de una cuestión de objeto, también son importantes los sujetos. No puede seguir «dejando solos a los municipios frente al urbanismo»: se impone a municipios, independiente de su población (y los hay, y muchos, de menos de 100 habitantes), la obligación de ordenar y armonizar políticas de las Administraciones «superiores», Estado y CC.AA. Es sinceramente absurdo, cuando no hasta abusivo. Además de aunar a los municipios con planificación estratégica del territorio, ¿porque no les apoyan esas Administraciones «superiores», por ejemplo, recogiendo en planes territoriales los suelos rústicos reglados, que también son muchos y sobre los que los municipios nada pueden decir?
De este nuevo modelo de planeamiento estratégico se está hablando mucho recientemente, y diversas CC.AA., de uno u otro modo, se han puesto ya manos a la obra, así por ejemplo Navarra o Madrid, cada uno «a su modo». En otras, como Castilla-La Mancha, ya se ha anunciado la realización de proyectos piloto de agendas urbanas territoriales (ADUR) vinculadas con planes de urbanismo intermunicipales de carácter comarcal emprendidos por la Administración autonómica con la colaboración de los municipios implicados.
Pero la cosa no acaba ahí. La cuestión no es solo objetiva, sino también subjetiva. Esa vinculación colaborativa que se quiere poner en marcha en territorios como Castilla-La Mancha, no se conforma solo como una tarea de las Administraciones territoriales, sino que precisa de la colaboración instrumental de otros sujetos de naturaleza tan distinta a aquellas como pueden ser los Grupos de Desarrollo Rural (GDR).
Estos pueden conformarse como sujetos (más) idóneos para plasmar en el territorio los contenidos de esa planificación estratégica, primero, y urbanística, después. Su participación activa en un escenario nuevo, como ha de ser el de la superación del municipio como espacio infranqueable y actor único, supone abrir perspectivas a un tipo nuevo modelo de gobernanza del territorio.
La secuencia planificación – ejecución – disciplina, venida de los reglamentos de la Ley de 1976, no ha perdido vigencia pero sí ha variado sus contenidos en un contexto muy distinto. El debate de renovación se está centrando mucho en el objeto, en concreto en el planeamiento municipal, pero se está dejando de lado la (también necesaria) gestión y ejecución del mismo donde también son necesarias nuevas fórmulas e instrumentos; de entre ellos puede citarse a los novedosos Proyectos Especiales de Viviendas en Entornos Rurales (PEVER), ya vigentes en Castilla-La Mancha, de desarrollo autonómico; o el papel de las Entidades Colaboradoras de la Administración (ECAs) para nuestros pequeños municipios. Todas ellas dan cuenta de que se ha tomado conciencia por fin de la necesidad de caminar al lado de los municipios -no enfrente- en la ordenación y desarrollo de un territorio que nos atañe a todos.
Las leyes son importantes, marcan un modelo y establecen un catálogo de instrumentos que han de ser acordes a la realidad actual y a las necesidades presentes. El planeamiento ha de tener la escala acorde a la amplitud de nuestros territorios y ser estratégico para comportar un futuro de desarrollo al que adecuarse con agilidad y flexibilidad y que piense en su gestión de la mano de los sujetos idóneos para ello, como pueden ser los agentes económicos y también los GDR en el ámbito rural.
Y finalmente, la gobernanza: es preciso ya un Estatuto Básico del Pequeño Municipio que, si en el ámbito nacional, se dibuja como una quimera, en comunidades autónomas como Castilla-La Mancha se ha decidido abordar de manera decidida como un instrumento más en las políticas activas frente a la despoblación.
El heroísmo era para Cioran un salto en la nada, pues no creía que la vida fuese más que nada. Aquellos que creen en ella y en mejorarla para los demás han trabajar en un nuevo modelo de territorio donde más allá de instrumentos concretos, se persiga la mejor calidad de vida de sus habitantes en equidad con los de cualesquiera otros. También es esto un salto, un salto de los que no se resignan, de esos que caminan por ahí, en nuestros pequeños pueblos, sin caer en la desesperación.
Viceconsejero de Planificación Estratégica. Vicepresidencia Primaria de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.eleconomista.es
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