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Economía y Finanzas

¿Las consecuencias del fin del bloqueo? Esta vez no hay dividendos de la paz

📅 🕐 17 Abr 2026🔗 Fuente: eleconomista.es🕑 7 min de lectura
¿Las consecuencias del fin del bloqueo? Esta vez no hay dividendos de la paz
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El bloqueo naval impuesto por el presidente Trump a Irán corría el riesgo de desestabilizar aún más una economía global ya castigada por semanas de guerra, convirtiendo un conflicto regional en una crisis financiera mundial que podría resultar más devastadora que los propios combates. Así lo ratifica el Informe sobre Perspectivas Globales presentado en la asamblea de otoño del Fondo Monetario Internacional (FMI).

La institución multilateral advertía que el planeta entero se sumergirá en la recesión si el conflicto se enquista, algo que parece descartable después de que el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, declarara abierto el estrecho de Ormuz.

Los mercados celebraron por anticipado el posible acuerdo de paz, con un desplome del petróleo del 10% y una subida de las acciones cercanas al 2%. Aun así, el petróleo se mantiene más de 20 dólares por encima de su cotización cuando comenzó el conflicto. El crudo Brent se fue este viernes a 89 dólares, mientras que en febrero cotizaba alrededor de los 70.

Aunque la guerra terminara mañana, la economía tardará hasta un par de años en recuperarse completamente, según diversos bancos de inversión, entre ellos UBS. Las repercusiones alcanzan a muchos sectores más allá de la energía o la alimentación, que tardarán mucho tiempo en bajar. Los precios del aluminio están en el nivel más alto en cuatro años, después de que resultaran dañados tres complejos fabriles en el Golfo, que producen casi una décima parte del suministro mundial de este metal.

Japón padece la falta de nafta, un producto petroquímico derivado del petróleo. En los hospitales escasean ya los productos hechos con plásticos médicos, como guantes quirúrgicos o jeringas para diálisis. La interrupción de suministro de otra materia prima esencial, el helio, afecta a la industria de semiconductores de Corea del Sur y Malasia. El conflicto puso en cuarentena la agresiva apuesta de los países del Golfo por la tecnología y la inteligencia artificial, incluido los centros de datos, que resultaron dañados.

La reputación del Golfo como centro mundial de actividades deportivas, exposiciones o conferencias está tocada. Se cancelaron miles de eventos, desde conferencias financieras o sobre criptos hasta las tradicionales carreras de Fórmula Uno. ¿Se recuperará con el fin del conflicto? Muchos expertos creen que la guerra mostró la vulnerabilidad frente a las tensiones geopolíticas y nunca jamás volverá a ser igual que antes.

Lo que es inevitable ya es la importante contracción económica. El Producto Interior Bruto (PIB) de Catar se contraerá un 13%, el de Emiratos el 8% y el de Arabia Saudita el 6,6%. La economía catarí cayó el 3,6% durante la pandemia, lo que muestra la magnitud de la crisis.

Muchos exportadores de energía tardarán años en volver al mercado. Catar sufrió graves daños en sus instalaciones de GNL, lo que llevará hasta cinco años en restablecerlas. La reparación de la infraestructura energética costará unos 25.000 millones de dólares.

Después del Golfo, la gran víctima de la crisis es el continente asiático y, por tanto, ahora debería experimentar el mayor alivio. China compra el 80% del petróleo que se exporta por el Estrecho y, por tanto, estaría entre los más beneficiados a corto plazo.

El alza del petróleo obligó a reducir la producción de muchas fábricas y a racionar la venta de combustible. Los aeropuertos de toda la región sufren escasez de queroseno, lo que provocó que algunas aerolíneas como la coreana Asian Airlines suspendiera temporalmente más de una docena de vuelos.

El sector turístico global será uno de los beneficiados. Muchos vuelos internacionales hacen escala en el Golfo, lo que ponía en riesgo las vacaciones de muchos ciudadanos, que habían empezado a cancelar sus viajes.

La crisis ha puesto a prueba también las débiles reservas y planificación en la UE. El director general de la Agencia Internacional de la Energía, Fathi Birol, advirtió que a Europa le quedaban seis semanas de queroseno si el Estrecho no se desbloquea. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, reconoció que el cierre de Ormuz es «sumamente perjudicial» para el continente.

El ya débil crecimiento del Viejo Continente puede quedar anulado, según el FMI. Alemania, la locomotora europea, esperaba un repunte significativo en su actividad por primera vez desde la pandemia. Sin embargo, los principales analistas han rebajado a la mitad la previsión de crecimiento, del 1,3% al 0,6% este año.

En Irlanda, una horda de agricultores indignados bloquearon carreteras, gasolineras y hasta una refinería para protestar por el aumento de los combustibles.

Estados Unidos es a priori uno de los más beneficiados porque sus exportaciones de energía alcanzan niveles récord. Pero Trump está con el agua al cuello porque los precios de la gasolina, que subieron el 30%, se mantendrán altos cuando los votantes acudan a las urnas en las elecciones de noviembre.

No es el único sitio donde se sentirán las consecuencias políticas. El domingo pasado, los húngaros otorgaron una victoria aplastante a la oposición, poniendo fin a 16 años de gobierno del primer ministro Viktor Orbán. En todo el mundo, el aumento del costo de la vida probablemente se traducirá en votantes enfadados con sus gobiernos.

Paradójicamente, uno de los pocos ganadores es Rusia, ya que sus exportaciones de petróleo y gas, que representan alrededor de una cuarta parte de los ingresos oficiales, alcanzan cifras récord y están permitiendo restablecer el deteriorado balance de sus finanzas públicas.

Un Irán hostil seguirá representando un riesgo constante para la región incluso si la guerra termina. Su economía está prácticamente destruida y tardará décadas en recuperarse de los 17.000 objetivos alcanzados por los bombardeos. Sin embargo, los ataques conjuntos de EEUU e Israel no lograron acabar con su arsenal de misiles ni destruir sus reservas de uranio enriquecido, que Trump quiere comprar.

Asimismo, los ataques de Teherán a infraestructuras del Golfo han otorgado a sus dirigentes un poder de negociación frente Estados Unidos desmedido. Trump corrió a situar sus destructores en el Estrecho tras la tregua alcanzada en Islamabad para recuperar temporalmente el control de este paso clave para el flujo mundial de petróleo. Sin embargo, no se sabe si quedará completamente libre de peajes y controles tras el acuerdo.

La impresión es que la débil posición de Trump puede conducir a un acuerdo débil, con numerosas concesiones, como que el control sobre sus reservas de uranio quede limitado sólo temporalmente o que Irán conserve cierta capacidad de militarizar el estrecho de Ormuz. A cambio, Teherán conseguiría el levantamiento de las sanciones internacionales para exportar su petróleo y acceder a los suministros necesarios para su reconstrucción. En este contexto, los dividendos de la paz serán exiguos. Los precios de la energía podrían mantener una prima permanente tras el conflicto.

PD.-La salida de Ángel Escribano está produciendo los primeros efectos en la reorganización de Indra. El nuevo equipo directivo compuesto entre Ángel Simón y José Vicente de los Mozos está ampliando la colaboración con la industria nacional. Uno de los objetivos es recuperar la cooperación con la estadounidense Santa Bárbara, así como mejorar la relación con Airbus, que pasó por momentos delicados. Con mayor motivo, después de que Amparo Moraleda haya sido nombrada presidenta del grupo.

El otro objetivo es revisar el plan estratégico, con objeto de incrementar sustancialmente la cifra de ingresos y beneficios prevista para los próximos años, después de que el anterior plan haya quedado obsoleto en sólo un par de años.

Con estos planes, nadie pensaría que la fusión con EM&E, la antigua Escribano, sea esencial para el futuro del grupo de defensa español. Aún así falta ver si sale adelante. En la negociación va a ser clave el papel que quede reservado en la empresa resultante a los hermanos Escribano, que lógicamente rehúsan quedarse como simples inversores financieras del grupo. ¿Volverá el expresidente de Indra a la primera fila del grupo de defensa público tras la fusión?, ¿Qué interés tiene si no en vender su empresa? Esta es una de las interrogantes clave en la negociación.

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Fuente de TenemosNoticias.com: www.eleconomista.es

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