Una villa medieval perfecta para recorrer a pie: un castillo del siglo XII sobre un abismo y pura naturaleza

Los pueblos del norte de la península ibérica tienen algunas de las particularidades más especiales y precisamente no hay pocos en la provincia de Burgos. Solo al entrar por carretera ya se pueden ver una gran multitud de pueblecitos que se integran a la perfección con la naturaleza a la vez que mantienen su pasado vivo entre las calles de los pueblos.
Sin embargo, hay un pueblecito que destaca entre el resto, pero con una particularidad. Se trata de Frías, en la comarca de las Merindades y, aunque muchos lo dudarían por su tamaño y cantidad de habitantes censados (258 según los últimos datos del INE), esta es una ciudad con todas las de la ley.
El responsable de que se quedara con el título de ciudad fue Juan II de Castilla, quien en 1435 denominó a Frías como capital del valle de Tobalina, por lo que en efecto es una villa con categoría de ciudad. Todos aquellos que la visitan a día de hoy podrán ver que esta «pequeña ciudad» tiene alma de pueblo medieval y en ella se pueden disfrutar algunos de los productos más destacados de la provincia de Burgos, como su queso, su morcilla u otras artesanías.
Una ciudad-pueblo con una silueta inconfundible
Quien conoce Frías lo sabe, todas las miradas apuntan al Castillo de los Duques de Frías. Esta construcción del siglo XII tuvo un gran valor estratégico, sobre todo al tener en cuenta que está levantado sobre el cerro de La Muela.
Con el paso del tiempo, fue ampliándose hasta ser completada con una muralla que rodeaba la villa, símbolo indiscutible de cualquier ciudad medieval que se precie.
A día de hoy todavía es posible conocer las huellas de su pasado, a través de sus tres accesos: la Puerta de la Cadena, Medina y la del Postigo.
Ahora bien, Frías tiene mucho más que ofrecer. La mejor forma de comprobarlo es paseando por sus callejuelas empedradas. Por ejemplo, la arquitectura de sus casas es el claro ejemplo de cómo supieron adaptarse al entorno y aprovechar el espacio que había.
Merece mucho la pena recorrer a pie sus callejuelas para apreciar una de las particularidades más curiosas de este pueblo que le da esa estética medieval con balcones de madera en perfecto estado.
Sus casas colgadas recuerdan a una de las estampas más típicas de España, las de Cuenca, pero estas tienen una mayor sobriedad típica de la zona geográfica en la que están ubicadas. Eso sí, sus balconadas repletas de flores le aportan el toque.
Sin duda alguna, Frías se consolida como el lugar perfecto para una escapada alejada de las masificaciones y donde disfrutar del lento paso del tiempo, de la calma y del ruido de la naturaleza.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.eleconomista.es
En la sección: elEconomista Seleccion
También te puede interesar




