▷ #OPINIÓN Se Busca un Emprendedor – Regla Esencial #1: Pon a Dios en el centro de tu vida y de tu negocio #24Mar
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«La verdadera felicidad y el éxito duradero llegan cuando te das cuenta de que Dios es el centro de tu vida y que todo lo que tienes es un préstamo de Su mano para bendecir a otros.»
Zig Ziglar
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Es uno de los motivadores y expertos en ventas más influyentes de la historia, quien alcanzó la cima del éxito mundial, siempre fue claro sobre dónde residía su verdadera fortaleza.
Ziglar entendía que el emprendedor es, en realidad, un administrador de los talentos y recursos de Dios. Al entender esto, la presión por «tener éxito» disminuye, porque sabes que eres un socio del dueño del universo. Tu negocio se convierte en un vehículo de bendición y no solo en una máquina de hacer dinero.
Hemos llegado al final de un viaje extraordinario. Si has seguido este proceso con el corazón abierto, hoy tu cuaderno es un tesoro de valor incalculable. Tienes registradas las reglas de la Gratitud (#10), el Tiempo (#9), la Escucha (#8), el Entorno (#7), el Arte de decir No (#6), la Educación (#5), la Salud (#4), la Disciplina (#3) y el Propósito (#2). Pero hoy, llegamos a la piedra angular, la regla que sostiene y da sentido a todas las demás. La Regla Esencial #1: Pon a Dios en el centro de tu Vida.
Esta es la regla más importante de todas. Te pido, con más vehemencia que nunca, que la inscribas en la primera página de tu cuaderno, que la leas al despertar y que la compartas con aquellas personas con las que tienes tus mejores relaciones. Porque cuando el líder camina con Dios, su equipo camina bajo una luz distinta.
Puedes tener la disciplina de un atleta olímpico, la salud de un guerrero, una cuenta bancaria rebosante de dinero y una práctica constante de gratitud. Sin embargo, si Dios no es el centro de tu existencia, siempre sentirás que algo falta. Existe un vacío en la forma del infinito que solo lo infinito puede llenar. Sin esta conexión, el éxito se siente hueco y el fracaso se siente terminal.
Dios no es un concepto lejano; es la brújula que orienta tus pasos cuando el mapa del mercado se vuelve confuso. Es el refugio seguro cuando las tormentas de la economía o los problemas personales golpean tu barca, y es la fuerza sobrenatural que te levanta cuando tu propia debilidad te dice que ya no puedes más. Poner a Dios en el centro no es una cuestión de religión dominical, es una estrategia de vida y de negocios que te permite operar desde la paz y no desde la ansiedad.
Muchos emprendedores temen que poner a Dios en primer lugar signifique dejar de actuar o volverse pasivos. Nada más lejos de la realidad. Poner a Dios en el centro significa caminar con la certeza absoluta de que cada paso que das tiene una dirección divina. Significa trabajar con excelencia, sabiendo que tu labor es una forma de honrar al Creador.
La sabiduría milenaria nos regala una promesa inquebrantable en Proverbios 3:6:
«Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus veredas.»
Esta no es una frase decorativa; es una ley operativa. Cuando reconoces la soberanía de Dios en tus decisiones comerciales, en tus contratos, en el trato con tus empleados y en tu visión de futuro, Él quita los obstáculos que tú no puedes ver y abre puertas que ninguna mano humana podría cerrar. Con Él, lo imposible se vuelve terreno de milagros; sin Él, incluso lo fácil pierde su sentido
Antes de cerrar tu cuaderno hoy, te invito a pensar por un momento: ¿Cuál es la regla que más necesitas en este preciso instante?
Quizás hoy tienes el propósito, pero te falta la disciplina (#3). O tal vez tienes la salud, pero te falta aprender a decir no (#6). Sea cual sea tu necesidad, la Regla #1 es la que activa a todas las demás. Cuando Dios está en el centro, la gratitud surge sola, el tiempo se administra con sabiduría divina y la salud se cuida como el templo que es.
Definitivamente, tu emprendedor, has completado las diez reglas. Tienes en tus manos el mapa para una vida de abundancia, impacto y paz. Al poner a Dios en primer lugar, estás sellando tu destino con una garantía que el mundo no puede ofrecer.
No camines solo. No intentes construir tu imperio sobre tus propias fuerzas limitadas. Eleva tu mirada, reconoce tu dependencia de lo Alto y observa cómo tu vida y tu emprendimiento se transforman en algo que supera tus sueños más ambiciosos.
Escribe hoy en tu cuaderno con fe: «Dios es mi socio principal, mi guía y mi fuerza. Con Él, todo tiene sentido.» Comparte esta verdad, vívela con integridad y prepárate para ver cómo tus veredas se enderezan hacia la verdadera victoria. «El éxito sin Dios es solo un viaje hacia una cima solitaria; el éxito con Dios es el camino hacia una plenitud eterna.»
Italo Olivo
www.iolivo.com
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Fuente de TenemosNoticias.com: www.elimpulso.com
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