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7,5 toneladas de heces y 42.600 litros de orina al día: la cifra que revela la cara más sucia de los campamentos militares romanos

📅 🕐 hace 1 h🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 6 min de lectura
7,5 toneladas de heces y 42.600 litros de orina al día: la cifra que revela la cara más sucia de los campamentos militares romanos
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En el imaginario colectivo, el ejército romano se presenta como una máquina de precisión integrada por legiones perfectamente alineadas, campamentos geométricos y soldados disciplinados. Esa imagen, sin embargo, oculta una realidad radicalmente distinta. Un estudio de 2026 publicado en la revista Theoretical Roman Archaeology Journal por Mike John Dobson, de la Universidad de Exeter, revela que los campamentos militares romanos eran focos de una contaminación que, para sus ocupantes, podía ser más letal que el enemigo al que combatían.

La investigación, centrada en los trece campamentos identificados en torno a la ciudad hispanoceltibérica de Numancia (Soria) entre los siglos II y I a. C., reconstruye por primera vez la escala exacta de los residuos generados por un ejército romano estándar. El resultado del análisis es tan inesperado como perturbador.

Una nueva investigación analiza trece campamentos en torno a la ciudad hispanoceltibérica de Numancia y reconstruye por primera vez la escala exacta de los residuos generados por un ejército romano

Campamento de Peña Redonda
Campamento de Peña Redonda. Fuente: Dobson 2026

Un problema de cifras descomunales

Según Dobson, la dieta del soldado romano era muy saludable. El trigo constituía entre el 60 y el 75 % de su alimentación. Cada legionario consumía unos 850 gramos de trigo diarios, lo que se traducía en una ingesta de fibra cercana a 84 gramos: más del doble de la cantidad recomendada hoy en día en el Reino Unido. Una dieta tan rica en fibra generaba, de forma inevitable, una producción fecal proporcionalmente elevada. Dobson calcula, apoyándose en estudios modernos sobre poblaciones con dietas similares, que cada soldado producía unos 250 gramos de heces y 1,42 litros de orina al día.

Escalado a un ejército de dos legiones, con sus aliados y su servidumbre (unas 30.000 personas en el caso de Numancia), el volumen diario de los desechos biológicos resultaría abrumador. Con todo, los animales superaban con creces a los hombres. Un ejército consular típico contaba con unos 2.640 caballos de caballería y al menos 3.220 mulas de carga. Un solo caballo de 380 kilogramos generaba casi 12 kilogramos de heces y más de 8 litros de orina diarios. Si se suman animales y humanos, las cifras diarias de excrementos podían alcanzar las 76,5 toneladas y los 92.700 litros de orina.

Cada día, un ejército de unos 30.000 hombres acampado en Numancia producía aproximadamente 7,5 toneladas de heces y más de 42.600 litros de orina. Eso equivale, visualmente, a cubrir un campo de fútbol con una capa de tres centímetros de excrementos, o a llenar una piscina olímpica hasta un metro de profundidad con orina en un mes.

Dobson calcula, apoyándose en estudios modernos sobre poblaciones con dietas similares, que cada soldado producía unos 250 gramos de heces y 1,42 litros de orina al día.

Estiércol
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto

El campamento como trampa sanitaria

¿Cómo se gestionaba semejante volumen? Las evidencias arqueológicas de fuertes romanos como Carlisle o Bearsden, en Britania, han revelado calles repletas de despojos de carnicería y pozos utilizados como letrinas. El material de relleno apunta, además, a una limpieza irregular de estos espacios. En los pozos de Carlisle se hallaron huevos de oxiuro (Trichuris) e indicios de moscas domésticas y de establo, vectores conocidos de disentería, salmonela y fiebre tifoidea. En Bearsden, por su parte, también aparecieron áscaris (Ascaris) y lombrices intestinales.

En los campamentos romanos, además de los pozos individuales posicionados frente a cada contubernium y de recipientes reutilizables, se usaban las letrinas. Eran zanjas comunales emplazadas en el intervallum, la franja entre la muralla y las tiendas. Con todo, la capacidad de estos mecanismos era limitada. En campamentos de asedio, ocupados durante meses, esas instalaciones se saturaban con rapidez. El suelo se impregnaba de lixiviados; el hedor se volvía omnipresente.

El autor latino Vegecio ya advierte que un ejército estacionado durante demasiado tiempo en el mismo lugar acabará por padecer «la enfermedad más letal» por el agua contaminada y el aire enrarecido. Salustio, por su parte, refiere que un ejército romano en la guerra de Yugurta solo abandonaba el campamento «cuando el hedor o la necesidad de forraje» lo obligaba a ello. En Numancia, la disentería mató o inutilizó a muchos soldados del ejército de Pompeyo durante el invierno de 141-140 a. C.

Un ejército de unos 30.000 hombres producía aproximadamente 7,5 toneladas de heces y más de 42.600 litros de orina al día.

Restos de la rampa del campamento III de Renieblas.
Restos de la rampa del campamento III de Renieblas. Fuente: Dobson 2026

Guerra ambiental de largo alcance

El problema no terminaba ahí. Los residuos retirados del campamento se acumulaban en los alrededores inmediatos, porque transportarlos lejos exigía un esfuerzo logístico inasumible. Esas montañas de estiércol y basura emanaban olores que podían percibirse a gran distancia, mientras que sus lixiviados contaminaban ríos y fuentes. Los parásitos intestinales acababan en el agua que se bebía. Las algas proliferaban en los ríos. Los peces morían.

La deforestación agravaba el cuadro. Cada uno de los aproximadamente 3.000 contubernia (las unidades mínimas en las que se organizaba el ejército) necesitaba leña diariamente para cocinar y calentarse. La construcción de defensas, empalizadas y edificaciones en los campamentos de larga duración, además, llevaba a talar los bosques circundantes de forma sistemática.

Incluso cuando el ejército partía, el peligro persistía. Los vecinos que recogían los materiales abandonados por los soldados (la madera, el metal, el cuero, la piedra) se exponían a patógenos que podían permanecer activos durante meses en el suelo. El estiércol y los excrementos, que se usaban como abono en la Antigüedad, introducían huevos de parásitos en los campos y en la cadena alimentaria local. El campamento se convertía, sin que nadie lo supiera, en un arma biológica de efecto retardado.

Los residuos acumulados en las cercanías del campamento, la tala sistemática de bosques y la reutilización de materiales abandonados por los romanos facilitaban la expansión de la disentería y los parásitos intestinales.

Soldado romano
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto

La paradoja del campamento romano

La imagen pulcra del castrum romano es, en gran medida, una construcción posterior. La realidad arqueológica apunta a construcciones irregulares, calles embarradas, olores penetrantes y una acumulación constante de residuos que los propios soldados gestionaban con medios rudimentarios. Según Dobson, los asedios fallidos de Numancia en 152, 141, 138, 137 y 135 a. C. no solo se explican por la resistencia celtibérica, sino también porque el ejército sitiador se encontraba enfermo y debilitado por sus propias condiciones de vida.

Referencias

  • Dobson, Mike John. 2026. «Sewage, Squalor, Stench and Suffering: Environmental Impacts of Roman Camps and their Consequences». Theoretical Roman Archaeology Journal 9(1): 1–44. DOI: https://doi.org/10.16995/traj.22919

Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com

En la sección: Muy Interesante

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