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Arqueólogos descubren que los huesos medievales conservan un “registro oculto” de bacterias que revela cómo desaparecen los cuerpos

📅 🕐 29 May 2026🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 8 min de lectura
Arqueólogos descubren que los huesos medievales conservan un “registro oculto” de bacterias que revela cómo desaparecen los cuerpos
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Los cementerios antiguos son mucho más que lugares donde descansan los muertos. Bajo la superficie, durante décadas, siglos e incluso milenios, se desarrolla una actividad biológica constante que transforma lentamente los restos humanos. Los huesos, aparentemente inertes, continúan interactuando con el entorno mucho tiempo después del entierro. Y ahora, gracias a una investigación realizada en Noruega, los científicos han conseguido identificar algunas de las comunidades microbianas que podrían estar detrás de ese proceso.

El trabajo, publicado en la revista PLOS One por un equipo liderado por la investigadora Damla Kaptan, de la Universidad de Stavanger, ha analizado 83 esqueletos procedentes de cementerios medievales y postmedievales del suroeste de Noruega. Los restos estudiados abarcan un amplio periodo histórico, desde el siglo XI hasta el XIX, y proceden tanto de enterramientos al aire libre como de sepulturas situadas bajo iglesias.

La investigación aporta una perspectiva novedosa sobre una cuestión que intriga a arqueólogos, antropólogos y especialistas en conservación desde hace décadas: qué microorganismos participan en la degradación de los huesos y por qué algunos esqueletos se conservan extraordinariamente bien mientras otros quedan reducidos a fragmentos muy deteriorados.

Lo más llamativo es que los huesos no solo conservan información sobre la persona a la que pertenecieron. También guardan un auténtico archivo biológico de los microorganismos que los colonizaron tras la muerte. Según revela el estudio, esas comunidades microbianas presentan patrones muy distintos dependiendo del estado de conservación de los restos.

Un misterio que comenzó en el siglo XIX

Los científicos saben desde hace más de 150 años que los microorganismos desempeñan un papel fundamental en la destrucción de los huesos enterrados. Ya en el siglo XIX se identificaron pequeñas galerías microscópicas que atravesaban el tejido óseo, señales inequívocas de actividad biológica.

Sin embargo, identificar a los responsables siempre ha resultado mucho más complicado. Durante décadas se sospechó de bacterias y hongos, pero las técnicas disponibles apenas permitían ir más allá de la observación microscópica de los daños.

El nuevo estudio da un paso importante porque combina dos métodos que rara vez se habían utilizado conjuntamente en una muestra tan amplia. Por un lado, los investigadores examinaron secciones de hueso al microscopio para medir el grado de bioerosión. Por otro, analizaron ADN antiguo conservado en los mismos fragmentos óseos para reconstruir las comunidades microbianas presentes.

La combinación de ambas técnicas permite relacionar directamente los daños observados en el tejido óseo con los microorganismos detectados en cada muestra.

xcavación arqueológica en un cementerio medieval de Stavanger, en Noruega
xcavación arqueológica en un cementerio medieval de Stavanger, en Noruega. Foto: Museo de Arqueología, Universidad de Stavanger

Los resultados muestran que la degradación no es un proceso uniforme. Algunos huesos estaban prácticamente intactos, mientras que otros habían perdido gran parte de su estructura original debido a la acción de microorganismos que excavaron complejas redes de túneles microscópicos.

Los huesos antiguos no son restos biológicamente silenciosos. Conservan señales microbianas capaces de revelar cómo evolucionan durante siglos después del entierro.

Los enterramientos bajo iglesias conservan mejor los huesos

Uno de los aspectos más interesantes del estudio tiene que ver con el entorno funerario. Los investigadores comprobaron que los restos hallados en espacios interiores, especialmente bajo los suelos de iglesias medievales, presentaban un estado de conservación significativamente mejor que los enterrados en cementerios exteriores.

La explicación parece estar relacionada con las condiciones ambientales. Bajo los templos, los sedimentos suelen permanecer más secos y estables, protegidos de la lluvia, de las fluctuaciones de humedad y de otros factores que favorecen la degradación biológica.

Los análisis estadísticos realizados por el equipo muestran que tanto la antigüedad de los restos como el lugar de enterramiento influyen de forma decisiva en la conservación del hueso.

Los esqueletos más recientes y aquellos depositados en espacios interiores registraban niveles mucho menores de bioerosión. En cambio, los enterramientos medievales al aire libre eran los que presentaban los daños más severos.

Este hallazgo resulta especialmente relevante para arqueólogos y conservadores, ya que permite comprender mejor por qué algunos yacimientos conservan restos humanos excepcionales mientras otros apenas ofrecen material aprovechable para la investigación.

La sorprendente paradoja de los huesos mejor conservados

Uno de los resultados más inesperados del trabajo es que los huesos mejor preservados no eran los que tenían menos microorganismos.

Ocurría precisamente lo contrario. Los investigadores descubrieron que las muestras con mejor estado de conservación presentaban una diversidad microbiana mucho más rica que los huesos gravemente deteriorados. Este patrón fue especialmente evidente en los enterramientos situados bajo iglesias.

A primera vista puede parecer contradictorio. Sin embargo, los autores plantean una explicación plausible. Los huesos mejor conservados mantienen más nutrientes, más estructuras internas y más espacios donde diferentes microorganismos pueden establecerse sin destruir completamente el tejido.

Por el contrario, cuando la degradación alcanza niveles extremos, gran parte de esos recursos desaparece. El resultado es un entorno mucho menos favorable para mantener una comunidad microbiana diversa.

Esta observación sugiere que la presencia de microorganismos no implica necesariamente una destrucción acelerada del hueso. Algunas comunidades podrían convivir con los restos durante siglos sin provocar una degradación significativa.

Por primera vez hemos podido relacionar las huellas microscópicas observadas en el hueso con microorganismos concretos detectados mediante ADN antiguo.

Las bacterias que aparecen una y otra vez

Entre todos los microorganismos detectados, un género destacó claramente sobre el resto: Streptomyces. Según indica el estudio, estas bacterias aparecieron en aproximadamente el 86 % de las muestras analizadas, una frecuencia que llamó especialmente la atención de los investigadores. Su presencia recurrente refuerza hipótesis planteadas en investigaciones anteriores que ya apuntaban a una posible relación entre estas bacterias y la degradación ósea.

Los científicos identificaron también otros géneros bacterianos asociados a distintos niveles de conservación. En los huesos moderadamente degradados aparecía con frecuencia Lysobacter, mientras que los restos más erosionados mostraban una mayor presencia de Streptosporangium.

La importancia de estos microorganismos radica en que algunos de sus representantes poseen genes capaces de producir enzimas que degradan el colágeno, uno de los componentes fundamentales de los huesos.

Aunque el estudio no puede demostrar de forma definitiva que estas bacterias sean las responsables directas de la bioerosión observada, sí proporciona algunas de las evidencias más sólidas obtenidas hasta ahora para relacionarlas con el proceso.

Sección de un fémur humano donde se observa bioerosión en la parte superior y tejido óseo bien conservado en la inferior
Sección de un fémur humano donde se observa bioerosión en la parte superior y tejido óseo bien conservado en la inferior. Foto: Museo de Arqueología, Universidad de Stavanger

El enigma de los hongos sigue sin resolverse

Otro de los grandes interrogantes de la investigación tiene que ver con los hongos. Las observaciones microscópicas permitieron detectar estructuras compatibles con hifas, esporas y otros restos fúngicos en numerosas muestras. Sin embargo, cuando los investigadores analizaron el ADN conservado en los huesos, apenas encontraron evidencia genética de hongos.

De hecho, solo un ejemplar proporcionó ADN fúngico identificable.

Esta discrepancia plantea nuevas preguntas. Es posible que los hongos hayan estado presentes en el pasado y que su material genético no se haya conservado adecuadamente. También podría ocurrir que las técnicas empleadas favorezcan la detección de ADN bacteriano frente al fúngico.

Por ahora, el papel exacto de los hongos en la degradación de los huesos arqueológicos continúa siendo uno de los grandes misterios de la tafonomía.

Los procesos biológicos que continúan actuando después de la muerte forman parte de la historia de cada individuo y de cada yacimiento.

Los muertos siguen contando historias

Más allá de las bacterias concretas identificadas, el principal valor del estudio reside en demostrar que los huesos conservan una memoria biológica mucho más compleja de lo que se pensaba.

Cada esqueleto funciona como una cápsula temporal donde quedan registradas las condiciones del enterramiento, los procesos químicos del suelo y la actividad de innumerables microorganismos.

Comprender estas interacciones no solo ayuda a explicar por qué algunos restos sobreviven durante siglos. También permite mejorar las estrategias de conservación, interpretar mejor los contextos arqueológicos y desarrollar nuevas herramientas para estudiar el pasado humano.

Lejos de ser simples vestigios silenciosos, los huesos antiguos continúan narrando historias. Algunas hablan de las personas que fueron enterradas. Otras, como demuestra esta investigación, revelan la extraordinaria vida microscópica que las acompañó durante siglos bajo tierra.

Referencias

  • Kaptan, D., Flemming Elvers, A. C., Kjær Knudsen, A., Schroeder, H., & Hollund, H. I. (2026). Histological and metagenomic analysis of microbial communities in archaeological human bones. PloS One21(5), e0340244. doi:10.1371/journal.pone.0340244

Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com

En la sección: Muy Interesante

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