Descubren que hace 780.000 años los homininos del Pleistoceno seleccionaban fuentes de basalto distintas según el tipo de herramienta

Hace casi 780.000 años, en la orilla de un lago prehistórico en el actual Israel, un grupo de homininos se dedicaba a recoger bloques de roca volcánica. La tarea era delicada, pues debían asegurarse de obtener el material que mejor se adaptaba a sus necesidades. La roca debía tener el grosor adecuado, la densidad justa y proceder del estrato preciso de la colada de basalto. Elegir mal podía significar horas de trabajo perdidas o una herramienta inútil. Elegir bien, por tanto, marcaba la diferencia entre una hacha perfecta y un trozo de piedra rota.
Un nuevo estudio publicado en Scientific Reports desvela, por primera vez con análisis geoquímicos, de dónde extraían el basalto los homininos que habitaron el yacimiento de Gesher Benot Ya’aqov (GBY), en el valle del Jordán. Los resultados apuntan a algo que va mucho más allá de la simple supervivencia: una estrategia de aprovisionamiento selectiva, estructurada y transmitida culturalmente a lo largo de generaciones. El trabajo, firmado por Tzahi Golan, Yoav Ben Dor y Naama Goren-Inbar, del Servicio Geológico de Israel y la Universidad Hebrea de Jerusalén, combina análisis de elementos traza, tierras raras y estadística multivariante para rastrear el origen de las hachas, las cuchillas y los núcleos gigantes hallados en distintos horizontes arqueológicos del yacimiento.
Un nuevo estudio publicado en Scientific Reports desvela, por primera vez con análisis geoquímicos, de dónde extraían el basalto los homininos que habitaron el yacimiento de Gesher Benot Ya’aqov (GBY), en el valle del Jordán.

Un yacimiento excepcional en una falla activa
Descubierto en los años 30 a orillas del río Jordán y excavado sistemáticamente desde 1989, el yacimiento de Gesher Benot Ya’aqov se sitúa dentro de la Falla del Mar Muerto, una de las zonas tectónicamente más activas del planeta. Esa inestabilidad geológica ha enterrado e incluso destruido muchos de los afloramientos basálticos que los homininos tenían a su alcance. Lo que hoy no se ve en superficie, por tanto, pudo haber estado expuesto hace 780.000 años.
Para sortear ese problema, los investigadores, además de analizar los basaltos visibles, también extrajeron muestras del sondeo Eshel Ya’aqov (EY). Perforado en el propio yacimiento hasta 121,5 metros de profundidad, el sondeo conserva un registro estratigráfico continuo de coladas volcánicas apiladas bajo los sedimentos. Esas muestras subterráneas resultaron ser clave. Su composición geoquímica coincide con la de muchos de los artefactos analizados, lo que indica que los homininos accedían a flujos de basalto que hoy están sepultados bajo tierra.
La composición geoquímica de las muestras del sondeo Eshel Ya’aqov coincide con la de muchos de los artefactos analizados, lo que indica que los homininos accedían a flujos de basalto que hoy están sepultados bajo tierra

La química de las herramientas revela su origen
El equipo analizó artefactos de distintos horizontes estratigráficos del yacimiento, como núcleos gigantes, hachas de mano, cuchillas y lascas, y los comparó con muestras de ocho afloramientos superficiales situados en un radio de unos 10 kilómetros. La mayoría de los artefactos presentó una composición geoquímica coincidente con los basaltos más próximos al yacimiento, a menos de 1 kilómetro de distancia.
Sin embargo, los datos revelan diferencias significativas según el tipo de herramienta. Los núcleos gigantes (bloques de más de 20 kilogramos, punto de partida para producir grandes lascas) se agrupan geoquímicamente con las muestras del sondeo EY y con los afloramientos del entorno inmediato. Para esta tarea, por tanto, los homininos se procuraban la roca más masiva y densa disponible cerca del campamento.
Las cuchillas, en cambio, cuentan una historia distinta. Su composición geoquímica, que se aleja claramente de la de las hachas y los núcleos, apunta a fuentes de basalto diferentes. Algunos estudios previos ya habían demostrado que fabricar una cuchilla achelense requería una mayor planificación cognitiva que producir un hacha. El nuevo estudio añade un dato revelador: esa planificación incluía buscar un tipo de roca muy concreto, con características físicas específicas como el grosor del estrato, la morfología de la losa y la densidad, que se obtenía en afloramientos concretos.
Los núcleos gigantes se agrupan geoquímicamente con las muestras del sondeo EY y con los afloramientos del entorno inmediato. Para fabricar cuchillas, en cambio, se buscaban fuentes de basalto diferentes.

La regla de la piedra correcta
Los investigadores observaron, además, que el patrón de aprovisionamiento se repite de forma consistente en varios horizontes arqueológicos, lo que implica una tradición cultural duradera, transmitida de generación en generación. Este comportamiento encaja con lo que los investigadores denominan una estrategia híbrida, basada en la combinación de una explotación local de roca para fabricar la mayoría de las herramientas con desplazamientos selectivos hacia fuentes específicas para determinados tipos de útiles. Algunos artefactos incluso se sitúan geoquímicamente fuera del rango de todas las fuentes muestreadas, lo que sugiere que los homininos también recurrían a coladas volcánicas hoy desaparecidas por la erosión o la tectónica.
El principio implícito en esa conducta tiene una formulación sorprendentemente moderna: la piedra correcta, para la herramienta correcta, en el momento correcto. Ese conocimiento no se improvisaba. Se aprendía, se practicaba y se transmitía.
Algunos artefactos incluso se sitúan geoquímicamente fuera del rango de todas las fuentes muestreadas, lo que sugiere que los homininos también recurrían a coladas volcánicas hoy desaparecidas por la erosión o la tectónica.

Un lugar elegido también por su geología
En el Pleistoceno Medio, GBY fue un enclave lacustre que proporcionaba agua, una vegetación abundante y una fauna diversa. Durante decenas de miles de años, distintos grupos de homininos regresaron una y otra vez. Los análisis geoquímicos demuestran que la disponibilidad de basalto de calidad era, junto con los recursos biológicos, uno de los factores que lo convirtieron en un lugar perfecto para acampar. La superposición geoquímica entre artefactos, basaltos superficiales y coladas subterráneas indica que los homininos podían abastecerse de todo lo necesario sin alejarse más de 1 kilómetro del asentamiento.
El conjunto de evidencias (la selección de tipos de basalto diferentes según la herramienta, la consistencia entre horizontes arqueológicos y el aprovechamiento de fuentes alejadas) apunta a capacidades cognitivas y organizativas de gran calado. Los homininos que habitaron la región hicieron uso de la planificación anticipada, un conocimiento profundo del paisaje y un aprendizaje social dinámico.
Referencias
- Golan, T., Ben Dor, Y. y Goren-Inbar, N. 2026. «Geochemical basalt investigation reveals procurement strategy at the Acheulian site of Gesher Benot Ya’aqov, Dead Sea Transform, Israel». Scientific Reports. DOI: https://doi.org/10.1038/s41598-026-51905-0
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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