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descubren una evolución relámpago tras el meteorito que acabó con los dinosaurios y nuevas especies surgieron en solo 2.000 años

📅 🕐 23 Ene 2026🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 6 min de lectura
descubren una evolución relámpago tras el meteorito que acabó con los dinosaurios y nuevas especies surgieron en solo 2.000 años
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Cuando el asteroide Chicxulub impactó la Tierra hace 66 millones de años, la vida en el planeta cambió para siempre. Extinciones masivas, incendios globales, un colapso en la cadena alimentaria y décadas de oscuridad atmosférica marcaron el fin de una era y el inicio de otra. Sin embargo, un reciente estudio liderado por la Universidad de Texas en Austin ha sacudido los cimientos de lo que sabíamos sobre la recuperación biológica tras eventos catastróficos. Según esta investigación, publicada en la revista Geology, la evolución de nuevas especies no tardó millones de años como se pensaba, sino que ocurrió en apenas unos pocos miles. De hecho, algunos organismos microscópicos se diversificaron tan rápido que lo ocurrido podría considerarse un auténtico “renacimiento evolutivo exprés”.

El equipo de paleontólogos, geoquímicos y microbiólogos que ha trabajado en esta reconstrucción del pasado ha logrado identificar la aparición de nuevas especies de foraminíferos planctónicos —unos diminutos organismos marinos que viven en la superficie del océano— en un intervalo de tiempo increíblemente corto: entre 2.000 y 6.000 años después del impacto. Para la escala geológica, donde los cambios suelen contarse por millones de años, este periodo es casi instantáneo.

El hallazgo pone en entredicho décadas de ideas asumidas sobre cómo se desarrolla la vida tras grandes extinciones. Y lo hace no solo con nuevos datos fósiles, sino con una innovadora forma de medir el tiempo geológico: el uso del isótopo Helio-3.

Una nueva forma de medir el tiempo del pasado

Hasta ahora, la cronología de los eventos posteriores al impacto de Chicxulub se basaba en la suposición de que los sedimentos se acumulaban de forma continua y a un ritmo constante. Sin embargo, los investigadores descubrieron que este supuesto era erróneo, especialmente tras un evento tan traumático como la extinción del Cretácico. Tras el impacto, el colapso de los ecosistemas provocó una alteración total en los ritmos de sedimentación. Las plantas desaparecieron en tierra firme, y en el mar, los organismos calcáreos que contribuían al fondo oceánico también fueron aniquilados en su mayoría. Esto generó un ritmo de acumulación de sedimentos inusualmente lento y errático.

Para solucionar este problema, el equipo utilizó Helio-3, un isótopo de origen extraterrestre que se acumula en los sedimentos marinos a un ritmo constante. Al medir su concentración en distintos puntos del límite K/Pg —la delgada capa geológica que marca el final del Cretácico—, los científicos pudieron calcular cuánto tiempo había pasado con una precisión mucho mayor.

Gracias a este método, se determinó que algunas de las nuevas especies, como Parvularugoglobigerina eugubina, surgieron en apenas 3.500 a 11.000 años después del impacto, dependiendo del lugar. Y no estuvieron solas: en ese corto lapso se documentó la aparición de entre 10 y 20 nuevas especies de foraminíferos.

Imagen obtenida mediante microscopía electrónica que muestra el delicado esqueleto de un foraminífero planctónico, Parvularugoglobigerina eugubina, uno de los primeros organismos en reaparecer tras la gran extinción
Imagen obtenida mediante microscopía electrónica que muestra el delicado esqueleto de un foraminífero planctónico, Parvularugoglobigerina eugubina, uno de los primeros organismos en reaparecer tras la gran extinción. Fuente: Chris Lowrey

Un ecosistema devastado… pero fértil

El estudio se centra en los foraminíferos, pero su importancia va mucho más allá de estos seres diminutos. En los ecosistemas marinos, los foraminíferos planctónicos ocupan un papel crucial: son la base de la cadena alimentaria. Su rápida recuperación indica que las condiciones oceánicas se estabilizaron con relativa celeridad tras el impacto.

Y esto tiene implicaciones profundas. Significa que, a pesar del cataclismo global —incendios, lluvia ácida, una oscuridad prolongada causada por el polvo atmosférico y un colapso total de la fotosíntesis—, la vida encontró una forma de volver. Es más, encontró una forma de reinventarse.

Esta «explosión evolutiva» temprana sugiere que el ecosistema no solo se estaba curando, sino que además generaba nichos ecológicos vacíos, listos para ser ocupados por nuevas formas de vida. Una especie desaparece, otra aparece. El equilibrio se reconstruye, pero de una manera nueva, imprevisible, irrepetible. La evolución, en lugar de frenarse, se acelera.

¿Qué nos dice esto sobre el presente?

Más allá de su importancia para comprender el pasado, el descubrimiento plantea reflexiones sobre el presente. Vivimos una época en la que muchas especies se enfrentan a una extinción masiva provocada por la actividad humana: cambio climático, pérdida de hábitat, contaminación, sobreexplotación de recursos. ¿Podría la vida recuperarse tan rápido como lo hizo hace 66 millones de años?

Los investigadores advierten que el contexto actual es muy diferente. En el pasado, la presión fue abrupta, brutal, pero terminó. Hoy, la presión es constante y cada vez mayor. Sin embargo, los resultados del estudio ofrecen una pizca de esperanza: si se frenan las causas del colapso, la vida tiene una capacidad asombrosa de regenerarse.

El caso de los foraminíferos también demuestra la importancia de los organismos microscópicos para la reconstrucción ecológica. Sin ellos, el renacimiento de la vida tras el impacto habría sido imposible. Son pequeños, pero fundamentales. Y lo mismo ocurre hoy: proteger a los organismos invisibles es proteger el futuro del planeta.

Recreación artística del mundo marino tras el impacto del asteroide: formas de plancton y algas emergen junto a los restos de un reptil marino ya extinto
Recreación artística del mundo marino tras el impacto del asteroide: formas de plancton y algas emergen junto a los restos de un reptil marino ya extinto. Fuente: The University of Texas at Austin Jackson School of Geosciences/John Maisano

Una ventana a la velocidad de la evolución

Hasta ahora, la aparición de nuevas especies en el registro fósil era vista como un proceso lento, acumulativo, dependiente de mutaciones genéticas aleatorias y cambios graduales en el ambiente. Pero lo observado tras el impacto de Chicxulub rompe esa lógica.

En condiciones extremas, la evolución se acelera. El trauma del cataclismo, lejos de paralizar la biodiversidad, la disparó. La presión selectiva fue tan intensa que solo sobrevivieron los más adaptables, y en ese nuevo mundo sin competencia, la diversificación se volvió inevitable.

La evolución, como la vida misma, no sigue una única ruta. Puede ser lenta o rápida, progresiva o explosiva. Puede estar dormida durante milenios y, de pronto, despertar en una oleada de formas nuevas. Este nuevo estudio no solo describe una historia del pasado: nos recuerda que la vida, aunque frágil, es también sorprendentemente resistente.

Referencias

  • Christopher M. Lowery et al, New species evolved within a few thousand years of the Chicxulub Impact, Geology (2026). DOI: 10.1130/g53313.1

Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com

En la sección: Muy Interesante

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