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Humor y Curiosidades

el descubrimiento de un hueso de 110.000 años está obligando a revisar una parte clave del pasado neandertal

📅 🕐 31 Mar 2026🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 7 min de lectura
el descubrimiento de un hueso de 110.000 años está obligando a revisar una parte clave del pasado neandertal
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En el corazón de las montañas del Altái, en Siberia, la cueva de Denisova se ha convertido en uno de esos lugares excepcionales donde el pasado parece haberse acumulado por capas. Allí han aparecido restos de denisovanos, neandertales e incluso de un individuo con padre denisovano y madre neandertal. Pocos yacimientos ofrecen una visión tan densa de la convivencia —y del cruce— entre distintas humanidades del Pleistoceno. Pero el nuevo protagonista de esta historia no es un cráneo completo ni una mandíbula monumental, sino algo mucho más modesto: una diminuta esquirla ósea.

Ese fragmento, identificado como Denisova 17 o D17, apenas llamaría la atención fuera de un laboratorio. No tiene la potencia visual de los grandes fósiles que llenan titulares. Sin embargo, la genética ha convertido ese resto casi anónimo en un documento histórico de primer orden. Tal y como indica el estudio publicado en PNAS, el equipo encabezado por Diyendo Massilani logró reconstruir a partir de él un genoma neandertal de altísima calidad, con una cobertura aproximada de 37 veces, una cifra extraordinaria para un resto tan antiguo.

La relevancia del hallazgo no reside solo en su calidad técnica. También en su antigüedad. D17 vivió hace unos 110.000 años, mucho antes que la mayoría de los neandertales que conocemos bien desde el punto de vista genético. Hasta ahora, gran parte de la imagen que teníamos de ellos procedía de individuos cercanos al final de su historia, cuando esta humanidad ya se encontraba en sus últimos compases. En cierto modo, estábamos intentando comprender toda una civilización biológica observando solo sus páginas finales.

Lo que hace singular a D17 es que nos obliga a mirar más atrás, a un momento en que los neandertales todavía ocupaban buena parte de Eurasia y su historia aún no había desembocado en el desenlace que conocemos. Y esa mirada más profunda cambia por completo la pregunta. Ya no se trata solo de averiguar cómo desaparecieron, sino de entender cómo estaban organizados cuando todavía formaban parte del mosaico humano del continente.

Una misma cueva, dos tiempos y una historia mucho menos simple

La primera gran sorpresa del trabajo tiene algo de ironía histórica. D17 no es el primer gran neandertal recuperado en ese lugar. Años atrás, en la cueva de Denisova, ya se había secuenciado otro individuo de enorme importancia: Denisova 5 o D5, una mujer neandertal datada en torno a 120.000 años. La lógica más intuitiva invitaría a pensar que ambos pertenecían a una misma comunidad estable, asentada durante generaciones en el mismo refugio.

Pero la genética no ha confirmado esa idea tan lineal.

Tal y como ha revelado el paper, D17 y D5 estaban estrechamente emparentados a escala poblacional, pero no eran antepasado y descendiente directos. Procedían de linajes cercanos, sí, aunque diferenciados dentro de una misma historia regional. Eso cambia mucho las cosas. Sugiere que la cueva de Denisova no fue el hogar permanente de un único grupo neandertal, sino un punto recurrente dentro de un territorio más amplio utilizado durante milenios por poblaciones emparentadas, aunque no idénticas.

Fragmento óseo del que se extrajo ADN neandertal de hace 110.000 años
Fragmento óseo del que se extrajo ADN neandertal de hace 110.000 años. Foto: Diyendo Massilani

Esa conclusión, aparentemente técnica, tiene un enorme valor histórico. Habla de una presencia prolongada de neandertales en el Altái, pero también de una ocupación discontinua, fragmentada y vulnerable. Es decir, dibuja un mundo mucho más inestable de lo que suele imaginarse cuando pensamos en “los neandertales” como si fueran una única población compacta extendida de punta a punta por Eurasia.

Y esa imagen se vuelve todavía más inquietante cuando se observa lo que su ADN dice sobre el tamaño real de sus comunidades.

Durante mucho tiempo se pensó en los neandertales como una población relativamente uniforme, pero este estudio sugiere un mapa humano mucho más fragmentado.

La pista decisiva no estaba en el fósil, sino en su aislamiento

Durante buena parte del estudio, el verdadero drama no está en el hueso, sino en los largos tramos de ADN repetido presentes en el genoma de D17. En genética de poblaciones, esto se interpreta como una señal de que una persona heredó fragmentos muy similares por vía materna y paterna. En otras palabras: sus padres compartían antepasados muy recientes.

Tal y como ha adelantado la investigación, tanto D17 como otros neandertales del Altái muestran señales de haber vivido en comunidades extraordinariamente pequeñas, probablemente de menos de 50 individuos bajo escenarios demográficos realistas . No es un detalle menor. Una población de ese tamaño vive al borde de la fragilidad genética permanente.

Ese aislamiento ya se había intuido en estudios previos, pero aquí adquiere una dimensión mucho más clara. No estamos hablando solo de grupos dispersos. Estamos hablando de poblaciones que, durante miles de años, pudieron evolucionar casi como pequeñas islas biológicas dentro del continente.

Y es precisamente ahí donde el trabajo guarda su revelación más potente.

El neandertal D17 y su relación genética con otros neandertales
El neandertal D17 y su relación genética con otros neandertales. Fuente: Proceedings of the National Academy of Sciences (2026)

El hallazgo que cambia lo que sabíamos sobre los neandertales

La gran conclusión del estudio es que los neandertales orientales de Altái —representados por D5 y D17— estaban genéticamente tan diferenciados de los neandertales occidentales europeos como hoy pueden estarlo algunas de las poblaciones humanas más separadas del planeta .

Esa comparación es enorme. Significa que, en un lapso relativamente corto y dentro de un espacio geográfico no tan inmenso, distintas poblaciones neandertales acumularon diferencias genéticas a una velocidad sorprendente. No porque fueran “más evolucionadas” ni porque estuvieran cambiando de forma espectacular, sino porque en grupos tan pequeños la deriva genética actúa con mucha más fuerza. Cuando hay poca gente, los cambios aleatorios se fijan antes.

La imagen clásica del neandertal europeo ya no basta para explicar lo que ocurría en Eurasia hace más de 100.000 años.

La imagen que emerge es radicalmente distinta de la que solemos proyectar desde nuestra propia historia. Los ancestros de los humanos actuales mantuvieron, incluso tras expandirse fuera de África, una conectividad suficiente como para no fragmentarse tanto. Los neandertales, en cambio, parecen haber vivido a menudo como una red de poblaciones regionales separadas, con contactos limitados y reemplazos periódicos.

El estudio añade además un detalle fascinante: tanto D17 como D5 muestran señales de mezcla con denisovanos, algo que no aparece con la misma claridad en neandertales posteriores de la región ni en los europeos. Es decir, hubo un Altái antiguo donde distintas humanidades no solo compartieron territorio, sino también descendencia, antes de que otros grupos neandertales ocuparan ese mismo paisaje.

Al final, lo que revela la cueva de Denisova no es una historia simple de presencia y desaparición. Lo que aparece es una frontera humana en constante recomposición, donde grupos pequeños, aislados y a veces mezclados entre sí dejaron una huella genética mucho más compleja de lo que se pensaba.

Referencias

  • Diyendo Massilani et al, A high-coverage Neandertal genome from the Altai Mountains reveals population structure among Neandertals, Proceedings of the National Academy of Sciences (2026). DOI: 10.1073/pnas.2534576123

Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com

En la sección: Muy Interesante

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