Hace más de 43.000 años, los neandertales pasaron generaciones recogiendo cráneos de animales en una cueva

Los restos óseos encontrados en algunas cuevas europeas no siempre encajan con una explicación sencilla. En ciertos casos, su distribución, selección y estado de conservación obligan a pensar más allá de la caza o el consumo de carne. En una galería estrecha del sistema kárstico de la cueva de Des-Cubierta (Pinilla del Valle, Madrid), en el valle del Lozoya, la acumulación reiterada de cráneos de grandes herbívoros con apéndices defensivos plantea precisamente ese tipo de interrogantes. No se trata de un refugio habitual ni de un espacio doméstico, sino de un lugar al que los neandertales acudieron de forma recurrente durante un largo periodo de tiempo para depositar restos muy concretos.
Un estudio reciente analiza este conjunto excepcional desde una perspectiva poco habitual en la divulgación: la de los procesos de formación del yacimiento. El trabajo, liderado por Lucía Villaescusa y publicado en Archaeological and Anthropological Sciences, combina análisis espaciales, geológicos y tafonómicos para reconstruir cómo llegaron esos cráneos hasta allí y qué ocurrió después. A partir de esa reconstrucción, los autores defienden que la acumulación no responde a un único episodio ni a procesos naturales, sino a una práctica reiterada y culturalmente motivada de los neandertales.
Una cueva que no era un hogar
La galería donde se concentran los cráneos forma parte de la cueva de Des-Cubierta, un sistema complejo cuya morfología cambió con el tiempo debido a derrumbes sucesivos del techo. Este espacio, estrecho y alargado, no muestra evidencias claras de ocupación cotidiana, como áreas de descanso o acumulaciones domésticas habituales. Sin embargo, en el nivel 3 del yacimiento se documenta un conjunto excepcional de al menos 35 cráneos de grandes ungulados, muchos de ellos con cuernos o astas, que contrasta con la ausencia de otros restos esperables si se tratara de un lugar de habitación.
El paper subraya que esta ausencia es clave para la interpretación del yacimiento. Según los autores, “el caso de la cueva de Des-Cubierta destaca por el tamaño y la recurrencia del comportamiento, así como por la ausencia de evidencias de ocupación neandertal en la galería”. Esta combinación obliga a descartar explicaciones simples basadas en el uso funcional del espacio. La galería no era un vertedero casual ni un refugio ocasional, sino un lugar al que se acudía con un propósito específico.
Además, la acumulación no se limita a un único momento. Los cráneos aparecen distribuidos a lo largo de un depósito de unos dos metros de espesor, lo que indica que fueron introducidos en diferentes fases. Esta persistencia verticalsugiere una práctica mantenida durante generaciones, no un episodio aislado ligado a un evento concreto o a una sola comunidad.

La selección de los cráneos no fue casual
Uno de los aspectos más llamativos del conjunto es la homogeneidad anatómica de los restos. Los cráneos pertenecen a grandes herbívoros, muchos de ellos con apéndices defensivos como cuernos o astas, y muestran un patrón repetido de modificación humana. En varios casos se identifican marcas de corte y percusión, lo que indica que los animales fueron procesados antes de que sus cráneos llegaran a la cueva.
El estudio insiste en que esta selección no responde a criterios de aprovechamiento alimentario. Los animales no fueron transportados enteros, ni se acumularon otras partes del esqueleto en proporciones comparables. En palabras del artículo, se trata de “la selección deliberada de especies con apéndices craneales para el procesamiento de las carcasas fuera de la cueva, seguida de la introducción intencional de cráneos modificados en esta galería estrecha”. Esta secuencia implica una planificación previa y una clara diferenciación entre espacios de actividad.
El hecho de que los cráneos llegaran ya modificados refuerza la idea de que su depósito tenía un significado propio. No eran simples desechos de la caza, sino objetos seleccionados, transportados y colocados en un lugar concreto. La repetición de este patrón durante un largo periodo apunta a una tradición compartida, transmitida dentro de los grupos neandertales que frecuentaron la zona.
Geología, derrumbes y contexto sedimentario
Para entender el significado de la acumulación, el estudio dedica una parte sustancial a analizar los procesos geológicosque afectaron a la galería. El nivel 3 está dominado por un depósito en forma de cono, generado por derrumbes sucesivos del techo de la cueva. Estos procesos naturales condicionaron tanto la distribución como el estado de conservación de los restos arqueológicos.
Mediante análisis geoestadísticos, los autores distinguen claramente entre la distribución de los materiales geológicos y la de los restos arqueológicos. Esta separación es fundamental, ya que demuestra que los cráneos no fueron arrastrados pasivamente por los derrumbes. Tal como señala el paper, “los materiales geológicos y arqueológicos exhiben patrones espaciales distintos, confirmando dinámicas de formación separadas para cada tipo de material”.

Los derrumbes sí influyeron en la fragmentación posterior de los cráneos, pero no explican su introducción inicial en la galería. Los análisis de remontaje óseo muestran que el desplazamiento posterior fue limitado y que muchos fragmentos permanecieron relativamente cerca de su posición original. Esto permite reconstruir con mayor fiabilidad el patrón de depósito original y descartar que la acumulación sea un efecto secundario de procesos naturales.
Un comportamiento repetido a lo largo del tiempo
Uno de los resultados más sólidos del estudio es la demostración de que la acumulación de cráneos fue un proceso recurrente, no un evento puntual. La presencia de cráneos a diferentes alturas dentro del depósito indica que fueron introducidos en fases sucesivas, separadas por periodos de acumulación sedimentaria. Esta alternancia sugiere visitas repetidas a la galería a lo largo de un tiempo prolongado.
El artículo lo expresa con claridad al señalar que “la acumulación de cráneos de grandes herbívoros no fue un único evento deposicional, sino el resultado de episodios repetidos integrados en un proceso de uso de la galería a largo plazo”. Esta reiteración es difícil de explicar si no se acepta que existía una motivación cultural detrás del gesto de depositar los cráneos en ese lugar concreto.
Además, el hecho de que los cráneos se concentren en la parte más amplia de la galería sugiere una elección consciente del espacio. No se distribuyen al azar, ni se acumulan en zonas de difícil acceso. Esta regularidad espacial refuerza la idea de una práctica estructurada, con reglas implícitas compartidas por quienes participaron en ella.
Más allá de la supervivencia
La interpretación final del estudio se sitúa en un terreno delicado pero cada vez más explorado: el de las prácticas simbólicas neandertales. Durante décadas, este tipo de comportamientos se atribuyó casi en exclusiva a Homo sapiens, mientras que los neandertales eran descritos como grupos centrados en la supervivencia inmediata. Sin embargo, evidencias como las de Des-Cubierta obligan a matizar esa visión.
El paper afirma que la reiteración de esta práctica “pone de relieve la naturaleza estructurada y transmitida de este comportamiento, añadiendo una pieza significativa al debate más amplio sobre la complejidad y el potencial simbólico de las expresiones culturales neandertales”. No se trata de afirmar que los neandertales compartieran los mismos sistemas simbólicos que las sociedades humanas posteriores, sino de reconocer que sus comportamientos podían tener significados que iban más allá de lo puramente funcional.
Lo que motivó exactamente la acumulación de cráneos sigue siendo una incógnita. El estudio es prudente y evita interpretaciones especulativas. Sin embargo, deja claro que el gesto no estaba directamente relacionado con la obtención de alimento. En ese sentido, la cueva de Des-Cubierta se convierte en un ejemplo sólido de comportamiento no subsistencial en el Paleolítico medio, documentado con un nivel de detalle poco habitual.
Un yacimiento clave para entender a los neandertales
Más allá del caso concreto, el valor del estudio reside también en su enfoque metodológico. La combinación de análisis espaciales, geológicos y tafonómicos permite separar con mayor precisión lo que es resultado de la acción humana de lo que se debe a procesos naturales posteriores. Este enfoque es especialmente importante en contextos kársticos, donde los derrumbes y la erosión pueden alterar profundamente el registro arqueológico.
El trabajo demuestra que es posible identificar patrones de comportamiento complejos incluso en entornos geológicamente dinámicos. Al hacerlo, abre la puerta a reinterpretar otros yacimientos donde acumulaciones similares fueron descartadas en el pasado como simples anomalías naturales. La cueva de Des-Cubierta no es un caso aislado, pero sí uno de los mejor documentados.
En última instancia, este estudio contribuye a una imagen más matizada de los neandertales. Lejos de ser grupos homogéneos y predecibles, mostraron una diversidad de comportamientos que incluía prácticas repetidas, transmitidas y aparentemente desligadas de la supervivencia inmediata. Entender esas prácticas no solo amplía nuestro conocimiento sobre ellos, sino que también obliga a replantear qué entendemos por cultura en la prehistoria humana.
Referencias
- Villaescusa, L., Baquedano, E., Martín-Perea, D. M., Márquez, B., Galindo-Pellicena, M. Á., Cobo-Sánchez, L., et al. Towards a formation model of the Neanderthal symbolic accumulation of herbivore crania: Spatial patterns shaped by rockfall dynamics in Level 3 of Des-Cubierta Cave (Lozoya valley, Madrid, Spain). Archaeological and Anthropological Sciences (2026). https://doi.org/10.1007/s12520-025-02382-5.
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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