Hallan a 83 metros de profundidad dos pecios de la Segunda Guerra Mundial que recuperan el conflicto olvidado en el Pacífico Norte

En junio de 1942, las fuerzas del Ejército Imperial Japonés desembarcaron en Attu, la isla más occidental de las Aleutianas. Fue el primer y único momento desde la Guerra de 1812 en que una potencia extranjera ocupó territorio norteamericano. La campaña militar que siguió a este hecho se cobró más de 3.000 vidas en tres semanas de combate encarnizado entre el barro y la niebla del Ártico. Más de ochenta años después, un equipo de arqueólogos marítimos e hidrólogos ha realizado la primera exploración sistemática del patrimonio sumergido de Attu.
En las frías aguas del mar de Bering descansan, separados por 25 km, los restos de dos naufragios que encarnan el conflicto: el Kotohira Maru, un carguero militar japonés hundido el 5 de enero de 1943, y el SS Dellwood, un barco cablero estadounidense que se fue a pique el 20 de julio de ese mismo año. Aunque ninguno de los dos navíos participó directamente en la batalla terrestre de Attu, cada uno representa un engranaje esencial en la maquinaria de guerra que transformó para siempre aquella isla arrebatada a su pueblo, los saskinax̂.
Financiado por la NOAA y el Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos, el proyecto combinó el sonar de apertura sintética e imágenes obtenidas con vehículos operados de forma remota para documentar por primera vez los restos de ambos buques. El estudio con los resultados del proyecto se publicó en 2026 en la revista Heritage.
El proyecto combinó el sonar de apertura sintética e imágenes obtenidas con vehículos operados de forma remota para documentar los restos de los buques Kotohira Maru y SS Dellwood, hundidos durante la Segunda Guerra Mundial.

Un carguero japonés bajo el sonar: el hallazgo del Kotohira Maru
El Kotohira Maru se botó en 1918 en los astilleros Osaka Iron Works. En aquel momento, la nave se conocía con el nombre de Taibu Maru. Con 124 metros de eslora y un desplazamiento de 6.101 toneladas brutas, era un carguero de propulsión a vapor que había participado en la invasión japonesa de Birmania antes de ser reasignado al sector de las islas Kuriles. El 31 de diciembre de 1942 partió de Paramushir sin escolta, con un cargamento de madera, materiales de construcción, provisiones y combustible destinados a la guarnición de Attu.
El 5 de enero de 1943, un bombardero B-24 de la 11.ª Fuerza Aérea lo detectó cuando se aproximaba a la bahía de Holtz y lanzó doce bombas de 500 libras desde 1.500 metros. Dos impactaron directamente en el costado y la proa: dejaron el carguero ardiendo y escorado a casi 8 kilómetros de la orilla. Al día siguiente, un segundo B-24 confirmó el hundimiento.
El equipo de arqueólogos halló los restos a 83 metros de profundidad, casi 2 kilómetros al sur de las coordenadas señaladas en las antiguas cartas náuticas. Las imágenes sonar revelaron un pecio en notable estado de conservación. La popa permanece erguida, mientras la proa, arrancada por el impacto, yace volcada sobre su costado de estribor. Entre los elementos identificados, destacan seis escotillas de carga, el motor de expansión triple y al menos una de las tres calderas escocesas de 4 metros de diámetro y 3,5 de longitud.
El 31 de diciembre de 1942, el Kotohira Maru partió de Paramushir sin escolta, con un cargamento de madera, materiales de construcción, provisiones y combustible destinados a la guarnición de Attu.

El drama de la tripulación: vidas borradas de los archivos
Las investigaciones de archivo aún no han podido identificar a ninguno de los marineros del Kotohira Maru. Según el interrogatorio de posguerra al comandante Tadao Kuwahara, es posible que a bordo viajara también un pelotón de tropas. Las fuentes secundarias mencionan el rescate de dos supervivientes, pero los investigadores consideran este dato inverosímil por la ubicación del hundimiento y las condiciones del mar de Bering. El equipo ha contactado con la Asociación Japonesa de Recuperación y Repatriación de Víctimas de Guerra para intentar identificar a los caídos.

Botado en Oakland en 1919, el SS Dellwood se reconvirtió en barco cablero dos años más tarde. Durante casi una década, fue el único buque de aguas profundas del gobierno estadounidense. El Dellwood tendió y reparó los cables del sistema WAMCATS, que mantenía Alaska en comunicación con el resto del país.
Su historial de servicio incluye una vuelta al mundo filmada para el Cuerpo de Señales del Ejército, el transporte de unos 600 kilómetros de madera para reconstruir Nome tras el Gran Incendio de 1934 y el transporte de pasajeros y correo en Alaska. El 19 de julio de 1943, de nuevo en servicio militar, comenzó a tender 64 kilómetros de cable entre Attu y la base aérea de Shemya. Al día siguiente, encalló en un pináculo submarino sin cartografiar frente al Cabo Alexai. El buque se hundió en la madrugada del 20 de julio, a unos 5.000 metros de la costa.
El historial del SS Dellwood incluye una vuelta al mundo filmada, el transporte de unos 600 kilómetros de madera para reconstruir Nome tras el Gran Incendio de 1934 y el transporte de pasajeros y correo en Alaska.
Lo que revelan los restos: demolición y olvido en la bahía de Massacre
El pecio del SS Dellwood se localizó el 20 de julio de 2024, exactamente 81 años después de su hundimiento. A diferencia del Kotohira Maru, el Dellwood presenta una destrucción casi total. El casco está prácticamente aplanado. Los arqueólogos identificaron el eje de la hélice, dos calderas rectangulares y los restos del sistema de tendido de cable. La causa de dicho aplastamiento fue, probablemente, la demolición controlada con explosivos para eliminar el peligro en la navegación en la bahía de Massacre, un puerto que se mantuvo activo en Attu hasta 1947.

Dos naufragios, una memoria silenciada
Más allá de su valor arqueológico, ambos naufragios son testigos de la injusticia sufrida por la población local, los saskinax̂. Los 42 habitantes originarios de Attu fueron deportados a Hokkaido por los japoneses. De ellos, solo 25 sobrevivieron. Cuando regresaron a Alaska en 1945, se les prohibió volver a su tierra. El Kotohira Maru simboliza la ocupación que inició ese exilio; el SS Dellwood, la transformación de Attu en un puesto militar que lo perpetuó. La primera exploración arqueológica del fondo marino de Attu, por tanto, ha querido tanto rescatar los dos pecios del olvido como devolver la voz a una historia silenciada.
Referencias
- Bush, D., Raupp, J. T. y Unrein, A. 2026. «Exploration of Alaska’s World War II Submerged Heritage: The Kotahira Maru and SS Dellwood Wreck Sites off Attu Island». Heritage, 9, 166. DOI: https://doi.org/10.3390/heritage9050166
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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