Hallan en Border Cave las camas vegetales más antiguas del mundo: tienen 200.000 años y revelan patrones de gestión doméstica sorprendentes

En una cueva encaramada en los montes Lebombo, en la frontera entre Sudáfrica y Eswatini, las comunidades humanas organizaron su vida de manera eficiente hace cientos de miles de años. Esa cueva recibe el nombre de Border Cave y es más que un yacimiento arqueológico: se ha convertido en un archivo de 227.000 años de historia humana. Ahora, un nuevo estudio publicado en 2026 en el Journal of Archaeological Science amplía lo que sabemos sobre uno de los comportamientos más cotidianos y reveladores de nuestra especie: dormir en una cama.
Descansar bien importa y es esencial para mantenernos activos durante el día, pero ¿desde cuándo dormimos en casa? La fabricación de superficies vegetales para reposar, como los lechos de gramíneas, juncos y otras plantas, es uno de los indicios más tempranos de que nuestros antepasados gestionaban el espacio doméstico de manera consciente y ordenada. En Border Cave, los restos de camas vegetales más antiguos del mundo se remontan a unos 200.000 años. Sin embargo, hasta ahora solo una fracción mínima de la larga secuencia estratigráfica del yacimiento se había analizado a escala microscópica, lo que dejaba enormes lagunas en el conocimiento.
Peter Morrissey, de la Universidad de Witwatersrand, y Dominic Stratford, de la Universidad de Stony Brook, han puesto remedio a esa carencia con un análisis micromorfológico que abarca depósitos de entre 200.000 y 43.000 años A. P. El resultado de esta investigación no solo amplía el catálogo de lechos conocidos de la Edad de Piedra, sino que también ilumina, con un detalle sin precedentes, los hábitos de mantenimiento del hogar de los primeros Homo sapiens.
La investigación en el yacimiento africano de Border Cave amplía el catálogo de lechos conocidos de la Edad de Piedra e ilumina los hábitos de mantenimiento del hogar de los primeros Homo sapiens.

El microscopio como máquina del tiempo
La micromorfología es la técnica que permite a los arqueólogos leer la historia de un suelo como si fuera un libro. Consiste en extraer bloques de sedimento, impregnarlos con resina y cortarlos en láminas de apenas 30 micras de grosor para analizarlos con el microscopio petrográfico. Gracias a este método, Morrissey y Stratford identificaron seis microfacies (grupos de depósitos con propiedades microscópicas coherentes) distintas que corresponden a diferentes tipos y estados de conservación de lechos vegetales.
El análisis permitió identificar lechos quemados, parcialmente carbonizados, desecados e incluso pisoteados repetidamente. La quema controlada era una estrategia habitual de mantenimiento: al incinerar las camas viejas, los ocupantes eliminaban parásitos y preparaban la superficie para una nueva capa de material fresco.
En algunos casos, los investigadores encontraron evidencias de que, antes de montar los lechos, se extendía una capa de ceniza sobre el suelo, posiblemente como aislante térmico y repelente de insectos. Ya en los sedimentos de hace 200.000 años, las investigaciones previas habían detectado la práctica de barrer y redistribuir la ceniza antes de tender la cama. El nuevo análisis confirma que este comportamiento se repite a lo largo de casi toda la secuencia, aunque con variaciones.
El análisis permitió identificar lechos quemados, parcialmente carbonizados, desecados e incluso pisoteados repetidamente.

Rutinas domésticas en la prehistoria
Los datos proporcionan la imagen de una cueva habitada de forma recurrente y gestionada de manera racional y eficiente. Los ocupantes de Border Cave no dormían sobre el suelo desnudo, sino que construían y renovaban sus camas de forma sistemática. El material principal que utilizaban era la hierba panicoidea, típica de las zonas de sabana húmeda que rodeaban el abrigo durante los períodos más lluviosos. En los depósitos anteriores a 49.000 años A. P. también aparecen restos de juncos.
Por otro lado, los investigadores detectaron diferencias notables a lo largo de la secuencia estratigráfica. Las muestras de arena marrón (capas que, según la interpretación clásica, representan períodos de escasa ocupación) contienen lechos con señales de mantenimiento intensivo, esto es, quema completa, fuerte pisoteo y renovaciones repetidas. Esto sugiere que en esos períodos se produjeron episodios de ocupación breve e intensa. En cambio, los lechos de los niveles más recientes, entre 60.000 y 43.000 años a. P., muestran menor perturbación y quemas incompletas, lo que apunta a estancias menos frecuentes.
El material principal que utilizaban era la hierba panicoidea, típica de las zonas de sabana húmeda que rodeaban el abrigo durante los períodos más lluviosos.

Border Cave en el mapa mundial del sueño prehistórico
A escala global, los análisis microscópicos de lechos de la Edad de Piedra son muy escasos. Los casos documentados se concentran en el sur de África (Sibhudu, Diepkloof, Faraoskop y ahora Border Cave) y algunos yacimientos del Mediterráneo. Border Cave aporta la secuencia más larga jamás estudiada con este grado de detalle, pues abarca más de 150.000 años de historia ininterrumpida.
Las diferencias entre los lechos de Border Cave y los de Sibhudu o Diepkloof, además, resultan reveladoras. En Border Cave, la combustión fue más intensa que en el caso de Sibhudu, debido quizás a que las camas de Border Cave eran más delgadas o a que las gramíneas panicoideas arden de forma distinta a los juncos. Estas divergencias reflejan variaciones regionales en la selección de plantas y demuestran que no existía una única forma de hacer un lecho en la Edad de Piedra.
En algunos casos, los investigadores encontraron evidencias de que, antes de montar los lechos, se extendía una capa de ceniza sobre el suelo, posiblemente como aislante térmico y repelente de insectos.

Lo que aún guarda la cueva entre sus capas
Morrissey y Stratford son los primeros en reconocer las limitaciones de su trabajo. Las muestras que han tomado proceden de puntos dispersos del yacimiento, lo que dificulta establecer patrones precisos. El potencial de Border Cave, sin embargo, es enorme. Se han identificado 47 lechos vegetales adicionales que aún esperan un análisis micromorfológico, mientras que el estudio de secuencias completas permitirá reconstruir los cambios en los comportamientos domésticos a lo largo de las glaciaciones. Lo que este estudio deja fuera de toda duda es que la organización del espacio doméstico (elegir dónde dormir, preparar el suelo, renovar la cama y quemarla) era ya una parte integral de la vida humana hace 200.000 años.
Referencias
- Morrissey, P. y Stratford, D. 2026. «New microscale insights into plant-based bedding construction and maintenance between 200,000 and 43,000 years ago at Border Cave, South Africa». Journal of Archaeological Science, 191, 106592. DOI: https://doi.org/10.1016/j.jas.2026.106592
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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