Hallan en Escocia el altar romano más enigmático de Britania: se diseñó para crear efectos luminosos durante los rituales del culto a Mitra

En el año 2010, antes de que una excavadora comenzara a remover la tierra del parque Lewisvale, al este de Edimburgo, los arqueólogos recibieron el encargo de inspeccionar el subsuelo. Se trata de un tipo de intervención habitual para evitar posibles daños al patrimonio. Lo que encontraron, sin embargo, no tenía precedentes en Escocia. Se trataba de un altar romano de dos piezas, tallado en arenisca de color ocre, que llevaba casi 19 siglos enterrado bajo el césped de un terreno donde se construiría un pabellón de críquet.
El altar se dedicó a Sol, el dios romano de la luz, y forma parte de uno de los cultos más enigmáticos de la Antigüedad. Su cara frontal esconde un mecanismo de iluminación de una efectividad asombrosa: los ojos, la boca y los seis rayos de la corona del dios Sol se perforaron para que la luz pudiera atravesarlos desde el interior. La inscripción grabada en su superficie, publicada en el catálogo académico Roman Inscriptions of Britain, permite identificar al dedicante como el centurión Gaius Cassius Flavianus, quien posiblemente estuvo al mando del puesto militar romano de Inveresk.
Junto al altar, además, apareció un segundo monumento dedicado al dios Mitra, compañero inseparable de Sol en los rituales subterráneos que los soldados del Imperio celebraban en la más absoluta oscuridad. Juntos, estos dos objetos únicos en Escocia revelan una religión secreta, reservada a los hombres, que prometía luz eterna en la vida después de la muerte.
En el parque escocés de Lewisvale, se halló un altar al dios Sol dedicado por el centurión Gaius Cassius Flavianus. La pieza se utilizó probablemente durante los ritos mistéricos de un culto secreto.

Un altar diseñado para brillar en la oscuridad
La pieza está fabricada en arenisca, mide 0,55 metros de ancho por 0,31 de profundidad (aunque, en origen, la pieza alcanzaba más de 1,20 metros de altura) y su estado de conservación es notable a pesar de haberse partido en dos. En la parte superior, cuatro bustos femeninos tallados en altorrelieve representan las cuatro estaciones: Primavera, Verano, Otoño e Invierno, identificables gracias a sus peinados y tocados. En el centro del monumento, el rostro de Sol emerge dentro de un círculo inciso, con la corona de cuatro radios característica del dios.
Uno de los detalles más extraordinarios de la pieza deriva de su diseño técnico. Los ojos, la boca y los extremos de los rayos del dios se perforaron para que, una vez iluminada la parte trasera del altar, mediante un hueco rectangular excavado en la piedra, se creara un efecto vivaz. Aún se aprecian restos de pintura roja en la cara frontal. Se trata, en palabras de los especialistas, de un dispositivo pensado para producir un efecto teatral y religioso de gran impacto en los iniciados.
Una provisión de iluminación similar, aunque menos elaborada, se conoce en uno de los altares del mitreo de Carrawburgh, en el muro de Adriano. El de Inveresk, sin embargo, es el más sofisticado hallado hasta la fecha en territorio escocés y uno de los mejor conservados de todo el Imperio romano en Britania.
Se trata, en palabras de los especialistas, de un dispositivo pensado para producir un efecto teatral y religioso de gran impacto en los iniciados a través de la iluminación.

El soldado que firmó el altar: Gaius Cassius Flavianus
El altar porta una inscripción inscrita en la parte superior del monumento, en letras capitales de 33 milímetros de altura. El texto reza: «Al Sol, el centurión Gaius Cas(sius?) Fla(vianus?) (dedicó este altar)» (Soli G(aius) Cas(sius) Fl[a](vianus) (centurio)).
Las tres primeras letras del nombre del dios, SOLI, aparecían aún cubiertas de barro seco en el momento del hallazgo, pero la presencia del rostro radiante bajo la inscripción permitió leer el texto con total confianza. El nombre del centurión se restituye gracias a que un segundo altar, hallado en el mismo contexto arqueológico y dedicado esta vez a Mitra, presenta la misma firma. Gaius Cassius Flavianus pudo haber sido el comandante del fuerte romano de Inveresk, que se estableció en el año 142 d. C. junto al Muro de Antonino, la frontera más septentrional del Imperio romano.
El Muro de Antonino, construido por orden del emperador Antonino Pío, se situaba a unos 160 kilómetros al norte del Muro de Adriano y se abandonó hacia finales del siglo II. Los soldados destinados en sus fuertes, lejos de Roma y expuestos a las duras condiciones de las Tierras Altas escocesas, encontraron en el culto a Mitra y a Sol un refugio espiritual que prometía propósito y vida más allá de la muerte. El culto mitraico funcionaba además como un poderoso vínculo de hermandad entre los militares, pues reforzaba la cohesión de las unidades en una frontera hostil.
La luz, al penetrar a través de los orificios del altar, convertía la piedra en una suerte de linterna sagrada, que proyectaba la presencia luminosa de Sol sobre los iniciados congregados en la penumbra.

El culto a Mitra: una religión masculina en las tinieblas
Los mitreos, templos dedicados a Mitra, se emplazaban siempre en los espacios subterráneos. Solo los hombres tenían acceso a sus rituales. El culto celebraba el triunfo de la luz sobre las tinieblas y del bien sobre el mal. Su figura central, el dios Mitra, suele representarse naciendo de una roca y sacrificando un toro. El dios Sol ocupaba un papel de primer orden en esta teología, pues era el aliado solar de Mitra. En ocasiones, ambas divinidades se fundían en una sola.
El efecto visual del altar en el interior del mausoleo subterráneo debía ser sobrecogedor. En la oscuridad del templo, los rayos y los ojos del dios del sol parecían mirar fijamente a los presentes. La luz, al penetrar a través de los orificios del altar, convertía la piedra en una suerte de linterna sagrada, que proyectaba la presencia luminosa de Sol sobre los iniciados congregados en la penumbra.
Para los soldados romanos estacionados en el confín del mundo conocido, Mitra y Sol ofrecían algo más que liturgia: les brindaban, según Hunter, «la sensación de que el mundo tenía un propósito y de que existía una vida después de la muerte».
Los soldados destinados a los fuertes del Muro de Antonino, lejos de Roma y expuestos a las duras condiciones de las Tierras Altas escocesas, encontraron en el culto a Mitra y a Sol un refugio espiritual que prometía vida más allá de la muerte.

Un hallazgo único en Escocia: el museo que los rescató del olvido
Tanto el Altar a Sol como el altar a Mitra hallados en Inveresk son piezas únicas en Escocia que solo tienen paralelos en otros puntos de la frontera norte del Imperio romano en Britania. Ambas piezas fueron adquiridas recientemente por el Museo Nacional de Escocia, en Edimburgo, donde podrán visitarse a partir del 14 de noviembre de 2026.
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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