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Hallan en Perú 3 perros sin pelo de hace 1.000 años y resuelven un misterio clave del imperio Wari

📅 🕐 19 Abr 2026🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 6 min de lectura
Hallan en Perú 3 perros sin pelo de hace 1.000 años y resuelven un misterio clave del imperio Wari
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En la costa norte del Perú, entre desierto, colinas erosionadas y antiguas tumbas saqueadas hace décadas, los arqueólogos siguen recomponiendo una historia fragmentada. Esta vez no la protagoniza un rey, una sacerdotisa ni un tesoro de oro, sino un animal que convivió con las élites andinas y cuyo rastro había pasado casi desapercibido.

Lo que ha ocurrido en Castillo de Huarmey, uno de los grandes enclaves funerarios del imperio Wari, obliga a mirar de nuevo a los perros en el mundo prehispánico. Tal y como ha revelado un estudio publicado en Journal of Anthropological Archaeology, los investigadores analizaron 341 huesos caninos recuperados en distintas campañas y lograron reconstruir no solo cuántos animales hubo allí, sino también cómo vivieron, qué comieron y qué lugar ocuparon en aquella sociedad.

La cultura Wari, considerada por muchos especialistas como el primer gran poder panandino, dominó amplias zonas del actual Perú entre los siglos VII y XI. Sin embargo, su relación con los animales sigue siendo un terreno poco conocido. Sus imágenes oficiales tendían a representar seres híbridos, criaturas simbólicas y mensajes de poder. Los animales domésticos rara vez ocupaban el centro del escenario.

Por eso este conjunto óseo resulta tan valioso. En vez de acudir solo a la iconografía, el equipo combinó zooarqueología e isótopos químicos para seguir las huellas de cada ejemplar. En otras palabras: usaron los huesos como si fueran archivos biográficos.

Cachorros, adultos y perros enterrados con humanos

Los resultados muestran una población diversa. Había cachorros muy jóvenes, adultos y ejemplares ancianos. Al menos 20 individuos distintos pudieron ser identificados. La mayoría no presenta señales claras de consumo humano, algo relevante en contextos donde otros animales sí eran utilizados como alimento o sacrificio.

Varios restos aparecieron asociados a enterramientos humanos. Uno de los casos más llamativos fue el de un cachorro depositado junto a un artesano de alto rango conocido como el “Maestro Cestero”, sepultado con herramientas y objetos valiosos. Otro perro acompañaba a un adolescente enterrado en un contexto palacial. También se localizaron restos vinculados a un individuo masculino situado como guardián ante una cámara funeraria.

Vasija cerámica antropomorfa que representa a un perro sin pelo del Perú, hallada en el mausoleo de élite de Castillo de Huarmey
Vasija cerámica antropomorfa que representa a un perro sin pelo del Perú, hallada en el mausoleo de élite de Castillo de Huarmey. Fuente: Journal of Anthropological Archaeology (2026)

Nada de esto parece casual. Tal y como indica la investigación, la presencia repetida de perros en contextos funerarios sugiere funciones simbólicas o rituales. En varias tradiciones andinas históricas, estos animales actuaban como guías del alma hacia el más allá. No es una prueba definitiva, pero encaja con un patrón difícil de ignorar.

El análisis isotópico añadió otra capa de información. Algunos perros consumían dietas próximas a las humanas, con señales compatibles con maíz y proteínas de alto nivel trófico. Otros muestran perfiles más variados, lo que sugiere trayectorias distintas: animales cuidados dentro del entorno doméstico, ejemplares usados en tareas prácticas e incluso individuos más cercanos al carroñeo oportunista.

Tal y como señalan los autores, varios perros aparecieron enterrados junto a personas de alto estatus, lo que apunta a una función ritual o simbólica más allá de la utilidad cotidiana.

No todos los perros vivían igual en el imperio Wari

Uno de los grandes méritos del trabajo es desmontar la imagen uniforme del perro antiguo. No existía una sola categoría. En Castillo de Huarmey convivieron animales con funciones diferentes: acompañantes, guardianes, quizá cazadores, quizá simples merodeadores tolerados por la comunidad.

Eso también dice mucho de los humanos. Las sociedades complejas no solo organizaban personas por rango y oficio; también distribuían a los animales dentro de su estructura económica y simbólica.

Además, el clima extremadamente seco de la costa peruana permitió conservar restos excepcionales. Algunos aparecieron momificados de forma natural, con piel e incluso pelo residual visible al microscopio. Ese detalle sería decisivo para resolver el verdadero misterio del yacimiento.

La sorpresa final: los primeros perros sin pelo Wari confirmados

Cuando el estudio avanzó hacia los individuos mejor conservados, emergió el dato más inesperado. Tres ejemplares presentan rasgos compatibles con el perro sin pelo del Perú, una raza emblemática actual y patrimonio cultural del país.

Los investigadores detectaron ausencias congénitas de premolares y otras piezas dentales, una anomalía vinculada al gen FOXI3, relacionado con la falta de pelaje en estos canes. En dos individuos momificados, además, la piel conservada mostraba escasez de pelo, reforzando la identificación.

Gráfico comparativo de los valores isotópicos óseos de perros, camélidos y humanos en Castillo de Huarmey, que muestra diferencias en su alimentación
Gráfico comparativo de los valores isotópicos óseos de perros, camélidos y humanos en Castillo de Huarmey, que muestra diferencias en su alimentación. Fuente: Journal of Anthropological Archaeology (2026)

Según los especialistas, se trata de la primera evidencia física conocida de perros sin pelo en un yacimiento Wari, ya que hasta ahora solo aparecían en representaciones cerámicas.

Tal y como adelanta el artículo científico, se trata de la primera evidencia física conocida de perros sin pelo en un yacimiento Wari. Hasta ahora, su presencia en este periodo se intuía sobre todo por representaciones cerámicas.

El hallazgo no es menor. Estos animales parecen haber recibido un trato particular. Sus dietas infantiles se asemejan a las de niños Wari analizados previamente, lo que apunta a cuidados específicos desde edades tempranas. En épocas posteriores y en tradiciones populares, el perro sin pelo fue apreciado por el calor de su piel y por supuestas propiedades terapéuticas.

Así, tras siglos enterrados bajo arena y escombros, tres perros silenciosos han devuelto una imagen más íntima del imperio Wari: la de una sociedad donde el poder convivía con creencias profundas y donde ciertos animales podían ocupar un lugar sorprendentemente privilegiado.

Referencias

  • Weronika Tomczyk et al, The many lives of companion species: a zooarchaeological and isotopic research on Wari dog remains from Castillo de Huarmey, Peru, Journal of Anthropological Archaeology (2026). DOI: 10.1016/j.jaa.2026.101767

Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com

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