Hallan en una cueva de Cartagena pruebas de que los neandertales seguían patrones estacionales al recolectar marisco hace 115.000 años, evitando los meses de verano

A lo largo de muchas décadas, la imagen de los neandertales estuvo ligada a un modo de vida rudimentario, asociado a la caza terrestre, el frío y la supervivencia básica. Sin embargo, los descubrimientos arqueológicos de los últimos años han ido desmontando esa visión simplificada. Ahora, un nuevo estudio centrado en la Cueva de los Aviones, en Cartagena, vuelve a sacudir muchas ideas preconcebidas sobre nuestros parientes más cercanos: hace unos 115.000 años, aquellos grupos ya recolectaban moluscos siguiendo estrategias prácticamente idénticas a las utilizadas miles de años después por las poblaciones humanas modernas.
La investigación, publicada recientemente en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), ha sido liderada por especialistas del ICTA-UAB, la Universidad de Burgos y la Universidad de Cantabria. El trabajo revela que los neandertales no recogían marisco de manera aleatoria ni oportunista, sino que conocían perfectamente los ciclos biológicos del litoral mediterráneo y aprovechaban los momentos más adecuados del año para consumir estos recursos.
El escenario de este hallazgo es la Cueva de los Aviones, un enclave situado junto a la costa murciana que lleva años ofreciendo pruebas extraordinarias sobre la complejidad cultural de los neandertales. Allí aparecieron hace tiempo algunas de las evidencias más antiguas de uso simbólico de conchas y pigmentos en Europa. Ahora, el lugar vuelve a colocarse en el centro del debate científico gracias a decenas de restos de lapas y caracoles marinos analizados con una precisión nunca antes aplicada a épocas tan antiguas.
Los resultados muestran algo especialmente llamativo: aunque los neandertales explotaban recursos marinos durante todo el año, la inmensa mayoría de los moluscos fueron recolectados entre finales de otoño y comienzos de primavera. Es decir, preferían los meses fríos frente al verano. Lejos de ser un detalle menor, esta elección revela planificación, conocimiento ecológico y una comprensión muy avanzada del entorno costero.
Un calendario marino hace 115.000 años
Determinar en qué estación del año fue capturado un molusco hace más de cien milenios puede parecer imposible. Sin embargo, la química ha permitido reconstruir esa información escondida dentro de las propias conchas. Tal y como ha revelado el equipo investigador, el análisis de los isótopos de oxígeno presentes en el carbonato cálcico de los moluscos funciona como una especie de termómetro prehistórico.
La proporción de determinados isótopos cambia según la temperatura del agua en la que crecieron estos animales marinos. Gracias a ello, los científicos han podido reconstruir los momentos exactos del año en los que fueron recogidos. El patrón identificado es muy claro: alrededor del 80% de los caracoles marinos estudiados pertenecen a los meses comprendidos entre noviembre y abril.
Lo más sorprendente no es únicamente la antigüedad del comportamiento, sino su parecido con prácticas mucho más recientes. Tal y como indica el estudio, las poblaciones de Homo sapiens del Mesolítico y el Neolítico en el Mediterráneo y el Atlántico europeo seguían exactamente el mismo patrón miles de años después. La coincidencia no parece casual.

Durante mucho tiempo, muchos investigadores defendieron que la explotación organizada del mar era una capacidad exclusiva de los humanos modernos. La idea encajaba dentro de una visión muy extendida: Homo sapiens habría desarrollado habilidades cognitivas superiores que le permitieron adaptarse a ecosistemas complejos, mientras los neandertales permanecían anclados en formas de vida más limitadas. Pero las evidencias acumuladas en la península ibérica llevan años desmontando esa narrativa.
Ya en 2011, varios hallazgos en cuevas costeras de Málaga demostraron que los neandertales consumían moluscos y otros recursos marinos hace más de 150.000 años. Aquellas investigaciones generaron una fuerte controversia porque chocaban frontalmente con algunas teorías clásicas sobre la evolución humana. Este nuevo trabajo en Cartagena refuerza aún más la idea de que los neandertales no solo explotaban el mar, sino que lo hacían de forma planificada y eficiente.
Durante décadas se pensó que la explotación organizada del mar era exclusiva de Homo sapiens, pero las conchas de Cartagena cuentan una historia muy distinta..
Por qué preferían el invierno
A simple vista, recolectar moluscos durante los meses fríos podría parecer una cuestión secundaria. Pero detrás de esa decisión había probablemente razones muy prácticas. Los investigadores sostienen que los neandertales sabían cuándo estos animales ofrecían mejores condiciones alimenticias y menor riesgo sanitario.
En verano, el aumento de las temperaturas favorece la proliferación de algas tóxicas y bacterias en muchas zonas costeras. Incluso hoy, algunos episodios de marea roja obligan a cerrar bancos marisqueros enteros debido al peligro de intoxicaciones. Además, el calor acelera la descomposición del marisco, algo especialmente problemático para grupos humanos que carecían de métodos avanzados de conservación.
Pero hay otro factor todavía más interesante: el sabor y el valor nutricional. Tal y como han explicado los especialistas implicados en el estudio, muchas especies marinas alcanzan durante el invierno y el inicio de la primavera su máximo desarrollo reproductivo. En ese momento acumulan mayores reservas energéticas, grasas y proteínas.
El caracol marino Phorcus turbinatus, una de las especies analizadas, ofrece precisamente sus mejores condiciones nutricionales antes del desove. Después, durante los meses cálidos, pierde gran parte de esas reservas. Dicho de otro modo: los neandertales probablemente consumían estos moluscos cuando estaban más nutritivos y eran más seguros.
La idea resulta fascinante porque implica una observación prolongada de los ciclos naturales. No se trataría únicamente de aprovechar lo que aparecía en la costa, sino de comprender el comportamiento del ecosistema y actuar en consecuencia. Es exactamente el tipo de estrategia que durante décadas se consideró exclusiva de Homo sapiens.

Hace 115.000 años, grupos neandertales de la península ibérica ya seguían patrones de recolección muy similares a los de comunidades humanas mucho más recientes.
Una costa clave para entender a los neandertales
La península ibérica se ha convertido en uno de los territorios fundamentales para estudiar el comportamiento de los neandertales. Mientras gran parte de Europa sufría condiciones climáticas extremas durante las glaciaciones, las regiones mediterráneas ofrecían refugios relativamente más templados y ricos en recursos.
Las cuevas costeras del sureste peninsular han permitido reconstruir una relación muy estrecha entre estos grupos humanos y el mar. En lugares como la Cueva de los Aviones o las cuevas malagueñas estudiadas en los últimos años, aparecen restos de moluscos, peces y herramientas asociadas a la explotación marina.
Algunos investigadores plantean incluso que el acceso a proteínas ricas en omega-3 y otros nutrientes presentes en el mar pudo desempeñar un papel importante en el desarrollo cerebral y social de distintas especies humanas. Durante años, esta hipótesis se utilizó principalmente para explicar la expansión de Homo sapiens. Sin embargo, cada vez hay más indicios de que los neandertales también aprovecharon esos recursos de manera intensiva.
La propia Cueva de los Aviones constituye un caso excepcional. Hoy se encuentra amenazada por la subida del nivel del mar, pero hace más de 100.000 años ofrecía un refugio estratégico junto al Mediterráneo. Desde allí, aquellos grupos podían combinar la caza terrestre con la recolección marina, adaptándose a diferentes estaciones y condiciones ambientales.
Además, el hallazgo encaja con otra transformación profunda en la imagen pública de los neandertales. En apenas dos décadas han pasado de ser representados como humanos torpes y primitivos a aparecer como sociedades capaces de fabricar adornos, utilizar pigmentos, cuidar enfermos y desarrollar comportamientos simbólicos complejos.

Reescribiendo la historia de nuestros parientes más cercanos
Los autores del estudio consideran que el comportamiento documentado en Cartagena refleja una estrategia de subsistencia plenamente moderna. Y no se refieren únicamente a la dieta, sino también a la capacidad de planificar, conocer el entorno y tomar decisiones adaptativas sofisticadas.
La idea de una frontera intelectual clara entre neandertales y Homo sapiens pierde cada vez más fuerza. Aunque ambas especies siguieron trayectorias evolutivas distintas, las diferencias cognitivas podrían haber sido mucho menores de lo que se pensó durante décadas.
En realidad, lo que muestran hallazgos como este es algo todavía más interesante: muchas capacidades consideradas “humanas” en sentido moderno ya estaban presentes mucho antes de la desaparición de los neandertales. La organización social, la adaptación ecológica o el aprovechamiento inteligente de los recursos no fueron inventos exclusivos de nuestra especie.
Hace 115.000 años, mientras las olas rompían frente a las costas de Cartagena, grupos neandertales ya conocían perfectamente cuándo era el mejor momento para bajar a las rocas y recoger moluscos. Sabían qué estaciones ofrecían más alimento, menos riesgos y mejores condiciones. Y ese detalle aparentemente cotidiano está ayudando hoy a reescribir una parte esencial de la historia humana.
Referencias
- García-Escárzaga, Asier et al, Seasonal shellfish exploitation by Neanderthals 115,000 years ago, Proceedings of the National Academy of Sciences (2026). DOI: 10.1073/pnas.2531880123
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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