La obsesión por tener una sonrisa perfecta no empezó con Instagram: hace 500 años ya había europeos capaces de pagar oro por mantener intacta su imagen

La imagen de la Europa medieval suele estar asociada a enfermedades, dolor y tratamientos rudimentarios. Sin embargo, algunos hallazgos arqueológicos empiezan a dibujar una realidad mucho más compleja. Bajo los suelos de antiguas iglesias, en cementerios olvidados o entre restos humanos dispersos por excavaciones urbanas, aparecen pequeñas pruebas de una obsesión sorprendentemente moderna: conservar la sonrisa.
Eso es precisamente lo que acaba de ocurrir en Aberdeen, al noreste de Escocia. Un grupo de investigadores ha identificado lo que ya se considera el ejemplo más antiguo conocido de odontología restauradora hallado en el país. Tal y como indica el estudio publicado en el British Dental Journal, el descubrimiento procede de una mandíbula recuperada durante las excavaciones arqueológicas realizadas en la iglesia de St Nicholas Kirk, uno de los templos más importantes de la Escocia medieval.
La excavación, realizada en 2006 antes de la remodelación del edificio, sacó a la luz restos de unos 900 individuos y toneladas de huesos humanos desarticulados. Durante años, gran parte de ese material permaneció almacenado mientras distintos equipos analizaban aspectos relacionados con la salud, la alimentación o las enfermedades de la población escocesa entre la Edad Media y la Edad Moderna.
Fue en una revisión reciente cuando los investigadores repararon en un detalle extraordinario. Entre decenas de mandíbulas deterioradas apareció una perteneciente a un hombre de mediana edad que presentaba graves problemas dentales: caries avanzadas, acumulación de sarro y pérdida de piezas. Nada fuera de lo común para el siglo XV o XVI. Lo excepcional estaba justo en la parte frontal de la dentadura.
El detalle que nadie esperaba encontrar
Entre dos incisivos inferiores sobrevivía un fino hilo metálico colocado con precisión alrededor de los dientes. No se trataba de un adorno funerario ni de una casualidad producida por el enterramiento. El alambre había permanecido en la boca del hombre durante años.
Las marcas visibles en el esmalte y en la raíz dental demostraban que el metal había rozado continuamente los dientes mientras el individuo aún estaba vivo. Aquella pieza había sido diseñada para cumplir una función concreta. Y además estaba hecha con un material reservado a muy pocos.
Los análisis mediante microscopía electrónica y espectroscopia revelaron que el alambre estaba compuesto por una aleación de oro de 20 quilates, mezclado con pequeñas cantidades de plata y cobre. El sistema unía el incisivo lateral derecho con el incisivo central izquierdo, atravesando el espacio vacío dejado por un diente perdido en vida.

Según los autores del estudio, la estructura pudo servir para dos propósitos distintos: mantener estable un diente flojo o sostener una pieza dental artificial, una especie de puente rudimentario varios siglos anterior al nacimiento oficial de la odontología moderna.
La datación por radiocarbono situó al individuo entre 1460 y 1670. Es decir, en una época en la que los dentistas como profesión todavía no existían en Gran Bretaña. Quienes trataban los problemas bucales eran barberos, curanderos, sacamuelas ambulantes o artesanos acostumbrados a trabajar con metales preciosos.
Y ahí aparece uno de los aspectos más fascinantes del hallazgo.
La mandíbula hallada en Aberdeen demuestra que la obsesión por la apariencia existía mucho antes de la odontología moderna.
El papel oculto de los orfebres medievales
Aberdeen contaba en aquella época con una importante actividad comercial y artesanal. Tal y como recoge la investigación, al menos 22 orfebres trabajaban en la ciudad entre los siglos XV y XVII. Fabricar un hilo tan fino, retorcerlo y fijarlo con precisión requería conocimientos técnicos que un joyero podía dominar perfectamente.
Los investigadores creen que probablemente fue uno de estos artesanos quien elaboró —e incluso colocó— la ligadura de oro. El hallazgo sugiere así una conexión poco conocida entre el mundo de la joyería y los primeros tratamientos dentales europeos.
No era una intervención accesible para cualquiera. El hombre apareció enterrado en el interior de la iglesia de St Nicholas, un privilegio reservado a personas acomodadas o influyentes. Además, entre los cien individuos analizados del mismo periodo histórico, solo uno presentaba este tipo de tratamiento.
La exclusividad del procedimiento refleja una fuerte desigualdad social también en el acceso a la salud. Tener oro en la boca hace quinientos años era mucho más que una cuestión médica.

El hallazgo cambia la imagen tradicional de la Edad Media como una época ajena a los tratamientos dentales sofisticados.
La sonrisa como símbolo de estatus
En la Europa bajomedieval y moderna, el aspecto físico estaba profundamente ligado a la reputación moral. Un rostro sano transmitía virtud, equilibrio y posición social. La enfermedad visible, por el contrario, podía interpretarse como signo de decadencia o incluso castigo divino.
Por eso, conservar los dientes tenía un valor que iba mucho más allá de la capacidad para masticar. Mantener una sonrisa completa podía convertirse en una necesidad social entre las élites urbanas.
El caso escocés encaja además en una tradición mucho más antigua de intervenciones dentales. Tal y como recuerda el estudio, existen ejemplos de ligaduras de oro y plata en el antiguo Egipto hace más de 4.000 años, aunque algunos expertos creen que muchas fueron colocadas después de la muerte como parte de rituales funerarios. También se han documentado empastes de cera de abeja en dientes neolíticos y perforaciones terapéuticas realizadas miles de años antes de nuestra era.
Sin embargo, los ejemplos europeos anteriores al siglo XVII siguen siendo extremadamente raros. Por eso, la mandíbula hallada en Aberdeen tiene un valor excepcional: demuestra que en Escocia ya existían procedimientos complejos de restauración dental mucho antes del nacimiento de la odontología científica.
Más allá de la espectacularidad del oro, el descubrimiento revela algo mucho más humano. Hace quinientos años, igual que hoy, las personas también intentaban combatir el deterioro del cuerpo, preservar su imagen y ocultar las huellas del tiempo. Incluso aunque para ello hubiera que recurrir a una diminuta prótesis de oro escondida entre los dientes.
Referencias
- Jenna M. Dittmar et al, Restorative dentistry in Early Modern Scotland: archaeological evidence of the use of a gold ligature, British Dental Journal (2026). DOI: 10.1038/s41415-025-9107-3
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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