Las infecciones durante el embarazo elevan la probabilidad de abuso de alcohol en el futuro

En el vientre materno, donde comienza a escribirse la historia biológica de cada ser humano, pueden gestarse huellas invisibles que marcarán el rumbo décadas después. No se trata solo de genética o de herencia emocional: también las infecciones y el estrés inmunológico durante el embarazo podrían moldear la vulnerabilidad futura frente a las adicciones. Esa es la inquietante conclusión a la que apunta una nueva investigación de la Universidad Estatal de Washington (WSU).
El trabajo, publicado en la revista científica Psychopharmacology, aporta una pieza clave para comprender cómo determinadas experiencias biológicas tempranas pueden incrementar la probabilidad de desarrollar un trastorno por consumo de alcohol en la edad adulta.
Más aún, sugiere que un tratamiento antioxidante administrado durante la gestación podría reducir ese riesgo, abriendo una posible vía preventiva frente a un problema de enormes dimensiones sociales y económicas.
El trastorno por consumo de alcohol, pese a su normalización cultural, representa una de las crisis de salud pública más persistentes. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), el consumo excesivo de alcohol provoca alrededor de 178.000 muertes anuales en Estados Unidos y genera un coste estimado de 249.000 millones de dólares al año en pérdidas de productividad, atención médica y otros impactos asociados.
Sin embargo, como subraya la investigadora principal Angela M. Henricks, el debate público suele centrarse en otras drogas, relegando el alcohol a un segundo plano por su condición legal.
Para explorar qué ocurre en el cerebro cuando el sistema inmunológico materno se activa durante el embarazo (ya sea por infección, inflamación o estrés), el equipo utilizó un modelo animal ampliamente validado. Las ratas gestantes fueron expuestas a una sustancia sintética que simula una infección viral. Parte de ellas recibió además N-acetilcisteína (NAC), un antioxidante conocido por su capacidad para contrarrestar el estrés oxidativo, antes y después de la activación inmunológica.
Los resultados revelaron un patrón inquietante: las crías expuestas a estrés inmunológico prenatal mostraron una mayor motivación para autoadministrarse alcohol en la adultez, pero solo si también habían tenido contacto con esta sustancia durante la adolescencia. Esta observación respalda el llamado modelo de “doble impacto” o two-hit model, según el cual un factor de riesgo temprano interactúa con experiencias posteriores para desencadenar una mayor vulnerabilidad a la adicción.
En otras palabras, la infección prenatal no determina de forma aislada el destino de un individuo, pero sí podría predisponer el terreno biológico para que, ante una segunda exposición crítica, se active un patrón de consumo problemático. La clave parece residir en el estrés oxidativo, un proceso en el que se acumulan moléculas reactivas que dañan el ADN y alteran el funcionamiento celular.

Aquí es donde el estudio aporta una nota de esperanza. Las crías cuyas madres recibieron N-acetilcisteína no mostraron el mismo aumento en la búsqueda de alcohol. Este hallazgo sugiere que el estrés oxidativo desempeña un papel central en las alteraciones cerebrales vinculadas a la adicción y que su modulación podría convertirse en una estrategia preventiva. No obstante, los investigadores advierten que se trata de resultados preclínicos y que aún se requiere investigación adicional antes de trasladarlos al ámbito humano.
Un aspecto particularmente revelador fue la diferencia entre sexos. Los machos resultaron más sensibles al impacto de la infección prenatal y mostraron una respuesta más clara al tratamiento antioxidante, mientras que las hembras no evidenciaron el mismo incremento en la conducta de búsqueda de alcohol.
Este matiz subraya la necesidad de incorporar la variable biológica del sexo en los estudios sobre adicción y podría ayudar a explicar por qué los varones presentan mayor susceptibilidad a ciertos trastornos del neurodesarrollo y al abuso de sustancias.
El equipo, integrado por investigadores del Brain Alcohol Research Lab de la WSU, continúa profundizando en cómo el estrés inmunológico prenatal altera la plasticidad sináptica (la capacidad de las neuronas para formar y reorganizar conexiones), un proceso esencial para el aprendizaje, la memoria y el control de impulsos. Comprender estos mecanismos permitirá afinar estrategias de intervención temprana y prevención.
Así, las infecciones, la inflamación y el equilibrio oxidativo durante la gestación podrían ser notas tempranas en una sinfonía biológica que resuena décadas después. Y en esa melodía compleja, la ciencia busca ahora no solo comprender los acordes del riesgo, sino también componer nuevas armonías de prevención.
Referencias
- Nicholson, S.E., Hewitt, K.A., Brauen, C.S. et al. Prenatal antioxidant treatment suppresses maternal immune activation induced increases in alcohol self-administration in a sex-specific manner. Psychopharmacology (2026). https://doi.org/10.1007/s00213-025-06998-2
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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