Los parásitos intestinales de los romanos sobrevivieron a la erupción del Vesubio que arrasó Herculano

En el año 79 d. C., la erupción del Vesubio arrasó la ciudad romana de Herculano en cuestión de minutos. Sus habitantes quedaron atrapados bajo una mezcla letal de gases, cenizas y escombros, congelados en el tiempo en una escena de catástrofe. Lo que nadie podía imaginar entonces es que, casi dos mil años después, sus intestinos seguirían contando historias.
Un nuevo estudio paleoparasitológico ha analizado los restos pélvicos de más de 40 individuos encontrados en los antiguos refugios costeros de Herculano, revelando la presencia de parásitos intestinales que habitaban en sus cuerpos en el momento de la erupción. La investigación ofrece una ventana microscópica al pasado: muestra cómo vivían, comían y enfermaban los romanos de una próspera ciudad portuaria del Imperio.
Un laboratorio bajo la ceniza
Los esqueletos proceden de un conjunto de refugios abovedados junto al mar, donde decenas de personas buscaron protección cuando la nube volcánica descendía sobre la ciudad. Su conservación excepcional permitió que los investigadores recuperaran muestras sedimentarias de la región pélvica, en muchos casos con material orgánico parcialmente fosilizado.
El equipo recogió especímenes de 48 individuos, y los sometió a análisis microscópicos y moleculares para detectar la presencia de huevos de parásitos. El resultado fue inequívoco: “Se detectaron huevos de helmintos intestinales en el 67% de los individuos analizados” . Esto sugiere que la infección intestinal era común en la población de Herculano, sin importar edad ni sexo.
Cuatro parásitos, una ciudad vulnerable
Los investigadores identificaron cuatro tipos de parásitos intestinales: Trichuris trichiura (gusano látigo), Ascaris lumbricoides (lombriz intestinal), Diphyllobothrium (tenia del pescado) y Entamoeba histolytica/dispar (protozoo causante de disentería).
Los dos primeros se transmiten por contaminación fecal de agua o alimentos, lo que indica condiciones de saneamiento inadecuadas incluso en una ciudad urbana del Imperio. La presencia de Entamoeba refuerza esta idea: el protozoo produce cuadros de diarrea aguda y potencialmente mortal, que afectan especialmente a personas malnutridas.
Más sorprendente aún es el hallazgo de huevos de Diphyllobothrium, una tenia que se contrae al consumir pescado crudo o poco cocinado. Esto sugiere que al menos parte de la población de Herculano consumía pescado marino sin una cocción suficiente, lo que encaja con su ubicación como ciudad portuaria en contacto con múltiples rutas de comercio.

Comer bien no siempre era comer seguro
Herculano era una ciudad próspera, con acceso a productos frescos, comercio marítimo y casas dotadas de letrinas privadas. Sin embargo, el estudio demuestra que esto no garantizaba una salud intestinal libre de infecciones. La transmisión fecal-oral seguía activa, probablemente porque las aguas residuales se vertían al mar o se reutilizaban como fertilizante.
Según los autores, “la alta prevalencia de helmintos como Trichuris y Ascaris sugiere una exposición constante y generalizada a residuos humanos contaminados”. Esto apunta a un fallo estructural en los sistemas de saneamiento, más allá del lujo visible de muchas viviendas.
El hallazgo de la tenia del pescado añade otro matiz: indica que la dieta podía ser diversa, pero también arriesgada, especialmente en contextos donde la cocción no era completa o el pescado era preparado de forma ahumada o salada, técnicas que no eliminan los huevos del parásito.
Restos humanos como archivo de salud colectiva
A diferencia de otros estudios basados en letrinas o suelos urbanos, este trabajo se centra en esqueletos concretos, lo que permite vincular las infecciones a individuos específicos. La mayoría de los parásitos se detectaron en adultos, pero también se hallaron en al menos tres niños pequeños.
La conservación excepcional se debe a la rápida cobertura de cenizas volcánicas y altas temperaturas que sellaron el entorno en cuestión de horas, protegiendo el material orgánico de la descomposición. Gracias a ello, los investigadores pudieron incluso identificar restos de fibras musculares, tejidos blandos y contenido intestinal parcial en algunos individuos.
Este tipo de preservación rara convierte a Herculano en un caso único para la paleoparasitología, y permite comparar datos de salud real en una población romana justo en el momento de su muerte.
Parásitos que sobrevivieron a la erupción
Los hallazgos de Herculano no solo hablan de enfermedades, sino también de movilidad, comercio y vida cotidiana en el Imperio romano. Los parásitos encontrados son comunes en climas templados y se transmiten por prácticas habituales como la agricultura, la cocina o la higiene.
Los investigadores subrayan que estos resultados “añaden una capa importante al conocimiento sobre salud pública en ciudades romanas, y permiten explorar diferencias regionales a través de datos biológicos directos” .
En otras palabras, la tragedia de Herculano ha dejado también un legado científico inesperado: la posibilidad de estudiar la vulnerabilidad biológica de una sociedad avanzada, cuya infraestructura no pudo evitar que los parásitos convivieran con el esplendor de sus mosaicos.
Referencias
- Giovanna Da Vela, Silvia Soncin, Roger Dimo-Simonin, Chiara Villa, Silvia Aneli, Gloria Gonzalez Fortes, Francesco Sirano, Pier Francesco Fabbri. Intestinal parasites in Roman-era individuals that perished during the eruption of Mount Vesuvius in Herculaneum, Italy. PLOS Neglected Tropical Diseases, 2024. https://doi.org/10.1371/journal.pntd.0013135.
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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