Historia de los hipopótamos en Colombia: invasión y eutanasia en Antioquia
📅 🕐 14 Abr 2026🔗 Fuente: eltiempo.com🕑 10 min de lectura
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La situación sobre qué hacer con el incremento de hipopótamos en el país se han convertido en los últimos años en uno de los debates ambientales más complejos en la historia reciente del país.
Durante décadas, la presencia de una manada de estos animales, libres y en constante reproducción en las selvas y ríos de Antioquia, fue vista por muchos como una curiosidad exótica, un atractivo turístico o un vestigio surrealista del narcotráfico.
Sin embargo, desde la ciencia se han dado alertas de una urgencia ineludible: estos mamíferos africanos representan una verdadera bomba de tiempo ecológica.
Los hipopótamos llegaron a Puerto Triunfo en la década de los 80. Foto:Archivo EL TIEMPO.
Ante la inminente catástrofe medioambiental, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible tomó una decisión drástica que marca el inicio del fin para esta invasión biológica.
Eutanasia: el drástico plan del Gobierno
Recientemente, el Gobierno Nacional, a través del Ministerio de Ambiente, anunció la activación de un plan de choque definitivo frente a la descontrolada reproducción de esta especie. La medida central, y la que mayor controversia ha generado en algunos sectores, es la implementación de un protocolo de eutanasia para intervenir al menos a 80 individuos.
«La ciencia nos pide que actuemos en su control. Tenemos que actuar para disminuir la población. Eso fue lo que la ciencia nos dijo. Las acciones son indispensables», sentenció la ministra de Ambiente (e), Irene Vélez, al presentar el protocolo.
Irene Vélez Foto:Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación
Y es que las cifras no dejan margen para la inacción. Lo que comenzó como un pequeño grupo de cuatro animales en la década de 1980, se ha transformado en un verdadero ejército invasor. Para el año 2022, el censo oficial contabilizaba 169 hipopótamos; hoy se calcula que la cifra supera con creces los 200 individuos.
Las proyecciones matemáticas y biológicas son aterradoras para el ecosistema: si no se interviene de inmediato, en 2030 el país podría albergar unos 500 hipopótamos y, para 2035, la cifra alcanzaría los 1.000 ejemplares.
A la alarma por la sobrepoblación se suma la inviabilidad de otras soluciones. Pese a algunos intereses iniciales de zoológicos y santuarios alrededor del planeta, en la práctica, ningún país ha autorizado formalmente recibir a estos gigantes. A esto se le suma un grave problema biológico: al descender todos de apenas cuatro individuos originales, la población actual padece de una profunda endogamia y pobreza genética, lo que imposibilita su regreso al continente africano sin poner en riesgo a las poblaciones nativas de allí. Ante este callejón sin salida, la eutanasia humanitaria se erige como la única herramienta realista para detener el crecimiento exponencial de la manada.
La insólita llegada: el zoológico de un capo
Los hipópotamos andan libres en un humedal cerca de la finca del traficante. Foto:Diana María Pachón
Para comprender la magnitud del problema actual, es imperativo retroceder en el tiempo y viajar al municipio de Puerto Triunfo, en la subregión del Magdalena Medio antioqueño.
En la cúspide de su poder criminal a principios de los años 80, el jefe del Cartel de Medellín, Pablo Escobar Gaviria, decidió que su inmensa y ostentosa propiedad, la Hacienda Nápoles, necesitaba un zoológico privado que rivalizara con los de las grandes capitales del mundo.
Mediante el tráfico ilegal de fauna silvestre y burlando todos los controles aduaneros de la época, Escobar importó desde un zoológico en Estados Unidos una variedad de animales exóticos, entre ellos elefantes, jirafas, rinocerontes y cebras. Pero la adquisición más fatídica para el futuro del país fue un pequeño grupo reproductivo de hipopótamos: un macho y tres hembras. Mientras el capo del narcotráfico se maravillaba con la recreación de la sabana africana en su patio trasero, nadie preveía que estaba firmando la sentencia de muerte de cientos de especies nativas décadas después.
Foto:Archivo EL TIEMPO – AFP
Tras la caída y muerte de Pablo Escobar en 1993, la Hacienda Nápoles entró en un profundo deterioro. Las autoridades confiscaron la propiedad y lograron reubicar a la mayoría de los animales en zoológicos colombianos e internacionales. Sin embargo, los hipopótamos presentaron un desafío logístico colosal. Dado su tamaño titánico, su peso que puede superar las dos toneladas y su naturaleza agresiva y territorial, su captura y traslado resultaron financieramente inviables. Se tomó entonces una decisión fatal: dejarlos allí, a su suerte, bajo la creencia errónea de que eventualmente morirían de forma natural.
De la sabana africana al paraíso antioqueño
Contrario a los pronósticos, los hipopótamos no solo sobrevivieron, sino que encontraron en las tierras cálidas de Antioquia un ecosistema perfecto, un verdadero ‘Edén’ que superaba las condiciones de supervivencia que tenían en África.
En su continente de origen, el crecimiento poblacional del Hippopotamus amphibius es regulado naturalmente por prolongadas temporadas de sequía que reducen los cuerpos de agua, enfermedades endémicas y la presencia de grandes depredadores como leones, hienas o cocodrilos que atacan a las crías.
Esta es considerada una especie invasora Foto:Archivo EL TIEMPO
En el Magdalena Medio, la historia fue radicalmente distinta. Los animales se toparon con un entorno bendecido por lluvias constantes, abundante vegetación para pastar durante todo el año, cuerpos de agua inagotables y, sobre todo, una ausencia total y absoluta de depredadores naturales.
Sin amenazas ambientales ni biológicas, la manada comenzó a multiplicarse con una tasa de crecimiento estimada entre el 9,6 % y el 14 % anual.
Al sentirse estrechos en los límites de lo que fue la Hacienda Nápoles, los hipopótamos comenzaron a migrar, utilizando el caudaloso y extenso río Magdalena como una verdadera autopista colonizadora. Hoy, estos animales se han extendido hasta 150 kilómetros más allá de su punto de origen, adentrándose en ciénagas y humedales de múltiples municipios ribereños, e interactuando cada vez más cerca de poblaciones humanas en regiones como Doradal.
📣⚠️ #Atención | Conductores reportan avistamiento de una familia de hipopótamos transitando libremente por la vía Medellín-Pto Triunfo, sector Hacienda Nápoles. La presencia de estos enormes ejemplares sobre la calzada representa un alto riesgo de accidentalidad y peligro… pic.twitter.com/AlnHCMGSVr
Amenaza inminente para el Magdalena Medio y su biodiversidad
El impacto de este herbívoro gigante en el territorio colombiano ha sido devastador. Según estudios detallados realizados por el Instituto Alexander von Humboldt, un solo hipopótamo requiere en promedio unos 8 kilómetros cuadrados de territorio para alimentarse, desplazarse y aparearse.
Con la población actual, se estima que han invadido un área aproximada de 2.000 kilómetros cuadrados sobre la cuenca del Río Magdalena, una extensión equivalente a tres veces la ciudad de Medellín.
Las consecuencias de esta ocupación son letales para la biodiversidad. Los hipopótamos modifican agresivamente el paisaje: su inmenso peso compacta el suelo, alterando la dinámica de los humedales y destruyendo las riberas por donde transitan diariamente.
Puerto Triunfo es el municipio del país con mayor presencia de estos animales. Foto:Archivo EL TIEMPO.
Sin embargo, uno de los impactos más invisibles, pero más destructivos, proviene de sus hábitos fisiológicos. Estos animales pasan gran parte del día sumergidos en el agua para regular su temperatura, y es allí donde defecan. La inmensa cantidad de materia orgánica y nutrientes que liberan genera un proceso conocido como eutrofización, que promueve el crecimiento descontrolado de algas tóxicas, agota el oxígeno del agua y asfixia a los peces y otros organismos acuáticos.
Como resultado, miles de especies de fauna y flora nativas están siendo arrinconadas. Especies emblemáticas, muchas de ellas ya en estado crítico de conservación o bajo algún nivel de amenaza, se enfrentan ahora a una competencia desleal.
El emblemático manatí del Caribe, el bocachico, las nutrias, el caimán aguja y diversas tortugas endémicas del río Magdalena están perdiendo sus hábitats, su alimento y sus refugios frente a este gigante introducido.
Declaratoria oficial como especie invasora
La abrumadora evidencia científica llevó al Gobierno a tomar cartas legales en el asunto. El 25 de marzo de 2022, amparado bajo la Resolución 0346, el Ministerio de Ambiente declaró oficialmente al hipopótamo como especie exótica e invasora en Colombia. Esta catalogación no fue un mero trámite burocrático; representó un cambio de paradigma fundamental.
Colombia prepara un costoso traslado de los hipopótamos de Pablo Escobar | El Tiempo Foto:
Recomendada de manera urgente por el Comité Técnico Nacional de Especies Introducidas y/o Trasplantadas Invasoras, la declaratoria despojó al hipopótamo del estatus de protección que cobija a la fauna silvestre convencional, permitiendo que las autoridades ambientales pudieran destinar recursos públicos e implementar planes de contención, manejo y erradicación sin enfrentarse a constantes barreras legales. Fue el paso necesario para dejar de ver a estos animales como «mascotas perdidas» y reconocerlos como una de las mayores amenazas ecosistémicas del país.
El reto de la ciencia: cirugías de 1.200 kilos
Antes de llegar a la contundente decisión de la eutanasia masiva, Colombia hizo grandes esfuerzos por controlar la situación desde la medicina veterinaria, convirtiéndose en el único lugar del mundo en desarrollar procedimientos de control de natalidad para esta especie en la vida silvestre.
Corporaciones autónomas como Cornare y Corantioquia, de la mano con el Área Metropolitana del Valle de Aburrá y el Centro de Veterinaria y Zootecnia (CVZ) de la Universidad CES, lideraron hazañas médicas sin precedentes.
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Uno de los hitos más emblemáticos ocurrió en mayo de 2022, cuando se logró la esterilización exitosa de una hembra de aproximadamente 1.200 kilos en el corregimiento de Doradal. La logística pareció sacada de una película: fue necesario movilizar un quirófano completo de alta complejidad hacia la selva antioqueña. La captura y sedación exigieron el uso de dardos anestésicos y la intervención de más de 30 profesionales, incluyendo cirujanos, anestesiólogos y biólogos.
El médico veterinario Juan Pablo Villegas Tabares, quien lideró el complejo procedimiento, detalló los monumentales retos: en la literatura científica casi no existen reportes sobre esterilizaciones de estos grandes mamíferos, ya que en África su reproducción no se evita, se fomenta.
Los cirujanos colombianos tuvieron que atravesar una capa de piel de hasta 5 centímetros de espesor y sortear inmensas estructuras abdominales a ciegas. El procedimiento tomó cerca de 10 horas y la sola fase de recuperación respiratoria demandó más de tres horas postquirúrgicas.
Aunque en la jurisdicción de Cornare se han logrado esterilizar a 12 individuos y se mantiene un piloto experimental con 38 ejemplares sometidos a inmunocastración con la vacuna GonaCon, la realidad es retadora. Intervenir quirúrgicamente a más de 200 hipopótamos libres, ariscos y altamente peligrosos, a un costo altísimo por animal, es una estrategia loable pero logísticamente incapaz de detener la bomba poblacional a tiempo.