La víctima por la nueva explosión en El Plateado, Cauca, era un adulto mayor de 76 años: ‘Amaba su tierra, tenía marranos y vendía carne en el pueblo’
📅 🕐 11 May 2026🔗 Fuente: eltiempo.com🕑 7 min de lectura
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La familia de Eliberto Bolaños sufre por la pérdida del adulto mayor que durante casi toda su vida estuvo en el campo hasta que murió por la explosión de un artefacto junto a hogar, durante las primeras horas de este 11 de mayo.
El señor Eliberto Bolaños, otra víctima del conflicto armado en El Plateado, Cauca. Foto:Archivo particular, redes sociales
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«No era guerrillero, nada de eso», dijeron allegados y un familiar, sobrino de este caucano, de 76 años que además, era padre y abuelo. El sobrino dijo que a su tío la explosión le arrebató la vida por vivir al lado de donde estalló el artefacto. «Él estaba en su casa», comentó.
«Él tuvo varios hijos y ya solo vivía con una hija». Contó que solía criar marranos en su vivienda para luego venderlos en el pueblo.
El Plateado, Cauca. Foto:Carolina Bohórquez Ramírez / EL TIEMPO
A su vez, hay conocidos que señalaron que don Eliberto era una persona muy humilde que a pesar de la crítica situación de orden público en la vereda dentro del corregimiento El Plateado, nunca se le pasó por la mente abandonar su terruño. Era lo único que él conocía y donde podía trabajar, y aún lo hacía vendiendo carne para sobrevivir en esa zona montañosa y de tiniebla a más de una hora del casco urbano de Argelia. «Era pegado a su tierra», comentó un allegado.
Explosión en zona de vereda de El Plateado. Foto:Archivo particular, redes sociales
La vereda La Hacienda es parte del cañón del Micay, la zona donde ‘Iván Mordisco’ tiene uno de sus fortines.
Amigos y otros allegados dijeron que la familia no tiene suficiente dinero para las honras fúnebres y por eso circula una campaña en redes sociales para reunir algo de recursos por el campesino que fue víctima inocente del conflicto.
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El Plateado, Cauca. Al fondo, el cañón del Micay, tapizado por coca. Foto:Carolina Bohórquez Ramírez / EL TIEMPO
La explosión dejó daños en una cuadra a la redonda. La onda explosiva no solo alcanzó la casa de don Eliberto, el hombre que no se separaba de su sombrero de campesino. También, viviendas vecinas.
Esa misma campaña tiene el mensaje de ‘No más guerra’ con una paloma de la paz.
La explosión habría ocurrido en medio de un enfrentamiento entre los disidentes de la estructura ‘Carlos Patiño’ y de los disidentes del frente Diómer Cortés, facción de la ‘Coordinadora Nacional-Ejército Bolivariano’. En un comienzo, las autoridades indagaban si las víctimas de la explosión habrían manipulado el artefacto o si eran colaterales, como sucedió en el caso de don Edilberto Bolaños, que fue una víctima más de una guerra absurda que deja, de nuevo, a la población con riesgo de morir entre explosiones, drones y disparos.
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Letras contra la guerra, caminando las calles de El Plateado
Por una de las calles de herradura de El Plateado que en épocas de lluvias se vuelven barrizales, un labriego camina, recita versos y los canta. Lo hace en una tierra disputada a sangre y fuego.
Él es Ónier Sotelo, un campesino y juglar. Foto:Carolina Bohórquez Ramírez
Nunca se separa de su sombrero de paja de ala ancha ni de sus botas de hule.
Es Ónier Sotelo Camilo, uno de los pocos habitantes que dice su nombre, pues los demás tienen miedo de hacerlo.
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Pero, el campesino canta ante una visitante del pueblo que le pregunta sobre cómo es vivir en una de las localidades, cuya población ha sido de las más golpeadas por el conflicto armado en un país como Colombia que lleva más de medio siglo desangrándose por los violentos.
Este es el corregimiento, con un total de 12.000 moradores al sumar las veredas del profundo cañón del Micay, que está empotrado en esas imponentes montañas caucanas de la cordillera Occidental, cubiertas por matas de coca dentro de la jurisdicción de lo que es el municipio de Argelia.
El Plateado está separado por una carretera angosta de trocha, un trayecto de hora y media que de noche queda completamente a oscuras. Lo único que se ilumina son cambuches que funcionan como laboratorios de coca.
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Pese a la llegada de 1.400 militares de la operación ‘Perseo’ hace ya casi dos años para custodiar a los argelinos desde la periferia, el corregimiento ha venido resistiendo a explosiones causadas por drones que desde el aire arrojan los artefactos y a ráfagas de disparos, estremeciendo cada una de las casas de los campesinos, en especial, los del pueblo en la parte baja, elevando plegarias por un cese al fuego en esa zona que rodea la agujereada iglesia del Divino Niño por los disparos de épocas pasadas.
La población ya perdió la cuenta de los ataques de los alzados en armas. El año pasado iban más de 200 con una cifra superior a los 30 hostigamientos y una docena de enfrentamientos con el Ejército.
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A pesar de esos bombazos y del miedo de la gente en El Plateado, don Ónier asegura que ha sido un hombre que trata de ser feliz, en medio de la pobreza en la que vive y en la que ha vivido desde niño, cuando murió su padre en Argelia, a pocos metros de la Virgen de las Perlas.
«A mí me dicen que estoy loco porque digo que vivo feliz», pero explica que lo hace porque reivindica el respeto a los demás, trabajar incansablemente por la familia y vivir del campo cuya tierra le permite a los suyos y a él tener un plato de comida. Siembra fríjol, plátano y maíz para poner en su mesa. No alcanza para más. «Papa, yuca o repollo eso ya no se da», dice.
Pero sí coca, como lo hacen en el resto del pueblo porque es la economía que llegó a una región donde su población insiste en que no tiene agua potable, en que no tiene una planta de tratamiento, pues la artesanal no funciona y donde los niños van a estudiar temerosos de que les caiga algún explosivo en uno de los ataques con drones de los armados.
Este es el caserío donde sus mismos pobladores se unen para recoger dinero en rifas y arreglar un parque o ponerle cemento a una calle a lo largo de una cuadra.
El Plateado está lleno de coca, pues el cañón del río Micay concentra el 75 % de este cultivo ilícito, donde en la cima de la cadena están los grupos ilegales, entre los disidentes de ‘Carlos Patiño’ y la ‘Segunda Marquetalia’, con el Eln, disputándoselo para producir, sacar y vender esa droga maldita.
CAROLINA BOHÓRQUEZ
Corresponsal de EL TIEMPO
Cali
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