Las cuatro madres comunitarias que hicieron historia en pueblo de Magdalena donde llegar a la universidad parecía imposible
📅 🕐 hace un momento🔗 Fuente: eltiempo.com🕑 5 min de lectura
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Las lágrimas comenzaron mucho antes de que les entregaran el diploma. Bastó con escuchar sus nombres para que el peso de años de sacrificios, madrugadas, responsabilidades y sueños postergados terminara desbordándose en un abrazo con sus familias.
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Nadie lloraba únicamente por un título universitario. Lloraban porque, por primera vez, cuatro madres comunitarias de Buenavista, un pueblo construido sobre el agua en la Ciénaga Grande de Santa Marta, demostraban que los sueños también pueden hacerse realidad en los lugares donde durante décadas parecía imposible hablar de educación superior.
El aplauso que llenó el auditorio no fue solo para Araceli Niebles Guerrero, Jasmín Esther Samper Miranda, Linda Rosa Garizábalo Moreno y Ludis María Ibarra Moreno. Fue para todo un pueblo que sintió aquella graduación como una victoria colectiva.
Las mujeres que educaron generaciones enteras
Durante años ellas despertaron antes que muchos para preparar alimentos, recibir niños, enseñarles a hablar, a compartir, a descubrir el mundo y, muchas veces, convertirse en las segundas madres de decenas de familias.
El convenio entre la Universidad del Magdalena y la Fundación Tras La Perla lo hizo posible. Foto:Cortesía
Lo hicieron durante 12, 20 y hasta 31 años en los hogares comunitarios Jerusalén, Capullo Feliz, Divino Niño y Niño Feliz, donde acompañaron el crecimiento de cientos de niños de Buenavista.
Su trabajo era indispensable, pero pocas veces reconocido. Mientras ayudaban a formar generaciones enteras, ellas seguían esperando una oportunidad para estudiar.
Esa oportunidad finalmente llegó gracias a una alianza entre la Universidad del Magdalena y la Fundación Tras La Perla, liderada por el cantante samario Carlos Vives, que decidió apostar por reconocer la experiencia acumulada durante toda una vida y convertirla en educación superior mediante un proceso de validación de saberes.
El orgullo de un pueblo que pocas veces recibe buenas noticias
Buenavista suele aparecer en los mapas por ser uno de los pueblos palafitos más emblemáticos de Colombia y que despierta interés turístico y curiosidad. Esta vez, el motivo fue distinto.
En el pueblo palafito, donde viven estas mujeres hay orgullo y felicidad. Foto:Cortesía
La noticia que recorrió la comunidad fue que cuatro de sus mujeres acababan de graduarse como tecnólogas en Atención Integral a la Primera Infancia.
En las casas levantadas sobre pilotes de madera, entre canales de agua y canoas, el comentario era el mismo: las madres comunitarias del pueblo habían hecho historia.
Para muchos habitantes, el diploma de estas mujeres significa mucho más que un logro personal. Representa la posibilidad de que los niños crezcan acompañados por cuidadoras con mayores herramientas académicas y, sobre todo, la prueba de que estudiar también es posible en los territorios más apartados del país.
“Pensé que nunca lo lograría”
Cada una vivió la ceremonia de manera distinta, pero todas compartían la misma emoción. Araceli Niebles Guerrero confesó que al comenzar el proceso creyó que jamás alcanzaría la meta.
Pueblos palafitos. Foto:Roger Urieles
“Estoy feliz porque vi muy difícil lograrlo cuando inicié, pero la Universidad me apoyó en todo momento y ahora puedo decir que el esfuerzo y sacrificio valieron la pena”, expresó.
Jasmín Esther Samper Miranda aseguró que el título le permitirá acompañar mejor el crecimiento de los niños de su comunidad.
“Hoy tengo herramientas para guiar mejor a mis niños y ayudar en un mejor crecimiento a mi comunidad”, afirmó.
Linda Rosa Garizábalo Moreno ya piensa en el siguiente paso. Quiere continuar estudiando hasta convertirse en profesional.
Y Ludis María Ibarra Moreno regresó a Buenavista convencida de que ese diploma pertenece a toda la comunidad.
“Voy emocionada a compartir este título porque también es de ellos”, dijo.
Una historia que habla de Colombia
En un país donde millones de personas todavía encuentran enormes barreras para acceder a la educación superior, la historia de estas cuatro madres comunitarias rompe el molde.
No son jóvenes recién graduadas del colegio. Son mujeres que dedicaron gran parte de su vida a cuidar niños antes de poder cumplir su propio sueño.
Su historia demuestra que la educación también puede llegar a territorios históricamente olvidados cuando las instituciones deciden reconocer el conocimiento que nace desde las comunidades.
La alianza entre la Universidad del Magdalena y la Fundación Tras La Perla convirtió décadas de experiencia en un título universitario, pero el verdadero cambio apenas comienza.
Desde ahora, quienes durante años sembraron las primeras enseñanzas en cientos de niños regresan a sus hogares comunitarios con nuevas herramientas y una mentalidad de seguir transformando vidas.
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En Buenavista, el agua sigue rodeando las casas. Pero desde esta semana también rodea una certeza que llena de orgullo a toda la comunidad: cuatro mujeres demostraron que ningún sueño tiene por qué hundirse, incluso cuando se nace en uno de los rincones más olvidados de Colombia.
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