paseo en barco, y luego en helicóptero sobre la ciudad
📅 🕐 06 Sep 2025🔗 Fuente: eltiempo.com🕑 4 min de lectura
Compartir:
A la ciudad donde los atardeceres se derraman como vino sobre las murallas coloniales, y donde los suspiros de los galeones aún se escuchan en la brisa, ha llegado una experiencia que parece escrita por el viento y soñada por viajeros del mundo.
No es una fantasía, aunque lo parezca. Es el nuevo capítulo de una ciudad que se rehúsa a quedarse quieta, y que se reinventa como epicentro del turismo nacional con la elegancia de una mariposa que aprendió a volar sobre el mar.
LEA TAMBIÉN
Del mar al cielo, como en un cuento encantado
Tour en helicóptero sobre Cartagena Foto:Archivo particular
Desde la bahía, donde los pescadores aún lanzan sus redes con la esperanza intacta, parte un barco que no lleva ni redes ni anclas, sino promesas. Promesas de altura, de vértigo, de lujo.
En su cubierta, los turistas se acomodan como si fueran personajes de una novela del Realismo Mágico que aún no ha sido escrita. Allí, un helicóptero los espera, listo para volar como un colibrí metálico, listo para elevarlos sobre la ciudad amurallada, sobre Bocagrande y La Popa, sobre los secretos que Cartagena guarda en sus callejones de piedra y sus balcones floridos.
La experiencia, bautizada como Helicopter Tours, y que ya tuvo el visto bueno del alcalde de la ciudad, Dumek Turbay, no es solo un paseo. Es una declaración: una forma de decirle al mundo que el Caribe colombiano no solo tiene playas y palenques, sino también sueños que se elevan en por el cielo y se reflejan en cabinas panorámicas. Lo que antes era privilegio de millonarios en Mónaco o Dubái, ahora se ofrece con acento costeño y sonrisa de mango maduro.
LEA TAMBIÉN
Un lujo accesible, con alma de pueblo
Cartagena de Indias, Centro Histórico, Foto:John Montaño/ EL TIEMPO
Pero no todo es glamur y champaña. Detrás de cada vuelo hay manos que trabajan, voces que guían, motores que rugen con esperanza. Pilotos bilingües, técnicos aeronáuticos, guías que narran la historia de Cartagena como si la hubieran vivido en carne propia.
Jóvenes cartageneros que antes soñaban con emigrar, ahora encuentran en este proyecto una opción laboral como operadores turísticos capacitados. El turismo aéreo no solo eleva cuerpos, también eleva economías, dignidades, futuros.
Y como si el mar no quisiera quedarse atrás, pronto se instalarán helipuertos flotantes en las Islas del Rosario y San Bernardo. Serán como pequeñas islas mágicas, conectadas por rutas invisibles que solo los pájaros y los pilotos del helicóptero conocen. Del mar al aire, de la isla al cielo, con la brisa como cómplice y el sol como testigo.
LEA TAMBIÉN
Cartagena, postal viva del Caribe
Playa Blanca en Cartagena de Indias. Foto:Alcaldía
Desde lo alto, la ciudad se transforma. Las murallas parecen versos escritos en piedra, las cúpulas coloniales se convierten en coronas doradas, y la mar turquesa se extiende como un tapiz bordado por sirenas. Cada vuelo es una pintura en movimiento, una sinfonía de colores y emociones. Los turistas no solo toman fotos, toman memorias. Y Cartagena se convierte en una postal viva que se envía al mundo con orgullo.
El turismo se transforma
El impacto no se mide solo en dólares ni en cifras. Se mide en historias. Por ejemplo, la de un joven que aprendió inglés para ser guía; o la joven madre que ahora trabaja en logística; el chef que prepara ceviche para los pasajeros que regresan del cielo. Así, Cartagena se mueve, se transforma, se eleva. Y lo hace con la cadencia de un vallenato que se canta al atardecer.
LEA TAMBIÉN
Una ciudad que no solo se camina y se navega… también se sobrevuela
Cartagena de Indias Foto:John Montaño / EL TIEMPO
Gabriel García Márquez, si aún caminara por las calles de Getsemaní, escribiría esta historia con tinta de sal.
Diría que Cartagena ha aprendido a volar sin perder su alma. Que ahora, más que nunca, es una ciudad que no solo se recorre, sino que también se sueña.
Porque aquí, donde el tiempo se detiene para mirar el mar, este helicóptero no solo transporta cuerpos. Transportan ilusiones. Y en cada vuelo, Cartagena se cuenta a sí misma como un cuento de hadas que no quiere terminar.
Además, te invitamos a ver nuestro documental ‘Explotación sexual en Cartagena: voces silenciadas’