Colombia y Perú confirman el giro a la derecha de América Latina | elmundo.es

Se aceleran los vientos de cambio en las Américas. La derrota del candidato de Gustavo Petro en Colombia y la confirmación de Keiko Fujimori al frente del escrutinio en Perú, en dos elecciones polarizadas al máximo y entre extremos ideológicos, fortalecen aún más al bloque conformado en torno a Donald Trump, que él mismo bautizó como el Escudo de las Américas.
Mientras el mapa de Sudamérica se pinta de azul y se ensancha por el centro, el norte y el Caribe, la Patria Grande, que reúne a izquierdistas, populistas y revolucionarios en el sueño imposible de integración de Simón Bolívar, pierde elecciones a velocidad de vértigo desde las presidenciales argentinas de 2023. El liderazgo transoceánico de Pedro Sánchez, erigido en una suerte de Bolívar español, cosecha una derrota tras otra.
Revoluciones tan emblemáticas como la indígena de Bolivia, el Gobierno progresista de Chile o la familia Zelaya en Honduras han perdido el poder frente a candidaturas de centro y derecha. O han caído derrotadas en su intento de recobrarlo, como en Ecuador. Sólo México y Uruguay mantiene izadas las banderas de la Patria Grande, junto a las dictaduras cubana y nicaragüense, a falta de que los brasileños decidan en octubre si el octogenario Lula da Silva se mantiene en el Palacio de Planalto o la derecha populista recupera el poder con el hijo del ex presidente Bolsonaro.
¿Y Venezuela? El buque insignia del chavismo, quien durante dos décadas y media ha liderado y financiado al bloque izquierdista, permanece hoy bajo el tutelaje de Washington y sin ganas de participar en las batallas políticas y diplomáticas del continente. Así de claro lo dejó el lunes la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, durante la celebración de un bicentenario patrio: «El 3 de enero (captura de Nicolás Maduro) marcó una inflexión en la política nacional y en nuestra visión de las relaciones internacionales, de retomar caminos diplomáticos con el gobierno de EEUU».
En los últimos tiempos, el testigo de la lucha izquierdista lo había recogido el propio Petro, capaz de encararse a Trump en sus noches tórridas de X, de alentar la rebelión de los radicales de Evo Morales en Bolivia y de dar por ganador al candidato izquierdista en Perú cuando ni siquiera estaba avanzado el escrutinio. El antiguo guerrillero se erigió en el gran líder de la izquierda radical americana, en su versión némesis de Trump (sin enfadarle mucho) y de la mano de su gran aliado español.
«La salida de Petro es un golpe bajo para su bloque, porque Colombia había asumido roles protagónicos desde el punto de vista financiero. Esta gran alianza iberoamericana empieza a debilitarse por la pérdida de fortines importantes en Chile, Colombia y Honduras. Al ya no ser gobierno no tiene la fuerza de hace meses y, sobre todo, el presupuesto. Debe haber un proceso de reinvención para ellos, no son sólo gobiernos, también movimientos sociales, medios, intelectuales, académicos. Viene una nueva etapa donde Venezuela ya no va a ser el financiador, donde Cuba está cada vez más debilitada ideológicamente, pero donde las organizaciones (Grupo de Puebla, Foro de Sao Paulo) persisten. Pero a sabiendas de que ya no tienen plata (venezolana y colombiana) y de que el ideólogo (cubano) es cada vez más débil», precisó para EL MUNDO el analista Sergio Ángel.
Los mensajes de Petro
Petro ha insistido en las últimas horas en una especie de fraude a través de sus mensajes incendiarios en X. «Necesita esa narrativa para mantenerse vigente. Más allá de la derrota electoral, Petro va a mantener esa representación hacia afuera desde el punto de vista de la lucha de la izquierda», concretó Ángel.
El líder izquierdista aprovechó la coyuntura para compararse con lo que ocurre actualmente en Perú, donde Keiko se declarará matemáticamente presidenta en las próximas horas gracias al voto de los emigrantes, porque en territorio nacional ha quedado por debajo del izquierdista Roberto Sánchez. En el país andino, transcurridos 17 días de las elecciones presidenciales, todavía no hay candidato electo, pero todo el mundo sabe que Fujimori, también de la derecha populista como el colombiano Abelardo de la Espriella, será la nueva presidenta tras perder en las tres elecciones previas por un puñado de votos.
Al 99,72% del escrutinio, la hija del dictador aventaja al otro Sánchez por apenas 40.468 votos, que representa el 0,22% en un universo de más de 18 millones de votantes. Un recuento reñidísimo, que refleja, como en Colombia, a una sociedad partida por la mitad.
«La gente que se ha visto obligada a emigrar parece que rechaza al socialismo del siglo XXI y a sus consecuencias. El rol de las diáspora, los 40.000 votos de ventaja de Keiko son básicamente por la diáspora. En Colombia pasa algo parecido, porque la ventaja de De la Espriella se ensancha hasta los 200.000 votos gracias al voto extranjero. En Venezuela pasó lo mismo: Edmundo ganó 7 a 3 a Maduro, pero del poco voto admitido de fuera la diferencia subía al 9 a 1″, confirmó a EL MUNDO la ciberconsultora política Carmen Beatriz Fernández.
De cara a unas elecciones venezolanas en el segundo semestre de 2027, lo que sería ya el punto tres de la hoja de ruta diseñada por Washington, el voto de la diáspora ensancharía mucho más la enorme brecha entre oposición democrática y chavismo. De los nueve millones de venezolanos en el exterior, entre cinco y seis millones son electores, aunque de momento sólo hay 50.000 registrados. Tanto Hugo Chávez como Maduro después evitaron con restricciones arbitrarias y anticonstitucionales que los venezolanos pudieran votar en el extranjero.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.elmundo.es
En la sección: Internacional // elmundo
También te puede interesar




