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El último día de Keir Starmer, el ‘premier’ británico que no supo ser ‘premier’ | elmundo.es

📅 🕐 hace 5 min🔗 Fuente: elmundo.es🕑 7 min de lectura
El último día de Keir Starmer, el 'premier' británico que no supo ser 'premier'
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Sin visión, instinto político ni plan de Gobierno. Keir Starmer abandona hoy la residencia oficial de Downing Street días después del segundo aniversario de la masiva victoria que el Partido Laborista del Reino Unido obtuvo bajo su liderazgo en las generales de 2024. Fue una remontada sin precedentes en el laborismo, que cinco años antes había sufrido su peor derrota en décadas, con la pérdida de 59 de escaños, ante el reclamo del conservador Boris Johnson para hacer realidad la traumática decisión de marchar de la Unión Europea, bajo el eslogan «Get Brexit Done» («Ejecutemos el Brexit»).

«Starmer no sabía lo que estaba haciendo», comenta Anthony Seldon, biógrafo de diversos premiers, desde Winston Churchill hasta Tony Blair, John Major o Liz Truss. «En primer lugar, nunca comprendió en qué consistía el trabajo: ¿qué hace un primer ministro? En segundo lugar, nunca supo lo que quería hacer, sobre todo en política económica. Y, en tercer lugar, no sabía a quién nombrar [en su equipo]», resumió el reputado historiador al diario británico The Guardian.

El derrumbe se produjo este mes, aunque la caída ha sido escalonada y marcada por traspiés, errores y desengaños desde que Starmer tomó las riendas del partido, en 2020. En la última sesión de control en el Parlamento el miércoles, el abogado y ex director del Servicio Fiscal se fijó en sus logros, particularmente, el excepcional salto de una «histórica derrota en 2019 a una histórica victoria en 2024», que ni sus más fieles aliados creían posible. Ahora se resalta como hito cumbre de su liderazgo, junto a su personalidad como político «íntegro, serio y motivado por el interés nacional».

«Es el final de mi trayectoria política… Dejo el país en mejor estado del que lo encontré. Estoy orgulloso de todo lo que hemos logrado», exclamó en los Comunes, aludiendo a avances en Sanidad, Inmigración o inversión en Defensa, cuyo impacto aún no percibe la mayoría de la población. La despedida final tiene lugar hoy frente a la mítica puerta del 10 Downing Street, que su rival político, Andy Burnham, atravesará media hora después, entronizado ya como primer ministro.

«Nunca fue popular»

«El Gobierno [de Starmer] nunca fue popular. Ganó debido a la impopularidad de los conservadores, especialmente después del desastre de los gobiernos de Boris Johnson y Liz Truss», señala el académico Rohan McWilliam. Según el catedrático de la Universidad Anglia Ruskin, el Ejecutivo operó «sin rumbo aparente porque nunca estableció una visión convincente». «El enfoque de Starmer era tecnocrático y no mostraba ningún interés por las ideas ni los principios. Esto hizo que pareciera desconectado de la realidad ante los movimientos populistas de derechas e izquierdas, que han conectado emocionalmente con el electorado», escribe en la plataforma The Conversation, refiriéndose, respectivamente, a Nigel Farage, líder de Reform UK, y Zack Polanksi, al frente de los Verdes desde hace 10 meses. En la proyección nacional de los resultados de los comicios municipales del pasado mayo, el partido antiinmigración de Farage sobresale con el 28% de votos, mientras el laborismo se reduce al 18% y la formación Verde escala al 13%. Frenar esa hemorragia de apoyos hacia ambos polos del espectro político es el reto que afronta el nuevo premier.

Starmer plantó la semilla de su fracaso político en la campaña de las primarias. Quería sustituir al izquierdista Jeremy Corbyn y basó su propuesta en la unidad de las distintas facciones con un decálogo de promesas de corte socialdemócrata. El todavía diputado londinense, que entonces tenía más experiencia como abogado de derechos humanos y director de la Fiscalía que en la práctica política, prometió subir los impuestos a la élite asalariada, abolir el mecanismo tory de subsidios sociales, extender el sufragio a los comunitarios residentes en Reino Unido, un sistema migratorio digno, el fin de las tasas universitarias y otras iniciativas progresistas.

Las 10 promesas se archivaron, salvo alguna excepción, ante la crisis del Covid, que intensificó el caos en los conservadores. Mientras, el nuevo dirigente laborista se embarcó en una agresiva purga del ala corbynista en su empeño por sanear el partido y erradicar antisemitismo entre la militancia. «Esto llevó a los escépticos de Starmer a considerar que se había hecho pasar cínicamente por socialista con un programa socialdemócrata para ganar el liderazgo y desplegar luego su verdadera faceta neoliberal», argumenta el analista Nader Elhefnawy.

El director político de Ipsos, Keiran Pedley, identifica dos periodos clave en el deterioro del ya anterior Gobierno británico: el verano de 2024 y el otoño de 2025. Starmer desaprovechó la tradicional luna de miel de afecto popular que por lo general disfrutan los nuevos cargos electos y más con su mayoría.

En su caso, un explosivo combinado de regalos de donantes -desde entradas para un concierto de Taylor Swift hasta piezas de vestuario- y la retirada de ayudas a mayores con recursos moderados para pagar el recibo de la calefacción en invierno, hundió la popularidad del mandatario nada más llegar a Downing Street.

Al mismo tiempo, el bloque progresista le retiró la confianza ante un despliegue retórico crecientemente racista -«nos arriesgamos a convertirnos en una isla de extranjeros», advirtió-, la tibia reacción al asedio de la Franja de Gaza por parte de Israel y restricciones en protestas a favor de Palestina.

En otoño de 2025, estalló el escándalo de Peter Mandelson, a quien Starmer nombró embajador de Estados Unidos pese a su conocida relación con el pederasta Jeffrey Epstein. «Había intentado construir una reputación de honestidad e integridad y quedó como incompetente», escribe McWilliam. Aun así, el profesor de Historia Moderna sitúa el incumplido objetivo de crecimiento económico, la prolongación del alto coste de la vida, como el factor principal de la frustración de la población. «La realidad para muchos votantes es que nada ha cambiado mucho y la gente siente que sigue viviendo en la era de la austeridad», sostiene.



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