El Tribunal Constitucional de Tailandia destituye a la primera ministra por criticar al Ejército | elperiodico.com

Tailandia ha sufrido este viernes otro golpe de estado judicial. El Tribunal Constitucional ha derrocado a la primera ministra, Paetongtarn Shinawatra, tras apenas un año en el poder, por una desafortunada llamada telefónica. No es raro que el mayor órgano judicial del país, ultramonárquico y promilitar, descabalgue a los líderes políticos elegidos en las urnas.
«No quise nada para mí, solo pensaba en cómo detener las peleas y evitar un baño de sangre», ha insistido Paetongtarn tras abandonar su oficina. Cavó su tumba cuando el 15 de junio, durante las enésimas hostilidades fronterizas, marcó el número de Hun Sen, hombre duro de Camboya durante décadas y padre del actual primer ministro. Se refirió cariñosamente a él como «tío», le informó de que estaba «para lo que necesite» y criticó a los mandos de su propio Ejército por excederse. Su interlocutor grabó la conversación y la filtró en una inaudita felonía diplomática.
Así se formó el huracán. Muchos tailandeses vieron en su tono amistoso una traición flagrante, se sucedieron las manifestaciones de los nacionalistas más exaltados e incluso el segundo partido de la coalición abandonó a Paetongtarn y dejó a su Gobierno con una precaria mayoría. Una treintena de senadores conservadores presentó una denuncia al Tribunal Constitucional por violación ética y este suspendió temporalmente de funciones a la primera ministra. La decisión final ha llegado esta mañana por seis votos contra tres.
Poderoso clan político
La ya exprimera ministra, sienta el fallo, «carece de la cualificación necesaria y posee rasgos prohibidos» por la Constitución tailandesa. «Le falta honestidad e integridad demostrables y ha violado seriamente los estándares éticos», añade. Paetongtarn ha reiterado sus disculpas a los que se sintieron heridos, ha aclarado que aquel tono meloso era una táctica de negociación e insistido en que no le movió ningún fin espurio.
Paetongtarn pertenece al poderoso clan político de los Shinawatra, encallecidos ya en las embestidas de los togados. Thaksin, pater familias y ex primer ministro, hubo de exiliarse para evitar el acoso judicial y, tras regresar, ha sobrevivido milagrosamente a un juicio de lesa majestad. Su hermana y también exministra, Yinluck, fue expulsada en 2014 por una sentencia seguida de un golpe militar. Y su cuñado, Somchai Wongsawat, también disfrutó escasamente del cargo en 2008 antes de que la justicia le despidiera. Paetongtarn, la primera ministra más joven en la historia tailandesa, es hija de Thaksin. Es cierto que el clan es populista y, especialmente en tiempos de Thaksin, frecuentaba las corruptelas. También es cierto que fue el primero en preocuparse de las clases menesterosas y que sus victorias electorales son inapelables. Eso explica el odio de las élites económicas y políticas que han mandado en el Reino de las Sonrisas durante décadas y que se extiende a cualquier amenaza. También el partido reformista Avanzar fue liquidado por la Justicia tras arrasar en las elecciones.
Los miedos de Paetongtarn se hicieron realidad semanas después de aquella llamada. Camboya y Tailandia padecieron sus cinco días más tormentosos en dos décadas de choques fronterizos. Al menos 35 muertos, 200 heridos y más de 100.000 desplazados dejaron los enfrentamientos en medio de acusaciones cruzadas de crímenes de guerra contra civiles. El conflicto fue pausado por un armisticio que no resolverá los enquistados pleitos históricos. Los ánimos vecinales fueron rebajados durante décadas por la amistad de las dos dinastías más poderosas: la de Thaksin a un lado y la de Hun Sen a otro. Tras la canallada del último han quedado rotos sus vínculos y desaparecido un valioso amortiguador.
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