El ultraderechista De la Espriella aventaja por una ínfima diferencia a Cepeda en el pre conteo oficial | elperiodico.com

El candidato ultraderechista Abelardo de la Espriella aventaja a Iván Cepeda, el abanderado de izquierdas, por menos de un punto según el pre conteo oficial. Al escrutarse el 99,65% del padrón electoral, De la Espriella obtiene el 49,65 de los votos, contra el 48,7% de su rival. Se trata de unos 245.000 sufragios a favor del abogado multimillonario y outsider que ganó notoriedad a partir de su presencia en las redes sociales y el discurso anti político. El voto en blanco es de 1,6%. Solo la confirmación de esta mínima diferencia convertirá al abogado y millonario en el nuevo presidente de Colombia. Cepeda se aferraba a un milagro. La incertidumbre se ha adueñado de una escena que, según la cadena Caracol , se «peruanizó», en alusión a lo ocurrido entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez. Cualquier cosa puede suceder. «La votación casi empatada, nadie llega al 50%», dijo Gustavo Petro. «No sé puede proclamar ninguno presidente. Es el escrutinio el que determina quién es el presidente. Obedezco a los jueces. Tranquilidad entre la ciudadanía por favor. La realidad nos da un país partido por la mitad, e injerencia extranjera quitándonos la libertad. Se impone un acuerdo Nacional si queremos mantener la Patria y la paz en los años por venir».
Alejandra Barrios, directora de la Misión de Observación Electoral, señaló que si bien los pre conteos suelen ser «exactos» en Colombia hay que esperar los resultados definitivos. «La madurez democrática nos llama a esperar el escrutinio». Por el momento, los números confirman lo que todos saben: el país está partido en dos. Cerca de 40 millones de colombianos estuvieron en condiciones de sufragar en todo el territorio nacional. Unos 1,4 millones tenían la posibilidad de ejercer ese derecho desde el exterior. Lo hizo finalmente más del 60% del padrón nacional, una cifra histórica en un país con una alta tasa de deserción.
La jornada se desarrolló sin mayores incidentes a pesar de los presagios de problemas. El registrador nacional, la principal autoridad electoral del país, Hernán Penagos, descartó toda posibilidad de anomalías en el escrutinio. «Nosotros tenemos múltiples garantías de integridad electoral. Las tuvimos en las elecciones de hace tres meses para el Congreso de la República». Penagos recordó que «es un deber respetar y reconocer los resultados».
El hecho de que no se cumplieran esos pronósticos de incidentes o irregularidades no modifica las aprensiones que rodean a la contienda. El segundo turno acentuó las características dramáticas de una polarización política de proporciones y que no cesará con el recuento de las urnas y augura mayores divisiones una vez que asuma en la primera semana de agosto el sucesor de Gustavo Petro.
De la Espriella reunió detrás suyo a todo el espectro conservador. Tuvo, además, el apoyo de Donald Trump y los líderes de la ultraderecha regional, como Javier Milei, José Antonio Kast y Daniel Noboa, de Argentina, Chile y Ecuador, respectivamente. Cepeda, el candidato del Pacto Histórico, se ha presentado como la continuidad de la administración de Gustavo Petro, y con la promesa de mejorar las realizaciones de su Gobierno. En el segundo turno contó con el apoyo de sectores del centro, asustado por la figura de De la Espriella.
El propio mandatario, el primero de izquierdas en la historia colombiana, dio cuenta de lo que estaba en juego este domingo. «No es cualquiera la decisión que se toma hoy. Se decide en cierta forma el futuro de uno mismo. De la familia. Estamos en manos del pueblo».
Expectativa y temor
La preocupación por lo que viene una vez proclamado el vencedor del segundo turno ha quedado de manifiesto en los editoriales de los principales diarios de Bogotá. «La prevalencia del odio genera un sesgo de confirmación tan severo, que la ciudadanía deja de ser militante y pasa a ser hincha: se perdonan los pecados propios –de la ineptitud a la corrupción– porque señalar al líder implica favorecer al enemigo. Así, la fiscalización al poder pierde toda relevancia», dijo El Espectador.
El Tiempo, en tanto, llamó a tomar distancia de cualquier intento de desconocimiento de los resultados «venga de donde venga». En la «sensatez ciudadana» está en gran parte «evitar desbordes indeseados». En caso de un escenario de alteración del orden, «la Fuerza Pública, a instancias de las autoridades civiles, sobre todo las del orden municipal y departamental, debe cumplir con su obligación constitucional de salvaguardar la vida, honra y bienes de la gente».
El temor a lo que suceda flotaba en el aire de Bogotá. «Colombia tiene una larga y dolorosa historia de violencia política. Son ya casi cuatro generaciones que, de una u otra manera, han tramitado las diferencias de opinión y los debates ideológicos mediante la violencia. Pareciera que no somos capaces, como sociedad, de anteponer el diálogo y la concertación a la descalificación del que piensa distinto y a la agresión verbal y física», admitió María Camila Moreno Múnera, directora en Colombia del Centro Internacional para la Justicia Transicional (ICTJ). «Ya deberíamos haber aprendido de nuestros dolores: el exterminio de la UP (Unión Popular, el partido al que pertenecía el padre de Cepeda), el asesinato de líderes políticos de todas las vertientes ideológicas, la combinación de todas las formas de lucha, el cierre del espacio democrático por décadas, etc. Pero no nos podemos resignar a que la violencia política sea el único camino».
Petro comienza a despedirse del poder. Lo hará con una aprobación de un 50% según una reciente encuesta. «Extraño dictador el que entrega su mandato, extraño dictador el que no ha cogido un solo preso político, a nadie preso de conciencia. No se ha perseguido a nadie por sus opiniones, maneras de pensar, maneras de creer, religiosas, o de otra especie, culturales, étnicas, de género, de expresión sexual libre», dijo Petro. «Entregamos una democracia brillante, viva, multicolor, como la llamo yo, ni un grado menos y sí muchísimos grados más de democracia de como la recibí en un país que en ese momento estaba ensangrentado».
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