ELECCIONES PERUANAS | Empate técnico en Perú: 5 claves de unas elecciones que reproducen la división y arrojan un futuro incierto al país sudamericano | elperiodico.com

Los peruanos se preparan para una larga y tensa espera. El ganador de la segunda vuelta se conocerá una vez concluida la minuciosa revisión, acta por acta, de lo votado el domingo. Lo único que se sabe es que la diferencia entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez será mínima, inversamente proporcional a las visiones de país que expresan sus candidaturas. El abismo que los separa promete capítulos judiciales y parlamentarios.
Los resultados de la primera vuelta se demoraron un mes, debido a una serie de anomalías y problemas de funcionamiento de la Oficina Nacional de Asuntos Electorales (ONPE). El conteo rápido de más de 1.000 actas le ha otorgado este domingo la victoria a Sánchez. Pero deben ser la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) y el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) los encargados de dar por finalizado el escrutinio. Se ha avisado de antemano que ese proceso puede extenderse un mes. Mucho tiempo para un país que arrastra una profunda crisis institucional. «Nuevamente, no sabemos quién presidirá el país. La incertidumbre se repite y la tensión crece. Es la tercera elección presidencial consecutiva con resultados ajustados», se quejó Fernando Soldevilla, columnista de Perú 21.
El aumento del precio del dólar es el primer síntoma de esa intranquilidad. Soldevilla señaló que si gana Sánchez, «será el éxito de una estrategia personal y de un pragmatismo sin límite». En caso de que suceda lo contrario «será producto de la perseverancia», y gracias a la creación de un partido que no tuvo el autócrata Alberto Fujimori. «Su llegada al Gobierno completaría el poder que el fujimorismo ha construido desde el Congreso».
Las especulaciones sobre el futuro inmediato se conectan con el presente nebuloso. El hecho de que una segunda vuelta obliga a los ciudadanos elegir o desertar de las urnas, no hace olvidar que Keiko Fujimori pasó a esa instancia con apenas el 17% de los votos, cuatro más que su rival. Los peruanos optaron, una vez más por el «mal menor». Esa encrucijada de hierro tuvo una imagen brutal en 2011, cuando compitieron por la presidencia el exmilitar Ollanta Humala y Fujimori, por primera vez. Se dijo entonces con extremo cinismo que la sociedad debía optar «entre el cáncer y el sida». Nada ha cambiado en 15 años y es una de las razones por la que los ascensos y caídas de los presidentes, hayan sido elegidos por el sufragio o el dedo furtivo de los congresistas, provocan siempre tanta indiferencia popular. La lección de este balotaje está a la vista: el que gane finalmente exhibe como blasón una falta de legitimidad de origen que tendrá su impacto concreto en el Congreso, especialmente si Fujimori es derrotada.
El candidato de Juntos por Perú pudo reunir, al menos el domingo, a todos los que no quieren que vuelva el apellido Fujimori al Palacio Pizarro. Como Pedro Castillo, pasó a la segunda vuelta cuando no estaba en las previsiones de muchos analistas. A diferencia del maestro rural, tomó nota de lo sucedido con su Gobierno. Si bien Sánchez usa el sombrero de Castillo y promete poner fin a la condena que ha recibido por intentar disolver la legislatura, ha moderado su discurso de campaña, se abstuvo de prometer una refundación radical del país y, sobre todo, intentó no presentarse como un antagonista total en algunos asuntos económicos. Sánchez no quiso ser visto como una suerte de Castillo 2.0, lo que no quiere decir que la derecha, en sus variopintas expresiones, aceptara su moderación. La sigue considerando el juego táctico de un comunista a secas.
Como ocurrió en 2021, estas elecciones han mostrado que el desapego emocional con los candidatos no oculta que millones de hombres y mujeres anhelan un Perú que otros millones de hombres y mujeres rechazan. La segunda vuelta iluminó hasta qué punto esas voluntades se encuentran enemistadas. El diario limeño El Comercio tomó nota de esta recurrencia. «El país ha demostrado, una vez más, estar dividido por la mitad de una manera sorprendentemente precisa. En ese sentido, ningún lado debería sentirse suficientemente empoderado para pasar por encima del resto». El editorial recomienda a Fujimori y Sánchez «acercarse a quienes en algún momento fueron rivales para volver a construir confianza en un sistema político carcomido por los intereses, los egos y la miopía». Y advirtió, en el caso de que la victoria sea del abanderado de la centroizquierda: «No se puede soportar otros cinco años de volatilidad política extrema«. Esa idea básica «debería dar pausa a quienes piensan desde el primer momento en la mejor manera de sacar al nuevo presidente electo». Los desafíos de verdad, los de la ciudadanía del día a día, «son comunes a todos los colores políticos: inseguridad, informalidad, pobreza, salud, educación».
El recuento completo de los votos tiene lugar en un momento en que la ofensiva de la Administración de Donald Trump se siente con fuerza en América Latina, especialmente en los países que comparten la costa del Pacífico. Washington no ha intervenido por el momento, como sí ocurrió con distinta vehemencia en Chile, Ecuador y recientemente Colombia, así como en Honduras y Argentina. La pregunta sobre un posible comentario del presidente de Estados Unidos en medio de la revisión detallista de las actas electorales ya conoce de antemano su respuesta: esas palabras pueden tener su efecto político. En caso de que no alcanzaran para reforzar las posibilidades de Fujimori, Sánchez gobernará en medio de dos frentes de tormenta convergentes: la resistencia de Trump y un Congreso educado en el deporte de la destitución de los presidentes desde 2018. El peligro de reincidencia está latente y es a la vez extorsivo porque solo se disiparía si finalmente gana los comicios la Fuerza Popular de Keiko Fujimori.
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En la sección: El Periódico – internacional
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