Huaqiangbei, el mayor supermercado de la electrónica de China (y probablemente del mundo) | elperiodico.com

En el cartel publicitario es dirigido por un militar hacia lo que parece otro dron o una avioneta. “Lo compran todos los gobiernos. Son imprescindibles para la seguridad a baja altura”, zanja cuando le pregunto si tiene clientes rusos o ucranianos. “Una ganga”, me anima. Son 15.000 yuanes, algo menos de 2.000 euros, pero ya ha notado que solo miro a ese dron gigante con las alas desplegadas que preside el local. Son alrededor de 50.000 euros. “El mejor que tenemos. Y fuera de China te costará más del doble”, añade. Es de la marca Autel, incluida en la lista negra de Estados Unidos durante la guerra en Ucrania.
Todo se encuentra en Huaqiangbei, ya desde 2008 con la etiqueta oficial de “la mayor calle de la electrónica en China” y probablemente también del mundo. En su kilómetro y medio por Futian, el distrito céntrico de Shenzhen, junta 35 centros comerciales y más de 110.000 negocios. Se vende al por menor o para llenar barcos, siempre tras el preceptivo regateo. No es sólo un bazar inabarcable, también es una maquinaria engrasada para satisfacer cualquier demanda. Cuenta con miles de compañías de investigación y desarrollo, de testeo y de logística: pide lo que quieras y en una semana te lo entregan con un lazo.
De pequeña fábrica al gigantismo chino
Huaqiangbei nació en una fábrica reconvertida en centro comercial que tras décadas de éxito derivó en el tradicional gigantismo chino. Sirve de termómetro de la tecnología china. Décadas atrás nació aquí el oprobioso término Shanzhai, por su proximidad fonética a Shenzhen, para referirse a las falsificaciones hilarantes. En aquellos tiempos selváticos no era raro encontrar tiendas con el logo de Nokia o Apple que con desparpajo vendían cualquier cacharro prometiendo que eran verdaderos. Las noticias más recientes que llegan de Huaqiangbei tienen que ver con los MLCC o condensadores cerámicos multicapa. Con el tamaño de una uña, son los componentes del chip más usados e imprescindibles para regular las corrientes eléctricas. El auge de la IA en China ha multiplicado la demanda, provocado escasez y cuadriplicado los precios.
Gigantes nacionales como DJI o Tencent abrieron en Huaqiangbei sus primeras tiendas. Ahí siguen, junto con otras rutilantes tecnológicas, pero lo que le ha dado fama global a la calle son los abigarrados centros comerciales. En la entrada de uno, Huaqiang Electronic World, se ha habilitado un espacio para que retransmitan los influencers de todo el mundo. Se vende todo lo que incluya un interruptor, necesite un cable o una batería. Desde ventiladores de mano y secadores de pelo a traductores y gafas con IA.
Calle electrónica de Huaqianbei (China). / ADRIÁN FONCILLAS / EPC
Las primeras plantas suelen dedicarse a los productos ya terminados; las siguientes, a los componentes; y las últimas, a las reparaciones, ensamblajes y soldaduras. Un paseo por sus pasillos angostos descubre su maestría para colocar el material desafiando las leyes del espacio. Muchos tenderetes conservan el estándar de los orígenes del mercado, apenas un metro cuadrado, suficiente para ganarse la vida gracias al caudal incesante de clientes. Más de una cincuentena de aquellos pioneros se convirtieron en milmillonarios, según fuentes del mercado.
La atomización del sector tecnológico y la feroz competencia aconseja una tozuda reducción de costes. Y Huaqiangbei, en ese contexto, es imprescindible. Yang, veinteañero de la provincia de Fujian, acude cada mes para abastecer la compañía de videojuegos que fundó dos años atrás con ratones, sillones, teclados y pantallas. “Aquí encuentro una variedad increíble. Hay tanta oferta que puedes apretar con el precio. Es enorme, pero ya sé dónde buscar. En dos horas veo todo lo que me interesa”, apunta.
Centros comerciales paquidérmicos
Huaqiangbei es a la electrónica lo que Yiwu, en la vecina provincia de Zhejiang, es a las manufacturas. Sus lugareños malvivían vendiendo azúcar cuando las autoridades pensaron que un mercado al aire libre animaría el comercio local. Hoy es el escaparate de la fábrica global, con centros comerciales paquidérmicos que alojan miles de diminutos puestos especializados. Hasta Yiwu peregrinan los dueños de los bazares de todo el mundo, atraídos no sólo por los precios imbatibles sino por la logística. Los centros buscan otros compradores para completar el contenedor y resuelven cualquier contingencia. No es China solo la mayor maquinaria productiva de la historia, también la más ágil y afinada.
Huaqiangbei recibe unos 7.000 compradores extranjeros diarios. George Ghana, keniata de 32 años, asegura que la mercancía llega a su país en una semana por avión y 45 días por barco. “Siempre a tiempo. Y si hay algo roto o averiado, te lo cambian en dos días”, añade. Ha vivido nueve años en Shenzhen y con su empresa de comercio exporta todo lo que puede a África: teléfonos y baterías, ventiladores, auriculares… “Antes mi gente sólo quería productos tecnológicos europeos o estadounidenses, ahora saben que los chinos son tan buenos o mejores”, termina.
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En la sección: El Periódico – internacional
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