Quién es el nuevo presidente en Colombia: claves de los resultados de las elecciones | elperiodico.com

«Colombia, aquí está tu tigre. Colombia, acá está tu presidente«. Abelardo de la Espriella le habló al país como si su estrechísimo triunfo ante Iván Cepeda en el conteo rápido no tuviera que pasar todavía por una verificación formal de la justicia electoral. El ultraderechista logró el 49,9 de las adhesiones. Su rival, 48,7%. El candidato de izquierda prometió aceptar el veredicto de las urnas una vez que se resuelvan las impugnaciones presentadas por el Pacto Histórico. Después del reconocimiento de la victoria por parte de Estados Unidos, la mayoría de los países sudamericanos, las cámaras empresariales, los militares retirados y el espectro conservador colombianos, la posibilidad de una revisión del resultado parece remota.
El polémico millonario obtuvo 12.959.542 votos. Cepeda, 12.708.712. Se trató del segundo turno más reñido de la historia electoral del país sudamericano. Para remontarse a una situación cercana hay que revisar lo sucedido en 1994, cuando el liberal Ernesto Samper venció por 2,2 puntos al derechista Andrés Pastrana. Lo ocurrido el domingo obedece a razones acumuladas en los últimos diez años de polarizaciones. «Muchos de los electores votarán por miedo o por rabia», había augurado el analista Gabriel Cifuentes, y es lo que terminó sucediendo. Gustavo Petro concluye su mandato con una mejor imagen de la esperada, pero el «antipetrismo» es de una intensidad que De la Espriella supo canalizar.
El miedo a un candidato que prometía «destripar» a sus adversarios hizo que Cepeda mejorara en más de dos millones de sufragios su resultado en relación al primer turno. No le alcanzó, al menos según el pre conteo. Lo que por estas horas salta a la vista es cuánto han calado las divisiones en la sociedad. «Estamos viendo relaciones terminadas a nivel de pareja, familias, amigos y compañeros de trabajo por el solo hecho de expresar una opinión acerca de determinado candidato«, dijo Diego Vargas, presidente de la Asociación Colombiana de Psiquiatría. El abismo que separa a los colombianos no es nuevo.
De hecho, los resultados del domingo son muy parecidos a los de octubre de 2016, cuando el NO al acuerdo de paz entre el Estado y las FARC para poner fin a un conflicto armado de medio siglo, alcanzó el 50,2% de los votos en la consulta popular, frente al 49,7% de los que respaldaron la iniciativa llevada entonces adelantes por el presidente Juan Manuel Santos. «Es el momento de unir al país», le pidió Santos a De la Espriella. Él no pudo. Nadie se atreve por ahora a apostar a que el ganador de la contienda se proponga hacerlo.
Cepeda estuvo a las puertas del milagro. En el Pacto Histórico aseguraban en la noche del domingo que, si la campaña electoral hubiera durado una semana más, habría sido la izquierda la beneficiada en las urnas. La participación electoral fue inédita para un país con altos niveles de desapego a los rituales institucionales: 63% del padrón nacional. Los 250.830 votos de ventaja de De la Espriella provinieron de una parte de los que el 31 de mayo se habían quedado en sus casas y, en particular, de la migración colombiana, sobre todo la que vive en el estado de la Florida y otras ciudades Estados Unidos y tiene una especial inclinación hacia el Partido Republicano.
Ni siquiera la irrupción del ICE y el peligro latente de una deportación alteró las tendencias. «La diferencia de votos en el exterior es de 177.000 votos a favor de Abelardo. Ahora entendemos porque nos tumbaban a todos los cónsules que nombraba. Nos acercamos a la situación peruana, en dónde es la votación del exterior, especialmente en EEUU, la que pone presidente», reconoció con pesar, el presidente Gustavo Petro.
Donald Trump había sido prescindente durante el primer turno. Su intervención durante la campaña que desembocó en la instancia electoral definitiva fue recurrente e inédita. Calificó a de la Espriella de «líder inteligente, fuerte y duro». Lo llamó «Tigre». Anticipó una era de colaboración y amistad siempre y cuando ganara la ultraderecha. Un modo de lanzar una amenaza velada que tuvo su efecto en las urnas. Trump había hecho lo mismo en los comicios de Argentina y Honduras. El candidato de Defensores de la Patria tuvo además el acompañamiento en territorio colombiano de dos senadores republicanos, Bernie Moreno, de origen colombiano, y María Elvira Salazar.
Ahora, De la Espriella sumará a Colombia al «Escudo de las Américas», la iniciativa del presidente de Estados Unidos con la cual busca reforzar su hegemonía al sur del Río Bravo. La llamada «Doctrina DonRoe», una actualización en clave trumpista de la decimonónica estrategia de predominio de Washington en la región esgrimida por un lejano antecesor, James Monroe, ha mostrado sus frutos este año en las elecciones de Chile, que tuvieron como vencedor al ultra José Antonio Kast, y en Perú, donde falta formalmente que sea proclamada presidenta Keiko Fuimori.
El Brasil de Luiz Inacio Lula da Silva se queda solo en Sudamérica. El líder del Partido de los Trabajadores va por su reelección en octubre y ya le avisó a Trump que no aceptará que se inmiscuya en los asuntos internos de ese país. La preferencia por Flávio Bolsonaro es inocultable y Washington no dudará en ayudarlo a que revierta las encuestas que últimamente no le son favorables.
Javier Milei fue uno de los primeros en felicitar al ganador. El argentino se llamó a sí mismo el «león» para conquistar la presidencia. De la Espriella quiso tener también un apodo felino: «trigre». La ultraderecha utilizó a su vez cánticos que sonaron en Buenos Aires. Milei era un estridente tertuliano de la televisión, antes de iniciar su ascenso político. De la Espriella, en cambio un abogado con muchos dólares en sus cuentas, un jet privado y relaciones con la farándula e incluso, según sus contendientes, grupos paramilitares. Ambos se presentaron ante la sociedad como outsiders con un discurso de rechazo a la política tradicional. Comparten un rechazo al papel regulador de la economía por parte del Estado y la creencia en que cuanto más ganan los que más tienen los beneficios se derramarán hacia las costas de los menos favorecidos. Por eso, hay que quitarles impuestos y condicionamientos.
Al igual que el anarco capitalista, De la Espriella nunca ha ejercido cargos en el Estado. Desconoce cómo funciona un Gobierno. «Sus escasas horas de vuelo en gestión pública contrasta con sus ambiciosas metas, que incluyen un arranque concentrado en sus primeros 100 días en la Casa de Nariño», dijo la revista Cambio. Otra de las posibles semejanzas se podrá verificar a partir del 7 de agosto, cuando iniciará su período de Gobierno. De la Espriella ha planteado que los primeros tres meses serán decisivos y por eso se propone firmar 90 decretos el día de su posesión en la Casa de Nariño. Milei quiso hacer lo mismo Encontró ciertas dificultades en el Congreso.
El primer bloque de oposición estará conformado por el Pacto Histórico de Petro y Cepeda, que suma cerca de 60 curules entre Senado y Cámara, al que podrían agregarse sectores de la Alianza Verde, algunos representantes de las circunscripciones de paz y congresistas de partidos tradicionales que han manifestado reservas frente a varias de sus propuestas. «De la Espriella representa un riesgo más frontal para las libertades civiles, la prensa crítica y los derechos de las minorías», avisó el portal La Silla. Cualquier semejanza con Argentina no es pura coincidencia.
«Mi propósito será ganarme su confianza con resultados, no con discursos. Con hechos y obras, no con promesas. Con coherencia y sin excusas», dijo De la Espriella en su noche triunfal. También se propuso «gobernar para todos». Los que «piensan distinto» no deberían tener temores. Sus instantes de tolerancia pueden ser efímeros. Casi media Colombia no parece dispuesta a olvidarse de sus ganas azotar «zurdos» y «comunistas». Los temas de seguridad y el prometido ajuste pueden ser fuente de inmediatos conflictos. Los analistas recuerdan que la calle fue un contrapeso para el derechista Iván Duque que lo puso muchas veces en aprietos y un mecanismo de presión en el caso de Petro.
La dinámica promete regresar a 2018. Eso es lo que creen los sindicatos, las organizaciones indígenas, afros y campesinas, las juntas de acción comunal, las comunidades que rechazan el extractivismo minero y energético y el movimiento estudiantil. De la Espriella, además, quiere pasar rápidamente de página del fallido intento de «paz total» de Petro. Eso fue uno de los atractivos que encontraron quienes lo votaron. En Colombia se calcula que existen 27.000 integrantes de grupos armados y 14 zonas de disputa.
Nadie espera de que el ganador de los comicios aspire a continuar la política de negociaciones con las remanencias de las FARC que no se sumaron al acuerdo de paz y la guerrilla del ELN, de cuyo guevarismo queda apenas una mueca que disfraza las relaciones con la otra poderosa facción delincuencial, el narcotráfico. A diferencia de lo que ha ocurrido con Petro, el futuro Gobierno buscará alinearse por completo con la política antinarcóticos de EEUU. Y eso presagia nuevas vías de cooperación militar.
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